El 14 de noviembre de 1969 salió a la venta un simple con dos de los más emblemáticos temas de la dupla Ferrer-Piazzolla: del lado A, «Balada para un loco»; del B, «Chiquilín de Bachín». Pablo González, el pibe de 10 años que los inspiró, recuerda con Télam la historia de aquel tango y el vínculo que mantuvo con sus autores: Horacio fue su padrino de bodas y Ástor, quien murió el 4 de julio de 1992, su gran ídolo.
“Por las noches, caras sucias / de angelito con bluyín, / vende rosas en las mesas / del boliche de Bachín”
Así comienza una de las canciones más hermosas de la música argentina, con letra de Horacio Ferrer y compuesta por Ástor Piazzolla. El retrato de un pibe que no llegaba ni a los diez años ni al metro diez de altura, que recorría de noche el centro de Buenos Aires con su mamá ofreciendo flores, hasta que las luces de los bares y los restaurantes se apagaban para dar paso al sol.
Medio siglo más tarde, la cosa ha cambiado. Piazzolla murió el 4 de julio de 1992. Ferrer lo siguió varios años después, en el 2014. El restaurante Bachín fue demolido cuando se construyó el Complejo La Plaza. En el Mercado de las Flores, donde la mamá del Chiquilín compraba las rosas para armar los ramitos, ahora hay un templo evangélico de la Iglesia Universal del Reino de Dios. La noche porteña -ya antes de la pandemia- termina mucho antes de la madrugada y, por cierto, no es nada recomendable para pibes de diez años. Y aquel Chiquilín al que cantaban Amelita Baltar y el Polaco Goyeneche, ya pasó los 61, tiene 4 hijos, 8 nietos, 2 bisnietos, y maneja un furgón de fletes en el sur del Gran Buenos Aires.

