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Las teorías de Marx sobre el valor y la plusvalía siguen vigentes en esta era tecnológica

Desde sus inicios hasta el presente, las teorías sobre la plusvalía han sido distorsionadas por las fuerzas hostiles y defensoras de la explotación del capitalismo. Esas personas argumentan que las ideas desarrolladas por Carlos Marx están ahora desactualizadas y no poseen significados revolucionario y científico, el capitalismo moderno ha cambiado de naturaleza y ya no existe la explotación. Para responder la pregunta si son obsoletas o no las teorías sobre la plusvalía de Carlos Marx primero debemos comprender a fondo sus contenidos principales, de acuerdo con un artículo de los doctores Hoang Ngoc Hai y Ho Thanh Thuy, de la Academia de Política Nacional Ho Chi Minh, publicado en la Revista Comunista (del Partido Comunista de Vietnam).


Las teorías de la plusvalía se desarrollan sobre la base de la teoría del valor-trabajo. Más concretamente, es el descubrimiento del carácter bifacético del trabajo que produce mercancías. Este descubrimiento tiene un gran significado teórico y crea una base científica real para la teoría del valor-trabajo.

Antes de Marx, incluso los eminentes economistas burgueses clásicos como Adam Smith y David Ricardo no podían explicar por qué los capitalistas comercializaban bienes por valor real, pero aún obtenían plusvalía. Marx superó la confusión y las limitaciones de la escuela clásica e hizo que la teoría del valor-trabajo alcanzase la perfección. Utilizando un método particular en el estudio de la economía política que era la abstracción científica, Marx separó la plusvalía de sus formas específicas, creando sus propias teorías.

Los economistas precedentes descubrieron que el trabajo creaba el valor, pero no podían determinar qué tipo de trabajo (concreto o abstracto). Marx señaló que sólo el trabajo abstracto creaba el valor de los bienes. Él apuntó la dualidad del trabajo que produce mercancías, junto con una serie de otros resultados de estudios: Sobre el valor y los factores constitutivos; el origen, la naturaleza y la función monetaria; la regla del valor y sus impactos; las contradicciones de la fórmula general del capitalismo. Especialmente, descubrió el valor de uso específico de la fuerza de trabajo como mercancía que consiste en “ser fuente de valor, y de más valor del que ella misma tiene”, y distinguió el proceso de trabajo y el proceso de valorización (el proceso de producción de plusvalía). De este modo, reveló la naturaleza de la producción capitalista y la esencia del proceso de producción de la ganancia. Afirmó que la plusvalía no es generada en el campo de la circulación, sino que nace en la producción. La circulación era esencial para el proceso de producción y la creación del plusvalor.

Sobre esta base científica, Carlos Marx había logrado explicar el origen real de la plusvalía, su movimiento y proceso de creación de ganancias en la producción, circulación y distribución; así como analizar la naturaleza del capital constante y del capital variable. De ahí, creó las teorías sobre la plusvalía, la acumulación, la reproducción y la crisis económica. Con sus teorías, Marx había diseccionado la naturaleza y el origen de las formas de “ingreso” – la ganancia y la renta de la tierra.

Las teorías sobre la plusvalía muestran claramente la naturaleza y las características de explotación del capitalismo. La economía mercantil capitalista se desarrollaba sobre la base de la producción mercantil simple, pero era diferente tanto en cantidad (producción mercantil es la forma predominante de producción en el modo capitalista de producción) como en calidad. Apareció una nueva mercancía, la fuerza de trabajo. Por lo tanto, el mercado de bienes (en general) se complementó con una parte especial, el mercado de fuerza de trabajo. Obviamente, Marx no fue quien descubrió el mercado de trabajo, puesto que los trabajadores asalariados ya existían en las sociedades precapitalistas. No obstante, solo Marx señaló claramente que el trabajador asalariado (la mercancía fuerza de trabajo y como productor directo separado de los medios de producción se convierten en trabajador asalariado) constituye un factor fundamental que hace que el dinero se transforme en capital y la producción mercantil simple se volviera la capitalista – nueva era del proceso de producción social, la era del capital industrial.

El modo de producción capitalista se desarrolló sobre la base de una forma de explotación especial, que era la apropiación del plustrabajo no remunerado (trabajo excedente) para generar plusvalías. A diferencia del término “ganancia” preferido por los capitalistas, la supervalía se expresa correctamente de la siguiente manera: 1.- Ser valor, es decir, trabajo materializado; 2- Ser plustrabajo (materializado en un plusproducto), que es el valor que el trabajador asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo y apropiado por el capitalista. Se puede decir que la explotación capitalista no está en la existencia del trabajo excedente, pese a que bajo el dominio del capitalismo el nivel de explotación ha sido muy elevado, sino que está en el trabajo excedente que se ha desperdiciado en forma de plusvalía. Mientras, la relación entre el tiempo de trabajo excedente y el de trabajo necesario toma la forma de la relación entre la plusvalía y el capital variable. La relación de explotación se materializa y está oculta detrás de la relación de intercambio entre las mercancías. Por lo tanto, la explotación en el capitalismo es muy sofisticada e ilimitada.

