El 10 de enero marca un hito de dolor y resistencia en Argentina. La muerte de Marcelina Meneses y su bebé Josua expuso la cara más oscura de la xenofobia, impulsando la creación del Día de la Mujer Migrante.
La historia de Marcelina Meneses y su pequeño hijo Josua representa una de las heridas más profundas para la comunidad migrante en Argentina. Aquel 10 de enero, lo que debía ser un viaje cotidiano al hospital se transformó en una tragedia marcada por el racismo y la violencia. Por este motivo, la fecha se ha consolidado como el Día de la Mujer Migrante, un recordatorio necesario sobre la lucha contra la discriminación.
El relato de un viaje hacia la tragedia
Julio César Giménez, el único testigo que se presentó ante la justicia, describió una escena cargada de hostilidad. Según su declaración, Marcelina subió al tren con su bebé de diez meses a la espalda y varios bolsos. Al intentar acomodarse para bajar en la estación Avellaneda, rozó accidentalmente a un pasajero, quien reaccionó con insultos xenófobos.
A pesar de que Giménez intentó intervenir para defender a la mujer, otros pasajeros se sumaron a la agresión verbal. «¡Estos bolivianos son los que nos vienen a quitar trabajo!», gritó uno de los hombres presentes en el vagón. Poco después, en medio de la confusión y los empujones, Marcelina y su hijo cayeron de la formación en movimiento.
Denuncias de soborno y búsqueda de la verdad
La empresa Trenes Metropolitanos (TMR) intentó sostener una versión diferente, alegando que la mujer fue rozada mientras caminaba junto a las vías. Sin embargo, Giménez denunció públicamente que personas vinculadas a la compañía intentaron sobornarlo con dinero y donaciones para que cambiara su testimonio. Estos individuos habrían utilizado los mismos argumentos discriminatorios que se escucharon en el tren para justificar el silencio.
Por su parte, la familia de Marcelina, liderada por Froilán y Reyna Torres, emprendió una búsqueda obsesiva de testigos mediante carteles en las estaciones. Esta acción fue crucial, ya que la empresa retiraba los folletos argumentando falta de permisos. Gracias a su persistencia, la noticia del posible asesinato xenófobo cobró relevancia pública y permitió que el testigo clave se presentara.

