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Bachelet no vino a Honduras o la decadencia de todo lo que ha sido

Por muchas semanas, Honduras ha estado en situación convulsa. Varios muertos y heridos a manos de las fuerzas represivas del estado, presos políticos, militarizado el país, ingreso de militares al campus de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, disparando a los estudiantes. Encima, jornadas de brutal represión contra estudiantes de secundaria; ¡niños con piedras contra asesinos entrenados y armados hasta los dientes! Pero no hay ningún informe de la señora Michelle Bachelet sobre Honduras.


Durante diez años, después del Golpe de Estado Militar, en Honduras se destruyó cualquier vestigio de Institucionalidad, se impuso la impunidad, sostenida por la violencia del estado, militar y paramilitar. Se violaron absolutamente todos los derechos humanos; y por supuesto los niños de este país no están dentro de la lista de protegidos por UNICEF, ni la UNESCO se percata de que los niños son sometidos al infame programa “Guardianes de la Patria”, en la que militares enseñan a los infantes a “jugar” con fusiles de verdad”. Honduras NO existe.

Pero más allá del lamento, legitimo, por cierto, es necesario entender la descomposición acelerada que han sufrido todos los organismos multilaterales en el mundo en menos de una década. Si bien Estados Unidos se las había arreglado por décadas para utilizar a la ONU para darle tinte legal a sus guerras, los países miembros podían al menos alegar que habían sido engañados, por las “evidencias irrefutables” presentados por la inteligencia gringa.

Podríamos decir que la descomposición de los Organismos Multilaterales como la ONU, la OEA se ha dado de forma proporcional a la destrucción del Estado hondureño. Esta afirmación puede parecer un abuso, viniendo desde la voz de un individuo en una “república bananera”, y no faltaran los apologistas de todas las “maravillas” logradas por la humanidad gracias al multilateralismo. Pero es claro, que hoy no vivimos ningún multilateralismo; ningún organismo sirve el propósito para el que fue creado, y todos están al servicio de un orden mundial agonizante y putrefacto.

Hoy la careta de ingenuidad, se ha caído por completo. Hace una década, la Asamblea General de las Naciones Unidas, condeno por unanimidad en Golpe de Estado que derroco a Manuel Zelaya Rosales del poder en Honduras. Eso marcó un hito importante, mantenido como irrelevante por todos los medios internacionales, nunca sucedió. Lo que siguió fue una descomposición acelerada de esa organización, que, en su sometimiento abyecto al capitalismo transnacional, hace oídos sordos a los gritos desesperados de las víctimas en Siria, Libia, Afganistán, Yemen o Irak. Tampoco ha sido la ONU, un organismo beligerante en la lucha contra el EI y otros grupos verdaderamente terroristas. Por supuesto, ha guardado silencio cómplice con los Estados terroristas como Arabia Saudita, Israel, Colombia o Honduras. 

Esa descomposición, no nos ha sido ajena, para los hondureños, los organismos internacionales se han convertido en agencias coloniales al servicio de Estados Unidos. La OEA, la Unión Europea y las mismas Naciones Unidas, han servido para avalar dos fraudes electorales, y han sido más bien generosos para con el régimen de Juan Orlando Hernández, a quien le prestaron un espacio para un supuesto dialogo en 2018, que solo sirvió para engañar a algunas personas, y para dar oxígeno al dictador. A estas alturas, que estas organizaciones hablen de “dialogo” a nosotros nos huele a engaño y tragedia.

Si el silencio cómplice que guardan frente al régimen asesino colombiano, es visible para muchos; la forma en que ignoran a Honduras es aún más cínica y cruel. Ambas realidades no están desconectadas. Asesores Colombianos e israelíes comenzaron a llegar al país semanas después del Golpe de Estado Militar de 2009. Ellos han entrenado las bandas paramilitares que convirtieron a Honduras en el país más violento de la tierra. Los escuadrones de la muerte, que han cobrado la vida de decenas de miles de jóvenes, son parte de esta estructura, que, además, es el único sostén de la dictadura en este país.

Pero la señora Bachellet no nos ha visitado. Ella se fue en misión a Venezuela; a ver como a Guaidó lo “reprimen” dejándolo conspirar a la luz del día, caminando solitario como espectro por las calles de Caracas sin tener “quien lo persiga”, o como Leopoldo López aparece al frente de metralletas para derrocar al gobierno legítimo. A esta serie de delincuentes los incluye en su informe como víctimas de la peor represión. Mientras tanto, a nuestros presos políticos: Edwin Espinal, Rommel Herrera y Raúl Eduardo Álvarez, todos jóvenes, los mantienen en cárceles de máxima seguridad, con los presos más violentos y peligrosos del país. No hay ninguna cobertura para ellos, nadie dice que el régimen planifica un supuesto “motín” en la cárcel para asesinar a estos muchachos.

Expresa preocupación la señora, sobre la situación de “miles de venezolanos” que se ven forzados a huir, pero no le preocupan los miles de hondureños que migran a diario, huyendo del terror, la violencia, la miseria, de todos los crímenes del régimen. Para ella esto no es éxodo, de hecho, no está pasando. Es pusilánime el discurso que coloca como “victimas de Maduro” a los venezolanos que huyen del brutal bloqueo imperialista, pero que ignora la naturaleza bestial del régimen hondureño, y el resultado criminal de las políticas neoliberales. 

El informe de Michelle Bachelet sobre su visita a Venezuela, lejos de arrojar luces sobre lo que ella descubrió, muestra una nueva campaña a nivel de la ONU para ganarle adeptos a la causa gringa contra Venezuela, al mismo tiempo, deja expuesta la tarea fundamental de estos organismos que hoy están totalmente dedicados a servir a la causa unipolar (entiéndase imperial). Podemos confirmar que los países que no están en el foco de agresión de Estados Unidos no existen, y que nosotros no somos objeto de derechos humanos.

Resulta repugnante que la comunidad internacional llegue a tal nivel de cinismo que Juan Orlando Hernández, miembro del Grupo de Lima (el, porque los hondureños no apoyamos esa porquería), de sermones sobre democracia, desarrollo y bienestar, mientras mantiene un régimen corrupto, criminal e ilegal en Honduras. Es como si los jueces invitaran a John Dillinger (con el perdón de Dillinger) a disertar sobre honestidad y paz.

La señora Bachellet, con estas acciones, está entrando en un lugar tenebroso de la historia, porque suyas serán las víctimas de la infamia en Venezuela, suyas serán las víctimas en Honduras. En su silencio sepulcral sobre Honduras, va la vida de nuestros presos políticos, que, si guardan prisión por su consciencia, y no por encargo o por negocios.

Este sistema internacional debe reemplazarse, su funcionamiento de sicario de los poderosos contra los pueblos, les quitan toda razón de ser, y nos obligan a repensar el mundo y el tipo de relaciones que debemos construir. Una organización, que esconde la tragedia de pueblos enteros, no solo debería ser expuesta, sino juzgada y condenada por crímenes contra la humanidad.

Honduras no callará, seguirá luchando, cada vez más, sabiendo que estos organismos son cómplices de los dueños del mundo (por robo). La infamia ser derrotada aquí, y con ella irán, el informe Bachellet, los dos, la canallada sobre Venezuela, y el que nunca hizo sobre la verdad en Honduras.

Ricardo Arturo Salgado Bonilla: Licenciado en Matemática e Investigador Social. Escritor y Analista autodidacta. Colaborador de teleSUR y otros medios digitales. Censurado en su país, Honduras (por medios y por lectores). Actual Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Libertad y Refundación, LIBRE.

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