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Desaparición, muerte y violencia policial: ¿Qué ocurrió con el trabajador rural Luis Espinoza?

El jornalero de 31 años permanecía desaparecido desde el 15 de mayo, luego de que un violento operativo policial lo detuviera en la provincia norteña de Tucumán. El pasado viernes, su cuerpo fue hallado dentro de un precipicio.


Fueron siete días de insoportable agonía con el peor final: Luis Espinoza, un trabajador rural de 31 años visto por última vez el 15 de mayo tras ser agredido y detenido por la Policía en la ciudad de Simoca, provincia de Tucumán ─al norte de Argentina─, fue hallado muerto dentro de un barranco el pasado viernes.

El cuerpo, envuelto en bolsas plásticas, fue encontrado por el operativo de búsqueda en la profundidad de un precipicio, ubicado en la localidad rural de Andalgalá ─provincia de Catamarca─, a 150 kilómetros del sitio donde había sido interceptado por las fuerzas de seguridad. Nueve policías y dos civiles fueron detenidos por el crimen ante la repercusión del caso y la presión de diferentes organizaciones de derechos humanos.

«En principio estarían imputados los once, pero aún no sabemos el grado de responsabilidad de cada uno. La autopsia del cuerpo todavía no se realizó y eso revelará más detalles de su asesinato. La causa, por el momento, está caratulada como doble homicidio», confirma a RT la abogada de la familia de la víctima, Cinthia Campos.

Aquel 15 de mayo, Luis Espinoza, padre de seis hijos y de profesión jornalero, se encontraba cabalgando junto a su hermano Juan en un paraje identificado como Monteagudo. En el trayecto, según revelan algunos testigos, los hermanos se toparon con los preparativos para una competición de carreras de caballos, algo habitual en la zona, aunque en ese momento violaba la cuarentena obligatoria dictada por el gobierno a nivel nacional. Se sospecha que eso motivó a que un escuadrón de la Policía local llegará de manera violenta, realizando disparos al aire, con la intención de amedrentar a las personas que allí se congregaban.

«El sureste tucumano se caracteriza por tradiciones relacionadas con la carrera de caballos informales. Juan y Luis no participaron de la competición, solo pasaban por allí. Además, no se llevó a cabo finalmente. Testigos identifican a ambos saliendo de una casa cercana al lugar. Desconocemos por qué la fuerza de seguridad actuó de una manera tan irresponsable en un evento de poca importancia», asegura Campos.

Luego de que las personas se dispersaran, los hermanos Espinoza continuaron su rumbo en sus caballos. Sin embargo, a los pocos minutos, fueron alcanzados en el camino por la Policía. Los efectivos se ensañaron primero contra Juan. Lo bajaron del caballo y lo golpearon fuertemente en la cabeza. Luis, ante el hecho, reaccionó en defensa de su hermano, gritándoles a los oficiales que se detuvieran. Fue cuando los agentes decidieron apartarlo del sitio para llevarlo a una zona de pastizales. Según declaró Juan, uno de los policías empuñó su arma y efectuó un disparo, aunque no logró apreciar si efectivamente fue contra el trabajador rural. Minutos después, fue trasladado a la comisaría y no volvió a ver con vida a su hermano.

La posterior localización del cuerpo de Espinoza dentro de un barranco fue posible tras la declaración de dos de los oficiales imputados en la causa. «Ambos se quebraron y confirmaron que Luis habría fallecido en el operativo policial y que las intenciones eran deshacerse del cuerpo para lograr impunidad en el crimen», retoma la defensora legal. Y agrega: «Creemos que la Justicia está actuando correctamente por el momento. Hemos participado de todas las pericias que se han hecho. La pandemia invisibilizó el caso en los primeros días, pero hoy ha tomado relevancia nacional».

El gobernador de la provincia de Tucumán, Juan Manzur, se refirió al hecho ante la prensa local y puntualizó que «hay que caerle con todo el peso de la ley a todos aquellos que hayan cometido el delito». Por su parte, el juez a cargo de la causa, Mario Velásquez, afirmó recientemente al diario Página12 que el asesinato de Espinoza «tiene todos los condimentos del terrorismo de Estado».

«No son solo los policías, es toda la institución»

La desaparición y muerte de Luis Espinoza por parte de las fuerzas de seguridad no es un hecho aislado en la provincia de Tucumán. De hecho, dos de los oficiales apresados tenían antecedentes similares por haber participado en 2018 de una brutal golpiza contra Alan Andrada, un joven de 20 años que, producto de aquella agresión, murió en el hospital a causa de hemorragias internas. Ese mismo año, pero en otra localidad provincial, Facundo Ferreira, de doce años, fue ultimado de un disparo en la espalda por un efectivo, luego de que acusara falsamente al menor de portar un arma y tener actitud «sospechosa».

Carolina Frangulis, referente de la organización H.I.J.O.S en Tucumán, dedicada a la defensa de derechos humanos, asegura que el asesinato de Luis Espinoza es parte de un sistema represivo «constante». «No son solo nueve policías, es toda la institución la que pregona la violencia institucional en la provincia. Es algo que venimos denunciando hace tiempo y con infinidad de casos», explica Frangulis.

La referente señala, además, que el caso tiene similitudes con lo que le ocurrió al activista mapuche Santiago Maldonado, quien en 2017 estuvo 77 días desaparecido tras un brutal operativo policial, hasta que fue hallado muerto en el fondo de un río. «Sergio, hermano de Santiago, se comunicó con nosotros y la familia de Luis para solidarizarse. Esperemos que las autoridades le den la prioridad que merece el hecho ante un flagrante ataque a los derechos humanos básicos».

En la misma línea, Amnistía Internacional emitió un comunicado al respecto y pidió a la Justicia el esclarecimiento inmediato del caso. «Es urgente que se avance en una investigación exhaustiva, imparcial e independiente para determinar los hechos ocurridos y las correspondientes responsabilidades por la muerte y desaparición del cuerpo de Luis Espinoza», escribió el organismo en su cuenta de Twitter.

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