La capital de ese país no había sido tan golpeada por la violencia de la guerra, especialmente desde que militares y milicias aliadas tomaran en 2018 el último bastión rebelde cerca de la capital.
El autoproclamado califato del Estado Islámico, que impuso su brutal ley en amplias partes de Siria e Irak, perdió terreno hasta desaparecer a principios de 2019
El Gobierno del presidente Bashar al Assad se esfuerza en salir del aislamiento internacional y había logrado algunos progresos recientemente.
Hasta ahora, medio millón de personas han fallecido por este conflicto, estallado con la brutal represión de las protestas surgidas en 2011 en el marco de la Primavera Árabe, según datos el OSDH.
La guerra también provocó el mayor desplazamiento forzado por la violencia desde la Segunda Guerra Mundial. La mitad de los 22 millones de habitantes sirios de antes del conflicto se vieron forzados a dejar sus casas en algún momento.
La posición de Al Assad llegó a pender de un hilo cuando sus fuerzas apenas controlaban un quinto del territorio sirio, pero la intervención militar de Rusia en 2015 le permitió iniciar una larga y sangrienta reconquista.
Apoyado también por Irán y milicias aliadas, el Ejército ha recuperado casi todas las ciudades principales de Siria, aunque las fuerzas kurdas apoyadas por Estados Unidas todavía controlan el noreste.
El autoproclamado califato del Estado Islámico, que impuso su brutal ley en amplias partes de Siria e Irak, perdió terreno hasta desaparecer a principios de 2019.
Los restos del EI en el este de Siria han pasado a la clandestinidad pero continúan acosando al Gobierno y sus fuerzas aliadas, especialmente en zonas desérticas.

