El escenario económico argentino de inicios de 2026 muestra una continuidad en la erosión de los ingresos familiares. Según los últimos datos del Indec, los salarios locales retrocedieron casi un punto porcentual en enero frente a una inflación del 2,9%. Mientras el sector registrado obtuvo incrementos promedio del 2%, la subida de precios no dio respiro, consolidando una pérdida real de la capacidad de compra en el primer mes del año.
Esta dinámica no es aislada, sino que responde a una arquitectura de presión oficial sobre las negociaciones colectivas. El Gobierno nacional mantiene su estrategia de homologar paritarias con aumentos por debajo de la inflación proyectada, en un contexto donde el cierre de empresas y la fragilidad del empleo actúan como disciplinadores sociales. La inestabilidad laboral genera un escenario de «freno» a los reclamos: ante el temor al despido, el trabajador se ve forzado a aceptar la pérdida sistemática de su poder adquisitivo.
El golpe en el plato: alimentos por encima del promedio
La crisis golpea de forma asimétrica, ensañándose con los sectores de menores ingresos que destinan la mayor parte de sus recursos a la subsistencia básica. Mientras el índice general fue del 2,9%, el rubro de alimentos y bebidas se disparó un 4,7%, traccionado principalmente por el costo de la carne.
Este desfasaje explica el fenómeno del «no consumo» que reportan las consultoras privadas. Scentia detalló que el consumo masivo —que abarca desde hipermercados hasta comercios de barrio y farmacias— sufrió una caída interanual del 3,4% en febrero, encadenando dos meses de retroceso. Si se analiza el segmento de cercanía y supermercados, el desplome llega al 4,8%, reflejando una parálisis que afecta directamente la actividad comercial en los territorios.
Comparativa histórica: el doble que en la era Macri
La profundidad de la recesión actual permite trazar paralelismos críticos con procesos previos de ajuste. Según los registros de consumo, la administración de Javier Milei ha profundizado el deterioro observado durante el mandato de Mauricio Macri. Mientras que en 2016 el consumo cayó un 4,5% y en 2019 —el año más crítico del PRO— un 7,3%, en 2024 la gestión libertaria registró un derrumbe del 13,9%.
Las proyecciones para 2025 y el inicio de 2026 no auguran un rebote significativo, con una previsión de caída sostenida. Los motores de la economía federal, como la construcción, la industria y el comercio, se encuentran en alerta máxima. La combinación de una canasta de servicios públicos con aumentos siderales y un salario real en contracción configura un mapa de vulnerabilidad social que excede lo estadístico para convertirse en una crisis de subsistencia en las provincias argentinas.

