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Vacaciones en el Este y «malabares» judiciales: La ostentosa contradicción de Horacio Rosatti

Mientras el presidente de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, disfruta del verano en Punta del Este rodeado de celebridades, resurge la polémica por sus dichos sobre la falta de integrantes en el tribunal y el tratamiento judicial hacia Cristina Fernández de Kirchner en una Argentina marcada por la desigualdad. 

Mientras la Argentina atraviesa una profunda crisis y niveles de pobreza alarmantes, el balneario uruguayo de Punta del Este vuelve a ser el escenario de una postal que indigna por su cinismo político. Entre celebridades como Wanda Nara, empresarios como Cristiano Rattazzi y figuras del espectáculo como Ricardo Darín, se destaca la presencia del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti, quien disfruta de la temporada alta junto a su familia.

La presencia de Rosatti en el «balneario del jet set» no sería noticia si no fuera por la hipocresía de sus propias palabras. El magistrado ha sostenido públicamente que, debido a que la Corte funciona actualmente con solo tres integrantes —como un equipo de fútbol que debe jugar con siete jugadores en lugar de once—, se les hacía prácticamente imposible tomarse vacaciones por la necesidad de hacer «malabares» para cumplir con sus funciones. Sin embargo, los «malabares» parecen haber quedado en Buenos Aires, cediento ante el atractivo de las playas esteñas y los eventos sociales de José Ignacio.

Esta licencia estival se da en un contexto de parálisis judicial selectiva. La Corte que preside Rosatti aún no ha encontrado el tiempo para tratar temas trascendentales, como la constitucionalidad del DNU 1170/23, una medida que viola la pirámide jurídica del país y que la Corte, como última intérprete de la Constitución, ha evitado despachar. Esta inacción no es neutral: al no pronunciarse, el tribunal permite que el decreto siga operativo, lo que representa una «denegación de justicia» y una mirada hacia otro lado mientras se vulneran derechos constitucionales.

El contraste más doloroso de esta «Argentina desigual» se refleja en el trato hacia Cristina Fernández de Kirchner. Mientras Rosatti se codea con la «gente linda» en Uruguay, la exvicepresidenta enfrenta una situación de proscripción y condena sin pruebas judiciales sólidas, basada en una decisión política de «torcer la ley» en beneficio de corporaciones. Según fuentes críticas, como la del destacado periodista Roberto Caballero, Rosatti habría sido una pieza clave en acelerar los procesos contra Kirchner para asegurar su proscripción antes de los turnos electorales.

Resulta paradójico que un juez que aceptó su cargo de forma cuestionable —»entrando por la ventana» mediante un decreto presidencial de Mauricio Macri— hoy goce de la exclusividad de Punta del Este sin cuestionamientos, mientras la justicia que encabeza es percibida como uno de los poderes más ineficientes y dependientes del poder político, resaltó el comunicador en su programa radial de AM 530.

En definitiva, las vacaciones de Rosatti son un «fresco de época»: la muestra de una casta judicial que utiliza la Constitución según sus intereses y que, mientras predica dificultades operativas, no duda en refugiarse en el lujo del Uruguay, dejando atrás un país que sufre y una justicia que, para muchos, está en deuda permanente con la verdad.

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