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Rita Cortese, sobre la crisis argentina: “¿Cómo consiguieron anestesiarnos?”

Rita Cortese analiza la crisis socio-cultural argentina, la anestesia colectiva y la necesidad de repensar las resistencias.

La crisis estructural que atraviesa la Argentina no solo se manifiesta en los indicadores macroeconómicos, sino también en las dinámicas subjetivas, el entramado comunitario y la producción cultural. En el marco de una extensa conversación en el programa La García —conducido por Cynthia García a través de Somos Radio AM 530—, la actriz e intérprete Rita Cortese trazó una severa radiografía sobre la coyuntura nacional e internacional. Lejos del mero diagnóstico nostálgico, la artista sostuvo una distancia analítica sobre la efectividad de las herramientas políticas tradicionales. Al examinar las tensiones contemporáneas, Cortese remarcó que «hay un sistema que se está cayendo y hay otro que hay que crearlo y armarlo», señalando que los esquemas organizativos del pasado reciente muestran síntomas severos de agotamiento frente a un poder estatal y financiero reconfigurado.

La política de la simulación y la anestesia colectiva

El fenómeno de la hipermediatización y la performatividad en la gestión pública marca un sesgo inédito en el abordaje del conflicto social. Durante el intercambio radial, se contextualizó la escena de funcionarios que instrumentan las demandas sociales —como las protestas estudiantiles frente a dependencias gubernamentales— para la producción de contenidos en plataformas digitales, priorizando la provocación mediática sobre la resolución institucional. Esta degradación del debate democrático en favor de la espectacularización encuentra una respuesta social atravesada por la pasividad. Al evaluar la reacción comunitaria frente a la pérdida de derechos y los conflictos bélicos internacionales, Cortese interpeló la apatía contemporánea preguntándose «¿cómo consiguieron anestesiarnos?», advirtiendo que la sociedad atraviesa «un tiempo de mentira» en el que se ha legitimado la construcción de narrativas ficticias para neutralizar el descontento popular.

El disciplinamiento del deseo y el régimen de la hiperproductividad

Las transformaciones en el campo del arte y la industria del entretenimiento reflejan dinámicas más amplias de control social e intensificación de las exigencias laborales. La pérdida de los espacios de encuentro bohemio en la tradicional calle Corrientes y la aceleración de los tiempos de producción en las plataformas audiovisuales exponen la subordinación del goce y la contemplación a la lógica utilitaria del mercado. La actriz fundamentó que el modelo cultural vigente promueve la disciplina del individuo mediante la cancelación de la experiencia subjetiva, remarcando que «hemos perdido el placer, todo tiene que tener un objeto, una productividad». Desde esta perspectiva analítica, el sistema económico contemporáneo opera asimilando el impulso vital a un pecado mercantilizable, donde «el deseo entró en esa cuestión de que el deseo es pecado», obturando las posibilidades de construir lazos afectivos e identitarios fuera del consumo.

La urgencia de apelar a nuevas formas de interpelación política

En el ámbito de la acción colectiva y la ocupación del espacio público, la reiteración de rituales de protesta sin impacto transformador plantea serios interrogantes sobre la eficacia del movimiento popular. Cortese evitó las lecturas complacientes respecto al accionar de la oposición y las organizaciones sociales frente al avance de esquemas represivos. La artista señaló que la repetición mecánica de la movilización sin la generación de nuevos consensos ciudadanos erosiona la solidaridad social, admitiendo que la manifestación tradicional «no provoca una empatía tampoco». Ante este escenario de aislamiento y fragmentación, planteó la exigencia de revisar las estrategias de visibilización y debate comunitario, enfatizando que «tenemos que encontrar la manera, hay que pensar otras formas» para reconstruir un tejido social capaz de disputar el sentido común y la hegemonía política.

El arte como ejercicio de desorientación crítica y pensamiento lento

Frente a la velocidad algorítmica y el hiperindividualismo, la práctica lectora y la experiencia teatral emergen como espacios de resistencia simbólica e interrupción de la norma productiva. La pérdida de la atención prolongada en las nuevas generaciones —evidenciada en las dificultades para procesar textos descriptivos o puestas en escena que exigen concentración— constituye un indicador de disciplinamiento cognitivo orientado a la inmediatez. Cortese reivindicó la función social del hecho artístico como un territorio para el cuestionamiento de las certezas impuestas, subrayando que «la lectura es fundamental, te abre la imaginación, te abre el lenguaje, te abre los mundos». Frente a los dispositivos de control que imponen trayectorias rígidas y previsibles, concluyó que la verdadera autonomía del sujeto requiere «salir de los lugares cómodos» y asumir el riesgo de desorientarse para volver a habitar la duda analítica.

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