Arte

Después de 18 años, reabre al público el Museo de Arte Oriental

Funcionará en dos salas provisorias del primer piso del Palacio Errázuriz Alvear, donde en una sala se exhibe una muestra temporal que invita a reflexionar sobre el imaginario que se tiene de Oriente, y en la otra se expone la reserva visitable del rico patrimonio de la institución.

Tras permanecer cerrado durante 18 años, reabrió sus puertas al público el Museo de Arte Oriental en dos salas provisorias del primer piso del Palacio Errázuriz Alvear, donde en una sala se exhibe una muestra temporal que invita a reflexionar sobre el imaginario que se tiene de Oriente, y en la otra se expone la reserva visitable del rico patrimonio de la institución.

En sus 54 años, el Museo de Arte Oriental, de rango nacional, acopió un patrimonio de casi 3.000 piezas antiguas y desde 2001 permanece cerrado al público por un cotejo de inventario. Sin embargo, y mientras sigue esperando su sede propia, volvió a exhibirse en el palacio donde su patrimonio se mantuvo guardado, en el Museo de Arte Decorativo, el mismo sitio que lo albergó desde 1966 con su primera exposición.

Instalado en un pequeño espacio del primer piso del edificio de estilo neoclásico francés, ubicado en avenida Libertador al 1902, el museo cuenta con dos salas: la primera está diseñada para exhibir muestras temporales, mientras que la segunda, más a oscuras, aloja la reserva, dominada en su mayoría por piezas de China, Japón y Corea y en menor medida de India, Egipto, Turquía, Armenia, el antiguo imperio Persa, Tíbet, Indonesia, Malasia o Tailandia.

Con un guión curatorial pensado más en correrse del estereotipo que emplazarlo en narrativas de lo exótico, la primera exposición temporal del museo «Oriente es imaginario» se proyecta como «un preludio al conocimiento de Occidente sobre Oriente y el intento de cuestionar esa noción abarcada por la propia palabra de Oriente», explicó la directora del museo desde 2017, Rocío Boffo.

Si pensar en Oriente es pensar en filosofías y espiritualidad, la exposición retoma con crítica esa idea a través de un conjunto de piezas de culto, ornamentos y deidades (del budismo o el hinduismo) que se desplazan de la contemplación que atrapó a los viejos coleccionistas como objetos de interés por lo exótico -por sus colores dorados, las representaciones de las figuras- con la intención de indagar en el significado simbólico de esos sistemas de creencias.

En este sentido, lo que habilita una relectura del patrimonio nacional en clave oriental es que «Oriente es una forma de ver de Occidente que no deja de ser colonialista, dominante y como tal apareja un montón de prejuicios. Acá pusimos unas primeras ideas para hacernos cargo de esta visión que tenemos», indicó la directora del museo, cuyo trabajo lo realiza en equipo con un grupo de menos de diez personas.

También hay objetos que en su clasificación primaria se los vinculó más a artesanías que a piezas de arte, realizados con marfil, nácar o laca, como una vianda de cinco cajones y un contenedor de medicinas japoneses.

Al respecto, Boffo sostuvo que «en Occidente a veces se descalifica el sistema de producción tradicional por su proceso de factura pero no escapa a la intención artística individual».

EXHIBICIÓN DE COLECCIÓN DE BOTELLAS CHINAS

Talladas en piedra, confeccionadas en vidrio, porcelana y metal, las botellas de rapé atraen no solamente por su pequeño tamaño, su gran variedad, sus formas y decoraciones sino también por sus significados ocultos. Todas ellas caben en la palma de la mano y esconden en su simbología ideas sobre las costumbres, la cultura y el pensamiento de China durante la última dinastía imperial.

Las botellas eran objetos de uso y también piezas de colección. Acompañaban en la vida cotidiana a sus portadores y se trasladaban junto a ellos por donde anduvieran. Así, se convirtieron en regalos preciados para embajadores, emisarios y personalidades distinguidas de todo el mundo, que en sus viajes las hicieron conocidas en todas las latitudes.

La exhibición propone seguir el camino del tabaco desde América hacia Europa y luego a China, dar la vuelta al mundo y volver al continente americano para examinar esta colección de botellas de rapé. De este recorrido se desprenden reflexiones sobre cómo viajan las ideas, cómo son los objetos que nos rodean y cuáles son sus símbolos y significados.

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