Por lo tanto, el quid de la teoría sobre la plusvalía es lo siguiente

Primero, solo el trabajo vivo crea el valor de los bienes y la plusvalía. El origen de la plusvalía es la fuerza de trabajo de los empleados, y solo el trabajo vivo (la fuerza de trabajo activa) crea el valor, incluido el plusvalor. La plusvalía existe porque la cantidad de trabajo que realiza el obrero en la jornada laboral para producir la mercancía es superior a la cantidad de trabajo necesario para reproducir el valor de su fuerza de trabajo.

Segundo, la producción de plusvalor, el fabricar un excedente, es la ley absoluta del modo de producción capitalista. Sin la plusvalía no existe el capitalismo. El plusvalor es el origen de las contradicciones fundamentales e intrínsecas de la sociedad capitalista (la contradicción entre capital y trabajo, y entre la burguesía y la clase obrera). Estas contradicciones se profundizan cada vez más conforme pasa el tiempo, lo que lleva a su inevitable reemplazo por una sociedad superior.

Tercero, mientras exista la propiedad privada capitalista de los medios de producción y la mercancía fuerza de trabajo, el trabajador se ve obligado a añadir al tiempo de trabajo necesario para su propia subsistencia tiempo de trabajo excedente y producir así los medios de subsistencia para el propietario de los medios de producción, la teoría sobre la plusvalía de Carlos Marx sigue manteniendo su vigencia.

Esta teoría de Marx con los contenidos principales anteriormente mencionados, desde sus inicios, ha sido rechazada por los defensores del capitalismo.

La teoría de Carlos Marx mantiene su valor en las condiciones de la revolución científico-tecnológica

Hoy día, aunque el capitalismo contemporáneo ha experimentado nuevos desarrollos, con cierto ajuste en el modo de propiedad, gestión y distribución, la superestructura, especialmente el sistema legal y la regulación económica del monopolio estatal para subsistir y adaptarse al nuevo contexto, las teorías sobre la plusvalía de Marx siguen siendo válidas, puesto que la naturaleza explotadora del capitalismo todavía existe, sin cambios.

Desde la segunda mitad del siglo XX, la revolución científico-técnica se ha desarrollado a gran velocidad, con un nivel cada vez más alto. Esta extraordinaria evolución condujo a la aparición de las industrias de alta tecnología, tales como la tecnología nuclear, electrónica, biotecnología, de nuevos materiales y combustibles, espacial e informática, entre otras. Especialmente, esta revolución ha promovido el desarrollo de la tecnología de la información y el advenimiento de la era digital.

En la era “posindustrial” o de la “sociedad de la información” actual, el argumento dado para refutar la teoría de Marx parece más “convincente”. En los países capitalistas desarrollados, el nivel de vida de la mayoría de los trabajadores ha mejorado mucho, algunos de ellos poseen acciones en las empresas, y constituyen una gran clase media. Por lo tanto, surge un buen pretexto de que ya no hay la “diferencia entre capital y trabajo”, “nadie explota a nadie”. Si existe la explotación, solo explota a los “robots”, porque en las fábricas modernas y automatizadas, el proceso de producción requiere poco o ningún trabajo vivo, pero el valor creado se multiplica por el de las fábricas clásicas con el uso de muchos trabajadores.

Esos “nuevos” puntos de vista tienen un atractivo, no obstante no consiguen refutar la verdad. Pese a sus nuevos desarrollos y cambios en cantidad y calidad interna, la naturaleza explotadora del capitalismo no ha cambiado nunca.

Aunque el capitalismo ha realizado ciertos ajustes en la forma de propiedad, gestión y distribución para adaptarse al nuevo contexto, la dominación del capitalismo privado permanece inalterada. El Estado ha aumentado su intervención en la vida socioeconómica, sin embargo, sigue siendo básicamente un aparato de dominación de la burguesía. Los conceptos y argumentos que reflejan y hacen referencia a los últimos acontecimientos y relaciones socioeconómicas siempre resultan atractivos. No obstante, no pueden refutar la verdad de que no es el trabajo pesado de las máquinas y los equipos técnicos lo que crea el nuevo valor, sino el trabajo vivo que es la fuente creadora del plusvalor, tanto en la era industrial pasada como en la economía del conocimiento moderna.

