La Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos (FIAPF) confirmó nuevamente la permanencia del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata dentro del selecto grupo de certámenes «Clase A». Esta ratificación no es un trámite administrativo menor: sitúa a la muestra argentina en el mismo escalafón de competitividad y prestigio que los festivales de Cannes, Berlín, Venecia y San Sebastián.
El reconocimiento internacional llega en un momento donde la estructura de fomento audiovisual en Argentina atraviesa auditorías y cambios normativos bajo la órbita del INCAA. Mantener este sello de calidad obliga al Estado nacional a cumplir con estándares de organización, jurados internacionales y calidad de programación que la FIAPF exige para no descender de categoría.
Un sello de exclusividad regional
El festival marplatense es el único en Latinoamérica con esta distinción. Su carácter de «competitivo no especializado» significa que es la principal vidriera para la producción cinematográfica del continente frente a los ojos del mundo.
Desde una perspectiva federal, esta permanencia es vital. El festival funciona como un nodo donde las producciones de provincias, como las de Entre Ríos, encuentran un espacio de negociación y visibilidad que los circuitos comerciales convencionales suelen negarles. La infraestructura del certamen es, además, el motor de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC) y otros programas de exhibición federal que dependen de la validación internacional para atraer coproducciones extranjeras.
Implicancias y sostenibilidad
La ratificación de la FIAPF ocurre en paralelo con el lanzamiento de nuevas convocatorias para 2026, que incluyen concursos de largometrajes de ficción, documental y posproducción. Sin embargo, la brecha entre el prestigio simbólico de la «Clase A» y la realidad material de la industria es un punto de análisis crítico.
La organización de un evento de esta magnitud requiere una logística que el INCAA debe garantizar a pesar de las actuales restricciones presupuestarias mencionadas en los debates del sector. Perder la categoría implicaría no solo un retroceso cultural, sino también económico, dado que los festivales Clase A atraen inversiones directas y mercados internacionales como Ventana Sur.

