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A 50 años del asesinato del Padre Mugica: “Salió de los oropeles y pasó a una vida de compromiso”

Sobreviviente del atentado de la Triple A que le costó la vida a su amigo y compañero, Ricardo Capelli habló sobre el legado del cura villero, uno de los fundadores del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.

Ricardo Capelli fue amigo y compañero del Padre Carlos Mugica. Se conocieron de jóvenes. Él tenía 17; el futuro cofundador de los Sacerdotes del Tercer Mundo, 24. El encuentro fue en la casa de los Mugica, una familia conservadora y fuertemente antiperonista. Se habían juntado para festejar el cumpleaños de la hija menor de la familia. De ahí en adelante, ya es historia: ambos trabajaron juntos durante los años siguientes y se acompañaron, de manera literal, hasta el último aliento, cuando un grupo de la Tripe A los acribilló a balazos a la salida de una misa.

Esta escena es revivida por Capelli en su libro Antes y después del asesinato de mi amigo el Padre Mugica, recientemente editado por Grupo Editorial Sur, donde se relata lo sucedido aquella noche del 11 de mayo 1974, 50 años atrás, cuando Mugica salió de dar misa en la iglesia de San Francisco Solano con el plan de encontrarse con su amigo y, de ahí, salir rápido a un asado en la Villa 31, al que nunca llegaron.

Entrevistado por AM750, Capelli, que hoy tiene 87 años, adelantó algunos aspectos centrales del libro y recordó las últimas horas del cura villero argentino.

“Yo iba con una compañera mía, actualmente desaparecida, cuando a Carlos (Mugica) lo nombraron asesor de Villas. (Juan Domingo) Perón quería que fuera ministro de Bienestar Social, pero José López Rega ni loco. Entonces, para dejar conforme al General, le dieron una asesoría. Ahí íbamos dos o tres veces por semana”, comenzó el relato Capelli.

Pero algo más pasó en esas idas y venidas al ministerio de Bienestar Social: “Ahí conocí al secretario de prensa de López Rega. Me hice amigo. Él estaba en una zona restringida, pero yo podía pasar y tomar un café. En su oficina andaba mucha gente armada. Algunos hablaban algunas cosas”, continuó. Tiempo después, Capelli reconocería a estas mismas personas, en el momento en que en ese fatídico 11 de mayo de 1974 giró la cabeza para ver de dónde salían las balas que apuntaban contra él y el Padre Mugica.

“Vos calculá que ese día teníamos que ir a un asado a la villa, a un cumpleaños. Lo fui a buscar (a Mugica). Había dos tipos sentados atrás y uno de ellos se dio vuelta para ver quién había abierto la puerta, y nos cruzamos las caras. Nos conocíamos de Bienestar Social. Nadie sabía de la existencia de la Triple A. Nada”, reveló Capelli.

“Salimos después de la misa, fui a buscar mi auto y escuché que todos lo estaban esperando. Lo llamaron y se escuchó un alarido terrible de Carlos, un insulto. Automáticamente, la balacera. A mí me tiraron desde otro frente, la primera bala me pegó en el hombro, y fue como un trompazo, me dio vuelta. Yo estaba de espaldas, caí mirando hacia ellos. Y ahí estaba Rodolfo Eduardo Almirón con un arma envuelta en nylon, porque llovía”, recordó.

Rodolfo Eduardo Almirón fue uno de los jefes de la Triple A (la organización de ultraderecha Alianza Anticomunista Argentina). Comenzó su carrera como policía y, según el testimonio de Capelli, fue el autor del homicidio del sacerdote Carlos Mugica. Además, fue parte del grupo de custodios que llegó con López Rega a España tras su renuncia como Ministro de Bienestar Social en 1975 y su nombramiento como Embajador argentino en ese país.

La historia que sigue a partir de entonces es más conocida: “Carlos estaba con su espalda en la pared y se iba deslizando hasta que quedó sentado. A mí me vieron como un bulto en el piso. Nos llevaron, llegamos al hospital y al rato apareció un amigo mío que se había enterado y le preguntó al de la guardia cómo estaba Carlos, y ahí le dijeron que no era nada. Él se dio cuenta de que nos estaban dejando morir”, contó Capelli.

“(Mi amigo) Empezó a armar un operativo para sacarme. Tanto es así que en ese momento entró el cirujano y, tomando la manija de la camilla, le dijo ‘vamos al quirófano’, y él dijo: ‘no, primero hay que salvarlo a Ricardo’. Eso es la vida por el otro, la vida por el amigo. Eso era (también) Carlos Mugica. A mí me sacaron de ahí, me llevaron para otro hospital. Llegué con el último suspiro y perdí el conocimiento”, finalizó su relato.

Fuente: Página|12

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