Una investigación publicada por el diario mexicano La Jornada y difundida por la red internacional RT en Español expone el alcance de las operaciones encubiertas de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de EE.UU. en el conflicto estudiantil de 1968. Los documentos oficiales recopilados y analizados por el National Security Archive —un centro de investigación independiente con sede en Washington— demuestran que Washington mantuvo una injerencia directa destinada a desarticular las demandas de autonomía universitaria, educación pública y apertura democrática.
Operaciones encubiertas e infiltración en el sistema político
Entre las décadas de 1950 y 1960, la CIA administró al menos cinco proyectos clandestinos enfocados en infiltrar y manipular el mapa político mexicano. Las maniobras de la agencia estadounidense buscaron «controlar los liderazgos estudiantiles en universidades mexicanas» e influir sobre las estructuras de decisión del Partido Revolucionario Institucional (PRI), la fuerza política que hegemonizó el poder estatal entre 1929 y 2000.
Esta estrategia buscaba alinear el escenario local con la Doctrina de Seguridad Nacional promovida por EE.UU. durante la Guerra Fría. La intervención territorial e institucional en recintos académicos respondió al temor de la administración estadounidense frente al avance de movimientos sociales independientes en América Latina.
Financiamiento a sectores opuestos y escalada de violencia
El informe detalla que la agencia estadounidense canalizó recursos económicos hacia organizaciones de extrema derecha orientadas a confrontar al movimiento estudiantil. Investigadores entrevistados advirtieron que, en el mejor de los escenarios, la CIA actuó como un catalizador de la polarización social y, en el peor, intervino de manera directa en la planeación de la violencia ejercida contra los manifestantes.

Esta red de financiamiento y provocación preparó el terreno para la intervención militar del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, donde el Ejército mexicano abrió fuego contra la multitud, dejando un saldo de cientos de muertos y heridos.
Adiestramiento de agentes estatales para la represión interna
La implicación de EE.UU. no se limitó al financiamiento ideológico, sino que incluyó capacitación operativa a los mandos encargados de la inteligencia del Estado mexicano. Entre los perfiles instruidos por la agencias se encuentra Miguel Nazar Haro, un temible personaje que posteriormente encabezó la Dirección Federal de Seguridad (DFS), órgano ejecutor de secuestros, torturas, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas durante la denominada ‘guerra sucia’.
El adiestramiento de agentes locales consolidó un aparato represivo bilateral que garantizó impunidad y control social en territorio mexicano bajo la cobertura geopolítica del combate al comunismo.
Opacidad institucional y deudas históricas con la verdad
A pesar del paso del tiempo y las constantes exigencias sociales, la CIA se niega a desclasificar la totalidad de los archivos históricos vinculados a sus actividades en territorio mexicano. El National Security Archive alertó que la agencia «mantiene censurada la historia de sus actividades en México» en torno a las operaciones realizadas a fines de los años sesenta.
Al conmemorarse el «58 aniversario de una matanza que marcó la historia política y social de este país», las revelaciones documentales reabren el debate sobre las responsabilidades compartidas entre el gobierno mexicano y las agencias extranjeras en los crímenes de lesa humanidad cometidos en el país.

