Cristina Fernández de Kirchner volvió a sentarse frente a un tribunal en el marco de la denominada Causa Cuadernos. Lo que en procesos anteriores (como la causa Vialidad) la ex vicepresidenta definía como «persecución política» o lawfare, en esta oportunidad fue categorizado bajo un concepto más severo: prácticas mafiosas.
Durante su exposición, la defensa de la exmandataria se centró en deslegitimar la instrucción realizada por el fallecido juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli.
El eje en la «Asociación Ilícita» de D’Alessio
Uno de los puntos centrales del descargo fue la vinculación de la Causa Cuadernos con la sentencia del «Caso D’Alessio» de septiembre de 2025.
Kirchner sostuvo que el tribunal de aquel caso probó la existencia de una asociación ilícita —integrada por espías, periodistas y abogados— que utilizaba la cercanía con el fiscal Stornelli para extorsionar a empresarios.
Según la exmandataria, en el expediente de Cuadernos se habrían replicado estas maniobras: detenciones masivas para «chantajear» a empresarios y obligarlos a declarar en su contra bajo la figura del arrepentido.
Mencionó específicamente los casos de Pablo Barreiro y el empresario Pedro Etchebest, señalando que se les exigieron sumas de dinero para evitar su detención o para «arreglar» su situación procesal dentro de la causa que hoy se juzga.
Contexto político e implicancias institucionales
Con una mirada crítica sobre el funcionamiento del Poder Judicial, Kirchner trazó un paralelismo histórico entre los golpes militares del siglo XX y lo que denomina la «intervención judicial» del siglo XXI.
Atribuyó la degradación del sistema a la reforma constitucional de 1994, específicamente por la creación del Consejo de la Magistratura, argumentando que esto «politizó la justicia» y permitió que los jueces se juzguen a sí mismos, perdiendo el prestigio de épocas anteriores.
En términos territoriales y económicos, la exmandataria defendió la inversión en obra pública como un motor de desarrollo nacional que no afecta la balanza comercial, contrastándolo con lo que llamó las «cifras brutales» de la deuda financiera y el préstamo del FMI, por los cuales —denunció— no existen causas judiciales activas contra exfuncionarios como Mauricio Macri o Luis Caputo.
La negativa a las preguntas del Tribunal
Hacia el final de su intervención, Kirchner mantuvo su postura de confrontación directa con el tribunal.
Ante la consulta del presidente del cuerpo sobre si aceptaría preguntas, la imputada fue tajante: solo responderá cuando la justicia cite a declarar al fiscal Stornelli por las denuncias en su contra, o a exfuncionarios del gobierno de Cambiemos por causas como los parques eólicos o la deuda externa.
«No voy a formar parte de este circo«, concluyó, antes de retirarse de la sala, dejando en claro que su estrategia de defensa seguirá centrada en la denuncia de una matriz judicial que, según su visión, excede lo jurídico para convertirse en una herramienta de disciplinamiento social y político.