Pese a que una gran parte de los trabajadores en los países capitalistas desarrollados tienen un nivel de vida relativamente acomodado, generalmente deben vender su fuerza de trabajo y aún son explotados por los propietarios. La ley de plusvalía ha mostrado su eficiencia en las condiciones de la globalización y la economía del conocimiento, y su forma de explotación es mucho más complicada y sofisticada. En las condiciones actuales, la producción del plusvalor tiene nuevas características:

En primer lugar, debido a que las técnicas y tecnologías modernas se aplican ampliamente, el plusvalor se crea por el aumento de la productividad laboral. El costo de mano de obra por unidad de producto disminuye rápidamente porque la máquina moderna reemplaza a los trabajadores. Además, mediante el uso masivo de equipos de automatización y la aplicación a gran escala de la ciencia y tecnología en la producción, los capitalistas han mejorado enormemente la productividad laboral. Por lo tanto, contratan menos trabajadores o no contratan a empleados para operar las máquinas y aún así pueden obtener más plusvalor. No obstante, ese hecho tampoco puede negar la teoría del valor del trabajo y el principio básico de la supervalía, es decir, el valor y el plusvalor son creados por el trabajo vivo de los empleados, y el trabajo vivo es la única fuente creadora del valor y del plusvalor. Otros factores (máquinas, equipos, técnica, tecnología,…incluso robots) no crean valor ni plusvalor.

Este principio conserva el mismo valor en las condiciones tanto de la era industrial pasada como en la economía del conocimiento actual. Todos sabemos que la ciencia-técnica y los equipos automatizados, junto con otros factores de producción, son productos del trabajo y tienen valor, pertenecen a los medios de producción y las condiciones materiales indispensables en el proceso de producción de capital. Marx nunca negó la influencia de los medios de producción en las actividades productoras. Según la teoría marxista, los medios de producción (materias primas y materiales de trabajo) son una premisa indispensable de la producción de supervalía.

Aunque las máquinas han reemplazado el trabajo directo y una parte del trabajo intelectual del ser humano, no pueden reemplazar el desempeño del hombre, mucho menos su posición subjetiva durante el proceso de producción.

Por lo tanto, cualquier trabajo, sea simple o intelectual, que no se retribuya proporcionalmente al valor que crea (después de deducir los gastos necesarios), significa plusvalor apropiado por el capitalista.

En segundo lugar, la estructura del trabajo en los países capitalistas desarrollados está experimentando grandes cambios. El trabajo intelectual aumenta y reemplaza el trabajo simple. Los empleados calificados desempeñan un papel cada vez más importante y decisivo en la producción del plusvalor. En la economía del conocimiento, el principal ingreso de los capitalistas no proviene de la administración, sino del trabajo excedente de los asalariados, mayormente del trabajo intelectual, que es apropiado por los propietarios. Gracias al uso de esta fuerza de trabajo, la proporción y la cantidad de plusvalía han aumentado considerablemente.

El ajuste del capitalismo monopolista del Estado y de las uniones monopolistas de Estado internacionales ha hecho que la explotación de la plusvalía haya sido tanto intensificada como limitada. El aumento de la plusvalía proviene del ambiente de inversión favorable: la proporción de los medios de producción y la orientación del proceso de producción del plusvalor, así como el ajuste del flujo de la supervalía capitalizada… Por otro lado, se encuentra limitada porque el Estado debe adoptar leyes y políticas de regulación una vez que la explotación de las empresas capitalistas es “excesiva” y puede dar lugar a los conflictos políticos y sociales. Hoy en día, la regulación de la distribución de la plusvalía de los capitalistas a través de impuestos, fondos de bienestar social, seguro social, prestaciones por desempleo también genera ciertos ingresos para los trabajadores.

El advenimiento de la propiedad mixta a través del establecimiento de las sociedades anónimas, en su mayoría de propiedad privada con una pequeña parte de las acciones de los empleados, ha reducido la contradicción entre la socialización de las fuerzas de producción y la propiedad privada de los medios de producción. En el ámbito de gestión y distribución, también hay importantes ajustes. Los trabajadores pueden comprar acciones y asisten a la junta de accionistas, además de la reducción de la jornada de trabajo. Estos fenómenos parecen ser una válvula reguladora de presión para minimizar las contradicciones entre los capitalistas y los trabajadores.

Pero este es un punto de vista unilateral al no reflejar claramente la naturaleza del desarrollo capitalista. En primer lugar, debemos entender que el capitalismo ha pasado varios siglos de desarrollo y su rueda operativa ha girado sobre la sangre y las lágrimas de los trabajadores en nuestro planeta. El erudito británico Terry Eagleton observó: “Las naciones capitalistas modernas son el fruto de una historia de esclavitud genocidio, violencia y explotación tan abominable” (1). Si analizamos su historia de desarrollo, vamos a ver lo que les había hecho el capitalismo a sus semejantes. Por la invasión colonial, a fines del siglo XIX, decenas de millones de indios, y personas en los países africanos, China, Brasil, Corea, Rusia, Vietnam y muchas otras naciones murieron de hambre, sequía y epidemias. E incluso dentro de los países capitalistas ricos actuales, ¿quién está seguro de que todas las personas tienen una buena vida? Si se puede confirmar, ¿por qué incluso en un país como Estados Unidos poderoso, desarrollado y moderno, todavía existen barrios marginales de negros e inmigrantes?

