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Estiman que un millón de personas participaron del último adiós al Indio Solari

Cerca de un millón de seguidores despiden al Indio Solari en una jornada de identidad popular y emoción colectiva en Avellaneda.

La localidad de Villa Domínico fue escenario de una movilización que trascendió el ámbito artístico para convertirse en un fenómeno de alcance popular. Tras la muerte de Carlos Alberto «Indio» Solari a los 77 años, una multitud se congregó en el Polideportivo Municipal José María Gatica para participar de la despedida del músico, un evento que sus seguidores definieron como «la última misa».

Según estimaciones difundidas por la organización, cerca de un millón de personas asistieron al velatorio. El ingreso sostenido de asistentes durante toda la jornada obligó a extender el operativo previsto inicialmente, con un flujo estimado de hasta 15.000 personas por hora en los momentos de mayor concurrencia.

El velatorio finalizó a las 4 de la madrugada, luego de más de un día de actividades y homenajes. La familia del artista había anticipado que la despedida se mantendría abierta hasta permitir el ingreso de todas las personas que aguardaban para rendirle homenaje.

El peregrinaje de los «rotos»

Para la multitud que colma más de 50 cuadras de fila, la figura de Solari representa un refugio emocional y social. Según testimonios recogidos por teleSUR, los asistentes describen una conexión personal profunda con sus letras. «Es el Dios de los rotos… sentimos que el Indio nos escribió y nos habló a cada uno de nosotros», expresó Agustina, una joven presente en la vigilia. Esta sensación de pertenencia se manifiesta en una fila de siete kilómetros donde conviven el llanto, los cánticos y el agradecimiento.

La procedencia de los seguidores evidencia la magnitud nacional del fenómeno. Karil Alarcón, quien viajó 1.500 kilómetros desde Salta, describió el sentimiento como un dolor «inexplicable» ante la partida de alguien que considera «infinito». Por su parte, Martín Faguaga, llegado desde Mar del Plata, destacó el rol pedagógico del músico: «A los que venimos más de abajo nos enseñó muchas cosas». En el lugar, la atmósfera se completa con banderas, flores y remeras que los fanáticos arrojan al féretro, al punto que la seguridad debió pedir que cesen las ofrendas por falta de espacio físico.

Gestión política ante el desaire nacional

La organización del velatorio en Avellaneda fue el resultado de una coordinación de urgencia. Según reveló Marcelo Figueras en El Cohete a la Luna, ante la negativa del Gobierno nacional de ceder el Congreso, Máximo Kirchner gestionó junto al gobernador Axel Kicillof y el intendente Jorge Ferraresi la apertura del polideportivo municipal. Este acercamiento administrativo permitió canalizar la seguridad a través de 1.500 efectivos bonaerenses y facilitar el arribo de caravanas mediante la liberación de peajes, mientras que Kicillof se presentó en el lugar definiéndose como «un ricotero más» para supervisar que la jornada transcurriera en calma.

Símbolos de memoria y despedida

El carácter social del evento se profundizó con la presencia de organismos de derechos humanos. Integrantes de H.I.J.O.S., Madres y Abuelas de Plaza de Mayo ingresaron a la capilla ardiente para colocar tres pañuelos blancos sobre el féretro, uniendo el legado del músico con las luchas históricas por la memoria en Argentina.

Mientras la multitud continúa su paso frente al cuerpo del artista, el entorno íntimo de Solari, incluyendo a su histórico compañero Skay Beilinson, ha optado por mensajes breves de hermandad. La despedida, marcada por una «rara mezcla de desgarro y agradecimiento eterno», se perfila para continuar hasta el martes, consolidando a Solari como un símbolo que, en palabras de sus seguidores, «nunca va a morir».

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