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A 101 años del natalicio de Evita, figura célebre de la humanidad

María Eva Duarte de Perón nació un 7 de mayo de 1919 en la ciudad de Los Toldos, Argentina y falleció un 26 de julio de 1952. Amada por los humildes y odiada por la oligarquía, Evita dedicó su vida a la lucha por la justicia social.

María Eva Duarte de Perón, más conocida como Evita, fue una de las figuras más influyentes de la política argentina, sin duda, uno de los mayores íconos contemporáneos y un personaje fundamental de la historia de la humanidad. La dimensión del mito que se inició con su temprana y trágica muerte sólo puede compararse, por su alcance mundial, a la de su compatriota, Ernesto «Che» Guevara. 

Nacida en Los Toldos, en el noroeste bonaerense, un 7 de mayo de 1919, Eva María Ibarguren, fue hija ilegítima del estanciero y conservador Juan Duarte y de la puestera Juana Ibarguren. Esa misma circunstancia le dio un primer motivo de lucha. Luego de la muerte de su padre, la familia se quedó sin sustento. Más tarde, la familia se trasladaría a Junín, cuando Eva tenía ya 11 años. Y a fuerza de no m uy buenos resultados en la escuela, comenzó a destacarse en la actuación.

Con 15 años, finalmente, llegó al distrito federal, para triunfar como actriz. Era 1935, plena década infame y ola creciente de migrantes internos hacia Buenos Aires. Eva logró intervenir, aunque de forma secundaria, en importantes obras teatrales, siendo destacada por la prensa en algunas oportunidades. Películas, radioteatros, hasta tapas de revista, le permitieron crecer rápidamente en la dirección soñada. Por fin, también consiguió tener un buen pasar, lo que no le impidió iniciar su militancia social, participando de la creación del primer sindicato de trabajadores de radio.

Al poco tiempo, Eva conoció a Perón. Tenía 24 años y él, ya teniente general y hombre fundamental de la Revolución de 1943, casi 50. Vivían juntos cuando sucedió el 17 de octubre y de inmediato se casaron. Entonces sí, con Perón fortalecido en el poder estatal, Eva lo acompañó, logrando rápidamente un protagonismo especial.

Los derechos políticos de las mujeres, la fundación del partido peronista femenino, la fundación de ayuda social, los estrechos vínculos con los sindicatos y una intransigente defensa de Perón frente a “oligarcas”, “cipayos” y el “imperialismo”, marcaron los más de seis años que la tuvieron en la primera escena nacional.

Evita falleció por un cáncer de cuello uterino, el 26 de julio de 1952. Con tan sólo 33 años, se había convertido en la mujer más influyente del país. Su cuerpo, llorado durante días por una multitud, también fue robado, ultrajado y ocultado, durante casi dos décadas.

LA LEYENDA

¿Por qué esta joven mujer se había ganado el odio de un importante sector de la sociedad? Hace unos años, el fallecido escrito uruguayo, Eduardo Galeano, ensayó una respuesta: “La odiaban, la odian los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafía hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta (…) Evita se había salido de su lugar.”

El historiador Felipe Pigna, en su libro «Evita, Jirones de su vida» describe sobre Eva, «sin dudas, reúne todas las condiciones para ser un mito: llegó a los más alto partiendo desde muy bajo, murió joven y en el esplendor de su vida donde la historia se tiñe con el rosa y el negro de las respectivas leyendas. Despertó hacia ella todos los sentimientos menos uno: la indiferencia». 

A 101 años de su nacimiento recordamos lo que dijera Evita acerca del amor y la condición social, el sentimiento de hermandad y la desigualdad entre los hombres.

«No puede haber amor donde hay explotadores y explotados. No puede haber amor donde hay oligarquías dominantes llenas de privilegios y pueblos desposeídos y miserables. Porque nunca los explotadores pudieron ser ni sentirse hermanos de sus explotados y ninguna oligarquía pudo darse con ningún pueblo el abrazo sincero de la fraternidad. El día del amor y de la paz llegará cuando la justicia barra de la faz de la tierra a la raza de los explotadores y de los privilegiados, y se cumplan inexorablemente las realidades del antiguo mensaje de Belén renovado en los ideales del Justicialismo Peronista: Que haya una sola clase de hombres, los que trabajan; Que sean todos para uno y uno para todos; Que no exista ningún otro privilegio que el de los niños; Que nadie se sienta más de lo que es ni menos de lo que puede ser; Que los gobiernos de las naciones hagan lo que los pueblos quieran; Que cada día los hombres sean menos pobres y Que todos seamos artífices del destino común».

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