Ciencia y Tecnología

Cinco minutos para escapar de un terremoto

Los sismos sólo pueden detectarse con muy poca antelación antes de que sucedan. Aunque sólo nos enteramos de los más devastadores, todos los días se produce al menos uno y hay miles a lo largo de un año. La Argentina los padece en mínima escala en la zona cordillerana.


El terremoto acontecido recientemente en México conmocionó a la sociedad por las más de 100 muertes provocadas, en el que fue el fenómeno de este tipo más trágico que sufrió el país en el último siglo. El avance tecnológico actual no permite anticiparlos con suficiente tiempo para evitar catástrofes y salvar cientos de vidas. “Sólo es posible preanunciar un sismo cinco minutos antes de que suceda”, explica Ricardo Piethé, geólogo y docente de la Fundación UADE. La única forma conocida para mitigar el impacto de estos fenómenos es a través de la regulación de las edificaciones. “Las construcciones en las zonas sismológicamente sensibles están diseñadas para resistir las vibraciones de la tierra”, asegura Piethé. 

“Los terremotos son fenómenos geológicos a escala planetaria, que no poseen ninguna relación causal con la actividad humana. Existen desde hace 4500 millones de años y todos los días hay movimientos en zonas de actividad tectónica”, describe Piethé. El mismo día en que el sismo hizo temer a gran parte del sur de México, otros 14 movimientos fueron registrados en todo el mundo y más de 50 fueron detectados en los cinco días previos. Los bruscos movimientos son producidos por el estrés de comprensivo que se produce entre las placas tectónicas que se encuentran en la tierra o en el océano. Cuando superan la tolerancia de fricción y presión se desencadenan “fuerzas extraordinarias en forma de vibraciones u ondas, que viajan desde el epicentro a la superficie y que pueden ser sumamente destructivas cuando coinciden con la frecuencia de oscilación de las estructuras urbanas”, afirma Piethé. El Centro de Ciencias Geológicas de Alemania provee un monitor global sísmico llamado Geofon, que permite observar diariamente dónde se registraron terremotos en las últimas semanas. 

También se desarrollaron softwares que informan con rapidez la presencia de movimientos. “Estos programas reciben notificaciones de sensores y sistemas que detectan terremotos, y automáticamente envían alertas a los usuarios con detalles analíticos de imagen y video para colaborar con las acciones de tratamiento del fenómeno”, sostiene Marcelo Castro, experto en informática y docente de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Exactas de la Fundación UADE. Todos estos avances son esfuerzos para combatir un fenómeno que afecta a toda la humanidad.

Su peligrosidad depende de su magnitud y de la cercanía de su foco de impacto con las ciudades. La intensidad es categorizada en la Escala de Richter, que mide la magnitud de los sismos en valores. A partir del grado cuatro se registran daños moderados en los edificios y desde el seis las consecuencias son más graves. El terremoto ocurrido en México, de grado 8,2, tuvo la capacidad para destruir totalmente a las comunidades cercanas al epicentro. Por eso las consecuencias en la región sureña de Oaxaca fueron trágicas.

A diferencia de otros países cercanos a las zonas de colisión de las placas tectónicas, la Argentina posee un riesgo sísmico de bajo a moderado. En la región próxima a la Cordillera de Los Andes se registran movimientos leves y muchas veces los sismos que sentimos son originados en Chile, que tiene mayor tendencia a sufrirlos por su ubicación geográfica en la costa del océano Pacífico. El Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), dependiente del Ministerio del Interior, es el encargado de estudiar los terremotos en nuestro país. Cuenta con alrededor de 50 sedes, ubicadas principalmente en las provincias del oeste y del norte del territorio nacional.

Fuente: Argentina Investiga- Universidad Argentina de la Empresa – Facultad de Ingeniería y Ciencias Exactas

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