En tercer lugar, al analizar la relación explotadora del capitalismo actual, debemos considerar este vínculo no solo entre los capitalistas y los empleados en los países capitalistas, sino también entre las naciones desarrolladas y las subdesarrolladas y en vía de desarrollo, reflejada en la gran diferencia entre ricos y pobres en el mundo. Porque la explotación de la plusvalía ha sido “internacionalizada”.

Hoy día, en medio de la globalización, el capitalismo monopolista de Estado tiene carácter internacional y se desarrolla de formas diversas, tales como: la exportación de capitales, el traslado de trabajadores entre naciones, la expansión de las empresas transnacionales, la desigualdad en las relaciones comerciales, el surgimiento del llamado neocolonialismo, la imposición de políticas entre Oriente y Occidente, entre países ricos y pobres… La producción de la plusvalía es capitalizada y exportada para internacionalizar el capital con una variedad de las formas que produce.

En cuarto lugar, estos ajustes del capitalismo, aunque tienen un impacto en el desarrollo, conducen a graves consecuencias que amplían la brecha entre ricos y pobres, haciendo que los países pobres sean cada vez más pobres y los países ricos se vuelvan más ricos. La acumulación de capital y la explotación de los trabajadores son prácticamente inseparables. Esto se ve confirmado mediante la formación de los gigantes económicos sobre la base de una mayor explotación por nuevos medios, y el desempleo generalizado se convierte en un fenómeno crónico. Por otro lado, también ratifica la doctrina marxista, según la cual acompañando el desarrollo del capitalismo está el aumento del capital constante (utilizado para comprar los medios de producción) y una disminución del capital variable (utilizado para comprar mano de obra). De modo que el “ejército industrial de reserva” se convierte en un elemento esencial del capitalismo. La polarización de la riqueza es en sí misma una manifestación de la creciente desigualdad social en cada país y en el ámbito mundial. La acumulación de riqueza y la acumulación de pobreza son dos caras de la misma moneda capitalista. Según un informe de la Organización no gubernamental Oxfam, publicado cuando los líderes políticos y económicos mundiales asistieron al Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, del 21 al 25 de enero de 2019, las 26 personas más ricas del mundo tenían la misma riqueza que los tres mil 800 millones de personas más pobres en 2018. El informe también estimó que el uno por ciento de los más ricos del planeta poseía el 42 por ciento de los activos mundiales; mientras, el 99 por ciento restante de la población solo tenía el 58 por ciento de la riqueza mundial (2).

Actualmente, en el ámbito nacional, el capitalismo moderno intenta construir un sistema legal diversificado y universal en todos los campos de la vida social, facilitando el ajuste del capitalismo privado a los procesos económicos. Para reconciliar sus contradicciones actuales, el capitalismo se centra en la solución de los asuntos económicos para promover el desarrollo de las fuerzas de producción. Este movimiento se realiza en combinación con la mejora de la competitividad de los productos y la eficiencia productiva, la reducción de los costos sociales y la creación de un entorno competitivo. Por lo tanto, el hecho de que los Estados de los países industrializados poseen y distribuyen entre 30 y 60 por ciento de la renta nacional y utilizan parte de la súper ganancia para pagar a los trabajadores les genera una “ilusión” de que no son explotados.

El análisis anterior no puede mostrar todas las contradicciones y conflictos cada vez más feroces en la sociedad capitalista actual, pero ha delineado en general las nuevas manifestaciones de la explotación capitalista en el mundo. Sin embargo, por sutiles y metamórficas que sean las formas de explotación, su naturaleza explotadora no ha cambiado, puesto que la plusvalía apropiada por los capitalistas proviene de la explotación del trabajo vivo de los empleados, no del trabajo muerto de las máquinas. En otras palabras, las teorías sobre la plusvalía mantienen su vigencia y el capitalismo conserva su naturaleza explotadora.

El argumento de Marx y Engels sobre el régimen de explotación de las personas en la sociedad capitalista conserva su valor científico. Pese a sus cambios y ajustes, se puede afirmar que la naturaleza explotadora del capitalismo no ha cambiado. Mientras existan las contradicciones en la sociedad capitalista, las teorías sobre la plusvalía siguen siendo la luz para guiar la causa de liberación de la clase obrera y la humanidad de todas las formas de esclavitud, opresión y explotación del capitalismo.

Fuente: AgePeBA

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