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José Ubeira: «Hemos alumbrado una generación sobre la construcción de un discurso de odio»

El abogado José Ubeira analiza el impacto del odio en la juventud y propone una reforma estructural del sistema judicial.

El escenario político y social de Argentina atraviesa una transformación donde la violencia verbal ha dejado de ser un fenómeno marginal para convertirse en un articulador de identidades políticas. En una reciente entrevista en el canal de YouTube de Radio 10, el abogado penalista José Ubeira reflexionó sobre las implicancias del atentado contra la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, advirtiendo que «el intento de homicidio de Cristina Fernández» reveló una trama mucho más profunda que la acción de individuos aislados. Según el letrado, el proceso judicial expuso la existencia de un colectivo de jóvenes desplazados, a quienes define como «pibes rotos», cuya visión de mundo ha sido moldeada por una hostilidad sistemática.

La construcción semántica de la violencia

Ubeira sostiene que el fenómeno actual no responde a casos aislados de desequilibrio, sino a una estrategia deliberada de comunicación y política. El abogado vincula este presente con periodos históricos oscuros, sugiriendo que «estos discursos están aprendidos del manual de propaganda y de ejercicio de la política de Goebbels», lo cual permite naturalizar la degradación del adversario. Bajo esta perspectiva, el lenguaje funciona como un «conductor de ideas» capaz de destruir la convivencia democrática al instalar la premisa de que para prevalecer es necesario «suprimir al otro», entendiendo por esto incluso la «supresión física» o la eliminación del diferente.

Esta degradación del discurso tiene consecuencias territoriales y sociales directas, manifestándose en la creciente indiferencia hacia sectores vulnerables como los jubilados o las personas con discapacidad. Ubeira advierte que se ha preparado un «plexo semántico» diseñado para la dominación, donde se acepta con naturalidad que el más débil pierda sus derechos. El entrevistado señala que el éxito de estas narrativas se evidencia en que «hoy el que nos gobierna es un marginal», lo que valida y representa a aquellos sectores que antes se sentían fuera del sistema.

El «Frankenstein» del sistema judicial

El análisis del abogado no se limita a la esfera social, sino que apunta directamente al corazón del Poder Judicial, al que describe como una estructura disfuncional alejada de los valores éticos de la justicia. Para Ubeira, el sistema actual es «una construcción de un Frankenstein que ahora ha empezado a caminar», operando bajo intereses que no son transparentes ni están sujetos a la renovación democrática. Critica duramente el papel de ciertos magistrados y fiscales, señalando que en el juicio por el atentado a Kirchner se observó un «permiso dado por parte del discurso» que facilitó la violencia, cuestionando incluso la actuación de la jueza Capuchetti en la instrucción de la causa,.

Ante el descreimiento ciudadano en las instituciones, el letrado advierte sobre el riesgo de que la sociedad busque «opciones nutridas de venganza» o formas de «justicia privada», lo que derivaría en una estructura de anarquía. En este contexto, la defensa del garantismo se vuelve central. Ubeira sostiene que este concepto ha sido denostado por sectores conservadores, cuando en realidad «el garantismo es la esencia fundamental del derecho» y representa las garantías mínimas de convivencia que han costado siglos de luchas sociales.

Propuestas para una reforma democrática

Como salida a la crisis de legitimidad del sistema judicial, Ubeira propone dos pilares fundamentales que buscan devolver el poder al soberano. En primer lugar, la implementación definitiva del juicio por jurados, una deuda pendiente de la Constitución Nacional de 1853. En segundo lugar, y como medida más disruptiva, plantea que «los magistrados deberán ser elegidos por el voto popular», tomando como referencia la reciente reforma judicial en México. Para el penalista, sin una decisión política de fondo que altere estas estructuras, la justicia seguirá siendo un coto cerrado de «un grupo selecto de jueces» que deciden el rumbo del país.

Finalmente, el análisis se expande al plano global, donde Ubeira observa un desmoronamiento del mundo unipolar y la aparición de liderazgos que califica como «monstruos», citando a Gramsci para describir este interludio entre lo que muere y lo que nace. Frente a este panorama de incertidumbre, concluye que la única salida viable es el fortalecimiento de lo colectivo, puesto que «el futuro es naturalmente cooperación y solidaridad», advirtiendo que sin una construcción común, la sociedad se encamina hacia su propia destrucción.

 

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