La reciente clausura de más de 200 jugueterías en todo el país encendió las alarmas en la cadena productiva nacional y reabrió una agria controversia sobre las causas del deterioro pyme. Frente a discursos del oficialismo porteño que intentaron atribuir el fenómeno a dinámicas demográficas, la industria contrapone una lectura basada en variables macroeconómicas directas. Durante una entrevista brindada al programa conducido por Roberto Caballero y Gustavo Cireli en Somos Radio AM 530, Daniel Dimare, director de marketing y comunicación de la histórica firma Rasti, rechazó las simplificaciones al remarcar que «no podemos decir que solo por la tasa de natalidad o solo por la tasa de fecundidad que viene cayendo desde el 2015 se cierran las jugueterías», señalando la necesidad de examinar la crisis desde una perspectiva multicausal.
Apertura comercial, competencia desleal y desregulación
La política de apertura del comercio exterior impulsada por el Gobierno nacional alteró profundamente la estructura de la oferta, multiplicando los canales de ingreso de productos terminados. La flexibilización arancelaria y la facilitación del esquema puerta a puerta permitieron el ingreso de importadores informales que eluden los requisitos exigidos a la producción local. Al describir esta transformación del mercado, Dimare advirtió que «si en el 2024 había determinada cantidad de importadores, al año siguiente ya hubo tres veces más», evidenciando cómo la falta de controles estatales vulnera a las pymes que fabrican e importan bajo normas legales.
El deterioro del presupuesto familiar y las tarifas
A la inundación de mercadería importada se suma una drástica contracción del mercado interno, provocada por la pérdida de poder adquisitivo y el encarecimiento de los servicios básicos. Esta retracción derivó en una caída interanual de ventas del 15% durante el último Día del Niño, fecha clave para la sustentabilidad del sector. Al evaluar la reconfiguración del gasto en los hogares golpeados por la recesión, el vocero de Rasti explicó que «con los aumentos de los servicios, las tarifas de los servicios te van sacando parte de tu presupuesto para otras cosas», desplazando los consumos no esenciales en los sectores medios y populares.
El repliegue del Estado en el control de calidad infantil
Las implicancias de la desregulación desbordan el plano económico y alcanzan la protección de la salud pública. La expansión de bazares multirrubro que comercializan artículos sin trazabilidad ni certificaciones sanitarias pone en riesgo a los consumidores más vulnerables. Al cuestionar la inacción oficial frente a la entrada de mercadería con posibles componentes nocivos, el directivo fabril enfatizó que «si vas a flexibilizar todo y te lavás las manos y que después los adultos compren cualquier cosa porque es barato, eso no sé hasta dónde está bien», subrayando la responsabilidad indelegable del Estado en la fiscalización de productos infantiles.
Transformaciones culturales y la irrupción de las pantallas
A la presión económica se añaden cambios profundos en los hábitos de entretenimiento, donde la digitalización temprana achicó la franja de edad dedicada al juego tradicional. El acceso intensivo a dispositivos móviles desde los dos años aceleró la migración del interés infantil hacia el entorno digital, concentrando la demanda de juguetes físicos principalmente entre los cero y cinco años. Al analizar el impacto sociocultural de esta adicción tecnológica, el especialista observó que «esto de la pantalla ha hecho que el chico se vea atraído casi adictivamente a las pantallas», lo que obliga a la industria nacional a replantear sus líneas de producción.
Nuevos nichos de mercado: la emergencia del segmento ‘Kidult’
Frente a la pérdida de espacio de la juguetería de barrio por el auge del e-commerce y las tiendas multirrubro, las marcas locales buscan alternativas de supervivencia en segmentos no tradicionales. La demanda de productos de ensamblado y construcción por parte de adultos y jóvenes —denominados Kidults— surge como una vía de escape al estrés y la hiperconectividad. Al referirse al potencial de esta reconversión comercial, Dimare destacó que «está creciendo una contratendencia de estos jóvenes y adultos que vuelven al juguete tradicional de marca para distraerse y desenchufarse de las pantallas», abriendo un nicho estratégico para sostener la actividad industrial en un contexto adverso.

