La inflación de góndola desafía el relato oficial
La calma en los precios que el Palacio de Hacienda intentó consolidar parece haber encontrado un límite en las góndolas durante los primeros días de abril. Según un relevamiento del periodista Juan Garriga publicado en Página|12, supermercados y mayoristas comenzaron a recibir listas con incrementos que llegan al 12% en rubros críticos como alimentos, bebidas y artículos de limpieza. Este movimiento de precios se produce en un marco donde, según el autor, se está «consolidando un piso inflacionario cercano al 3 por ciento mensual», lo que pone en duda la sostenibilidad de la baja de precios que el Gobierno exhibe como bandera.
Impacto en la canasta básica y productos frescos
La remarcación no es uniforme, pero afecta con especial dureza a los consumos cotidianos de los hogares. Los registros en el sector mayorista muestran subas del 9% en azúcar, hasta un 9% en quesos y un 6,5% en harinas, insumo vital para la mesa social. La situación se vuelve crítica en el sector de frescos, donde el informe original destaca que «estos aumentos refuerzan la tendencia inflacionaria y golpean de manera directa el bolsillo de los hogares», con frutas que treparon un 40% y hortalizas como la papa y la cebolla que superaron el 50% de aumento en pocas semanas.
Logística y costos de producción: el efecto arrastre
Detrás de los precios finales operan factores estructurales que encarecen la cadena de valor. El incremento de los combustibles impactó en los fletes, registrando subas del 8,4% en pesos, lo que se traslada de inmediato a la distribución de mercaderías. Asimismo, Nicolle Pisani Claro, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), explicó que la presión sobre las materias primas también responde a insumos agropecuarios: «El aumento de la úrea repercute directamente en los costos de producción, especialmente en cultivos como el trigo», señaló la especialista respecto a la elaboración de derivados básicos.
Consumo en baja y paritarias congeladas
El escenario se completa con una demanda que no muestra señales de recuperación frente a ingresos reales erosionados. Desde el sector mayorista advierten que, ante la falta de ventas, las empresas rechazan nuevos acuerdos salariales, generando un círculo vicioso de parálisis económica. En este contexto de debilidad, Juan Garriga sostiene que «el consumo sigue en caída y que no tienen margen para convalidar aumentos salariales», lo que empuja a los consumidores a refugiarse en segundas marcas y a restringir incluso la compra de alimentos esenciales,.
Implicancias políticas y el giro de Caputo
El rebrote de precios en los supermercados tiene una lectura política inmediata para la gestión nacional. Tras meses de centrar su discurso en la caída de la inflación, el propio ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció recientemente que «la inflación podría volver a subir en el corto plazo», evidenciando una preocupación por la velocidad de la reactivación. Para un programa económico que fía su éxito a la desinflación, un piso del 3% mensual con actividad económica deprimida representa un riesgo de estancamiento con inflación que debilita el principal activo político oficial,.

