Sociedad

Denuncian encierros, control y abusos sexuales en mansiones de Julio Iglesias en el Caribe

Dos extrabajadoras del cantante español relataron situaciones de encierro, coerción y violencia sexual mientras trabajaban en sus residencias de República Dominicana y Bahamas.

Testimonios que revelan un entramado de abuso y control

Dos extrabajadoras del cantante español Julio Iglesias denunciaron haber sido víctimas de agresiones sexuales, encierros y situaciones de sometimiento mientras trabajaban en sus residencias del Caribe. Los testimonios fueron publicados por los medios elDiario.es y Univision Noticias, que recogieron los relatos de las mujeres bajo resguardo de identidad.

Una de ellas, identificada con el nombre ficticio de Rebeca, de nacionalidad dominicana, contó que comenzó a trabajar para el artista en 2021, cuando tenía 22 años. Fue contratada como limpiadora y cocinera para las mansiones de Iglesias en Punta Cana, República Dominicana, y en Lyford Cay, Bahamas.

Un reclutamiento rodeado de opacidad

Rebeca explicó que encontró la oferta laboral a través de una publicación en Instagram. En un primer momento, solo le informaron que trabajaría para “una de las personas más importantes”, incluso más que el presidente dominicano. Recién después supo que se trataba de Julio Iglesias.

Antes de ser contratada, le solicitaron fotografías personales, documentación y datos privados. Luego, una encargada le envió un taxi sin darle mayores precisiones. “Nunca había vivido fuera de la casa de mi papá y tenía miedo. No sabía adónde iba”, relató al elDiario.es.

Al llegar a Punta Cana, fue encerrada durante cuatro días en una habitación como supuesto protocolo sanitario por la pandemia. Una vez finalizado ese período, comenzó a cumplir tareas domésticas bajo un estricto control.

Humillaciones y vigilancia permanente

Con el correr de los días, el trato se volvió hostil. Rebeca describió insultos, humillaciones y exigencias constantes por parte del cantante. “Un día decía que mi comida era la mejor y al otro que era una mierda”, contó.

Ese clima la llevó a vivir en estado de alerta permanente. Según relató, limpiaba utensilios de cocina de manera obsesiva para evitar reproches o insultos. A la vez, comenzaron pedidos que excedían sus tareas laborales.

Sexualización forzada y coerción

La joven denunció que fue obligada a ponerse bikini y a mostrarse frente a Iglesias, pese a manifestar su incomodidad. “Me pidieron que me quitara la ropa y lo hice con mucha vergüenza”, declaró.

Desde ese momento, las situaciones se tornaron cada vez más invasivas. Rebeca aseguró que le exigieron mostrar partes íntimas y que una encargada la tocó sin su consentimiento. “No tenía opción de decir que no. Era una forma de sumisión”, explicó en su testimonio a Univision Noticias.

Agresiones sexuales reiteradas

Según su relato, Iglesias comenzó a exigirle “masajes” y encuentros nocturnos. Aunque ella intentó renunciar en varias oportunidades, la encargada la presionaba para que continuara trabajando, apelando a su situación económica y familiar.

Rebeca afirmó que fue obligada a mantener relaciones sexuales bajo coerción, tanto en Punta Cana como en Bahamas. Detalló episodios de violencia sexual reiterada, incluso durante la menstruación, y describió prácticas que le provocaron dolor físico y angustia extrema.

“Le decía que no, pero él no escuchaba”, sostuvo. Tras uno de los episodios más graves, fue forzada a acompañar al cantante a Bahamas, donde, según denunció, los abusos continuaron casi todas las noches.

Consecuencias psicológicas y falta de respuesta

Finalmente, la joven logró abandonar el trabajo. Tras buscar ayuda profesional, fue diagnosticada con ansiedad y depresión agravadas por las experiencias vividas.

Los medios que difundieron el testimonio intentaron comunicarse con Julio Iglesias y con su abogado para conocer su versión de los hechos, pero no obtuvieron respuesta. Una de las encargadas mencionadas en el relato negó las acusaciones y calificó las denuncias como “patrañas”, según publicó elDiario.es.

Las denuncias, ahora bajo investigación de la Fiscalía española, exponen un entramado de poder, silencio y vulnerabilidad que vuelve a poner en debate la responsabilidad de figuras públicas frente a acusaciones de violencia de género.

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