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“Los partidos de derecha radicales son muy inteligentes para capitalizar el descontento de un sector de la sociedad”

Franco Delle Donne, doctor en Comunicación argentino radicado en Alemania, analiza los movimientos políticos de extrema derecha surgidos en Europa, con réplicas en Estados Unidos y en Latinoamérica. En esta entrevista analiza las causas del fenómeno, las estrategias para convencer a sus votantes y el impacto de la pandemia.

Nicolás Camargo Lescano (Agencia CTyS-UNLaM)– La agenda mediática, política y social de los últimos años dio cuenta de cómo, en regiones tan disímiles –Europa, Estados Unidos, Latinoamérica- empezaron a surgir y a consolidarse distintos discursos y corrientes de pensamiento de la derecha radical. Ya sea a través de partidos o de figuras con alto nivel mediático, sus mensajes y enfoques generaron un fuerte cimbronazo y se convirtieron en tema de estudio para las ciencias políticas.

“Como todo fenómeno político, es multicausal, con diferentes momentos o situaciones que generan su aceleramiento. Estos partidos son inteligentes para capitalizar el descontento de una parte de la sociedad. La pregunta que ocupa a los científicos sociales y de la Ciencia Política es de dónde viene ese descontento”, asegura, en diálogo con la Agencia CTyS-UNLaM, Franco Delle Donne, doctor en Comunicación.

Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Matanza y Master en Democracia y Gobierno por la Universidad Autónoma de Madrid, Delle Donne estudia en particular los discursos y estrategias de los partidos de derecha radical en Alemania, país donde está radicado desde hace más de diez años.

“Si bien yo ya estaba interesado en la comunicación en el ámbito político desde muchos años antes, el devenir para especializarme en este tema fue un poco de casualidad. En 2013 surgió el partido AfD (Alternativa para Alemania) y empecé a ver ciertos denominadores comunes entre este partido y otros de similares características, que aparecieron en lugares donde no se creían que iban a aparecer”, detalla Delle Donne.

¿Se puede hablar de algún denominador común en este tipo de partidos?

Sí, con los partidos de derecha radical suele pasar que se cree que están tan fuera de lugar o de lo políticamente correcto, que no va a tener ningún tipo de apoyo. Que no los iba a votar nadie, que pronto se terminaría su “momento de fama” o que era solo una moda pasajera. Pero si miramos partidos como la AfD, nos encontramos con organizaciones que fueron corriendo el límite de lo políticamente correcto y, aun así, terminaron consolidándose con un 8 o 10 por cientos de los votos. Es una gran cantidad de gente la que los apoya.

¿Y se pueden pensar en escenarios donde consigan aun más votos?

El problema no es tanto que saquen un buen resultado. El problema con estos partidos es que la agenda de temas y el discurso que plantean se convierta en algo natural. Es decir, que en nuestra sociedad se discutan esas propuestas como si fueran una opción real, aunque esas posturas estén rompiendo los límites de lo políticamente correcto, lo que está dentro del Estado de Derecho y de los consensos que tenemos para vivir de manera pacífica. Su discurso nace como normalizado, como si fuera una opción común hablar de forma tan intolerante de ciertas minorías.

¿Qué tipo de instrumentos tienen a la hora de convencer a sus votantes?

Uno de los principales instrumentos que tienen es la provocación estratégica. Estos partidos abordaron los debates políticos no desde la discusión política racional, con limites democráticos, sino planteando toda una serie de cuestiones sin responsabilidad alguna: pena muerte, mano dura, discursos biologicistas y racismo cultural. En este último punto, por ejemplo, sostienen que las culturas son distintas y que ninguna es mejor que otra, pero que cada una debe permanecer en su lugar de origen, condenando, así, la migración. Por supuesto, esta visión no tiene en cuenta ninguna lógica de la historia de la humanidad. Es un discurso disfrazado de filosofía, pero anclado en un pensamiento sumamente conservador. Que no se trata, únicamente, de ser tradicional.

¿En qué sentido?

Ser ultraconservador implica una forma de pensar donde resolver los problemas de inequidad no es relevante. De hecho, para estas visiones, no hay que resolver las desigualdades porque así se rompería el esquema jerárquico y de poder que tiene que tener, para ellos, una sociedad. Piensan que, en una sociedad, cada ciudadano tiene su lugar y debe mantener ese lugar. Cualquier movimiento es negativo y disfuncional. Cada lugar está determinado por tu color de piel, tu lugar de origen, tu clase económica, etc. Ahora bien, en ese universo de expresiones, aparecen algunas contradicciones, como destacar las libertades individuales, pero, al mismo tiempo, pedir un Estado fuerte que prohíba a los inmigrantes entrar al país.

¿Cuál fue el impacto de la pandemia, en relación a estos partidos y estas dinámicas?

Con un análisis retrospectivo, le sacaron mucho menos provecho del que podrían haberle sacado. Entre las razones se pueden nombrar líderes mal preparados o con menos carisma mediático que sus antecesores, muchos problemas internos y falta de homogeneidad ante algunas cuestiones. También hay que tener en cuenta los contextos históricos. En Alemania, por ejemplo, si bien dejó de estar dividida hace 32 años, lo cierto es que las diferencias culturales y económicas siguen existiendo. En el este, por ejemplo, hay una predilección de entre el 20 y el 25 por ciento de votar a estos partidos de derecha radical, mientras que, en el occidente, el techo no supera el diez por ciento. Y se da que, en el este, hay una tasa menor de vacunación, hubo mayor resistencia contra las medidas anti COVID-19. Al ser una democracia más joven, ese germen antisistema es mucho más fácil de despertar.


En la última semana, Franco Delle Donne dio una serie de charlas, conversatorios y jornadas en distintas universidades públicas del Conurbano bonaerense, en el marco del Programa César Milstein, que impulsa la vinculación de investigadores argentinos radicados en el exterior con un medio científico y tecnológico local a través de estadías cortas, de entre uno y tres meses en el país. En este caso, la gestión se dio a partir de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNLaM, en articulación con el Departamento de Derecho y Ciencia Política de la Universidad.


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