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¿ACASO MI VOTO NO VALE? | Por Daniel Devita

Daniel Devita, también conocido como Doble D o «El Rapero del Pueblo», es un rapero, cantante, músico y escritor argentino, publicó en su red social, facebook, su opinión sobre el Frente de Todos y las elecciones.


¿ACASO MI VOTO NO VALE? | Por Daniel Devita

Nuestro sistema electoral estipula que cada voto emitido vale eso, un voto. Por lo tanto, podemos inferir que todos los votos, también el tuyo y el mío, tienen el mismo valor.

Lo cierto es que con las derrotas electorales del Frente para la Victoria en 2009, 2013 y 2015 y sobre todo con los resultados obtenidos por Unidad Ciudadana en las legislativas del año 2017, cobró mucha fuerza esta idea de que nuestros votos, es decir, los votos de aquellos que nos sentimos comprometidos con un proyecto, con un horizonte común y con ciertos valores como la independencia, la soberanía y la justicia social, valen menos, valen poco o directamente para algunos no valen nada.

Escuchamos hasta el cansancio frases como «Cristina tiene un piso muy alto, pero un techo muy bajo», «El treintaypico de CFK está, el tema es ver como conseguimos el resto» y así nos fuimos confinando en este paraje donde nuestros deseos, aspiraciones e ideas se resumen al piso de Cristina, al que no hay que contentar ni atender, porque siempre está ahí.

En los últimos días se hizo viral un audio donde Milagro Sala, dirigente indígena y primera presa política de Mauricio Macri, expresa entre lágrimas su profunda tristeza y decepción al sentirse abandonada por el gobierno y por figuras puntuales del mismo, alegando que prefieren negociar con su carcelero Gerardo Morales, antes que luchar por su libertad.

Mientras escuchaba sus palabras desgarradoras, se me vinieron a la mente otras de esas frases que repiten los genios de la política; «A la gente común no le interesan los presos políticos», «La bandera de Milagro es un tema de minorías», «Con todos los problemas que tenemos, mirá si vamos a hacerle el juego a la derecha hablando del problema puntual de algunos dirigentes» y otras que me reservo porque no merecen ser reproducidas.

En este pensamiento, desprovisto de cualquier signo de compañerismo y absolutamente reprochable en términos morales, es donde encuentro una de las grandes claves del pésimo funcionamiento de la coalición gobernante y vamos a citar una vez más a nuestra presidenta mandato cumplido y actual vice, Cristina Fernández de Kirchner; «Por eso le digo a todos aquellos que tengan miedo o que no se animan, por favor, hay otras ocupaciones además de ser ministro, ministra, legislador o legisladora. Vayan a buscar otro laburo, pero necesitamos gente en los sillones que ocupen de ministro, ministra, de legislador o legisladora sean para defender definitivamente los intereses del pueblo».

Imposible no coincidir con lo que pide Cristina y al margen de que, acto seguido, el presidente confirmara a todos los funcionarios en sus respectivos puestos, este discurso marcó a las claras donde estaba el verdadero problema y acá es donde Milagro Sala se vuelve enorme, gigante y ocupa toda la extensión de la pantalla.

El naufragio de esta alianza de gobierno no comenzó con la marcha atrás de Vicentin, tampoco con la bochornosa teleconferencia de Alberto Fernandez con Marcelo Mindlin en la que destacó «el compromiso con el país» de Pampa Energía luego de embolsar millones y millones con el sufrimiento del pueblo y la destrucción de la pequeña y mediana empresa a pleno tarifazo y mucho menos con la pandemia. Esta debacle, que el resultado electoral del pasado 12 de septiembre solo vino a evidenciar, comenzó el 24 de diciembre del año 2019 donde el gobierno estuvo dispuesto a transitar su primera navidad con presos políticos en plena gestión nacional y popular.

Digo el gobierno por ser el principal responsable, pero también sería bueno que cada uno de los que nos sentimos parte de este proyecto revisemos nuestra propia conducta. Me pregunto todos los días si no gritamos lo suficientemente fuerte y nos consolamos con esas esperanzas de segundo semestre que nunca llegaron o si el miedo al retorno del psicópata saliente atenuó nuestro discurso.

A fin de cuentas, ese 24 de diciembre le quedó bien claro a los funcionarios y funcionarias que funcionar tiene un precio, que no tener miedo y animarse no solo es motivo suficiente para terminar en la gayola de la oligarquía, sino que también en caso de retornar el peronismo al gobierno, nadie te va a ir a sacar en hombros y cantando la marcha como la JP en las primeras horas de Cámpora en el gobierno y Perón en el poder.

En estos momentos de dolor y confusión, con una deuda impagable, con salarios y jubilaciones de hambre y con un pueblo desilusionado que votó asado y no tuvo asado y prefirió entonces no acudir a los comicios, necesitamos más que nunca de los creativos, de los pícaros, de los atrevidos que al esquema de la academia te lo dan vuelta como una media. Necesitamos de esos hombres y esas mujeres que recuperan fondos previsionales sin importar meterse en la boca del lobo clarinesco, necesitamos de esos hombres y esas mujeres que te construyen viviendas, escuelas y hospitales organizando al pueblo, a mitad de precio y con el doble de calidad, necesitamos de esos hombres y esas mujeres que no van a pedirle por favor al formador de precios, sino de los que imponen la mesa de los argentinos ante la voracidad de quienes lucran con su hambre.

¿Pero quién se va animar? ¿Quién va a vencer al miedo si en la corte están los verdugos y el presidente reniega del indulto por ser una «rémora monárquica»? Si la intervención del putrefacto poder judicial de Jujuy es para el gobierno una fantasía trasnochada de adolescentes.

Estimado señor presidente, probablemente sus alumnos que durante años lo escucharon señalar lo espantosa y monárquica que es la figura constitucional del indulto se sentirían muy decepcionados de usted, pero mientras tanto está decepcionando a millones de compatriotas que lo elegimos para conducir los destinos de la patria, a millones que lo aplaudimos mientras sus amigos lo escupían. Compañero Alberto, usted nos pidió que le hiciéramos saber si nos estaba fallando y ya no sabemos como hacer para que lo note. Somos el piso de Cristina porque, justamente, ella jamás nos pisoteó.

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