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Los libros en tiempos de pandemia

Consultas en línea con bibliotecarios, tips para ordenar los libros que tenemos en casa y el Diario de la Peste son algunas de las propuestas de la Biblioteca Nacional. Cómo seguir acercando libros y lectores a pesar del coronavirus. Cómo soñar con el día después, sin sufrir en el intento. En diálogo con Télam, Elsa Rapetti, subdirectora de la Biblioteca Nacional da todas las respuestas.

La lectura es, casi por definición, un acto solitario; ante un libro hay otros solo cuando cobran vida en el papel. Pero la soledad de las vastas salas de lectura de la Biblioteca Nacional es de otro tipo. Ya no se trata de la suspensión de la realidad para dar paso al mundo que propone el texto. La pandemia produjo un vacío, un destierro de los lectores.

“En las salas de lectura tenés un silencio absoluto, pero este silencio que se siente hoy es otro, es un silencio muy doloroso”, relata Elsa Rapetti, subdirectora de la Biblioteca Nacional, en diálogo con Télam.

“Es una sensación muy extraña. Son salas enormes que estamos acostumbrados a ver llenas de gente, con mucho movimiento. Verlas así, absolutamente vacías, es muy triste. Por eso preferimos proyectarnos hacia adelante, imaginar el día en que podamos volver a recibir a los lectores, a las investigadores, a los visitantes”, agrega.

La Biblioteca Nacional recibía antes de la pandemia entre 800 y 1000 usuarios diarios, quienes podían consultar 1.200.000 libros catalogados y cerca de 3.000.000 de ejemplares de publicaciones periódicas.

Para combatir ese vacío y aquel destierro la Biblioteca Nacional está desarrollando múltiples iniciativas con el propósito de que los lectores no pierdan su lugar, ese que hace posible la existencia misma de infinidad de relatos.

Un camino que se inició el mismo 12 de marzo, cuando el edificio emblema de la lectura nacional cerró sus puertas al público, y que se proyecta hacia el día después, cuando también hábitos como leer y consultar libros se hayan transformado.

Hacer y leer

Rapetti trabaja en la Biblioteca hace 25 años. “Soy un producto total y absoluto de la Biblioteca Nacional”, dice con orgullo desde su despacho en el edificio de la calle Agüero, una construcción mastodónica, rodeada de parques y símbolo de la arquitectura moderna argentina.

Licenciada en Bibliotecología y Documentación, Rapetti llegó a la subdirección en febrero pasado, cuando Juan Sasturain asumió como director. Junto a bibliotecarios, empleados de las distintas áreas y directivos busca adaptar a la biblioteca más importante del país a las restricciones que impone la pandemia.

“El jueves se abrió el chat con el bibliotecario, que permite realizar consultas en línea a través de la pagina web. Está habilitado de 10 a 13 y de 14 a 17. Cuando está inactivo da la opción de enviar un mail de consulta”, explica la funcionaria al enumerar las iniciativas que mayoritariamente se pueden encontrar en el sitio web de la institución (www.bn.gov.ar).

Otra propuesta es un tutorial para ayudar a los usuarios en las búsquedas de libros y material bibliográfico. “Es un instructivo con un video para que la gente pueda encontrar más rápido el material que necesita y también utilizar mejor las herramientas de búsqueda”, detalla Rapetti.

“Además, estamos terminando otra guía para la búsqueda a distancia de material bibliográfico. Buscamos aprovechar al máximo las posibilidades de búsqueda que tiene nuestro sistema”, agrega.

Entre las iniciativas se destaca también una propuesta para ayudar a los lectores a ordenar su biblioteca. “Estamos terminado un material que le propone a la gente distintas formas de ordenar la biblioteca que tiene en su casa”, adelanta la bibliotecóloga.
“Son varios videos –explica- que sugieren cómo ordenar una biblioteca. Un sistema de clasificación, simple, casero, para que la gente pueda ordenar su biblioteca personal con algún tipo de criterio. Cada lector, de acuerdo a la biblioteca que tiene, va a ver qué puede aprovechar”.

La capacitación destinada a bibliotecas y bibliotecarios de todo el país también forma parte del material para acompañar la pandemia. “En nuestro canal de Youtube están todas las capacitaciones que organizó la institución, dirigidas fundamentalmente a las bibliotecas y a los bibliotecarios, cursos que fueron muy exitosos”.
“Los vamos a relanzar –explica Rapetti- para que quienes no pudieron participar puedan acceder a ellos. Vamos a darle una nueva difusión, con un cronograma para que se puedan aprovechar esos cursos”.

Las fuentes de consulta también tienen lugar entre las propuestas. “Hay bibliotecarios que están trabajando en la organización de un directorio para crear un repertorio temático que le brinde a los usuarios sitios web y fuentes confiables. Así, alguien que está buscando un tema en especial puede recurrir a las fuentes que la Biblioteca propone”, detalla la subdirectora.

Diario de la peste

Entre las iniciativas más originales de la Biblioteca se encuentra el Diario de la Peste, donde distintos escritores dejan todas las semanas un testimonio en primera persona sobre la pandemia y se atreven a imaginar el mundo que viene.

“Las epidemias y las pestes fueron tratadas desde los libros más antigüos. La Biblia y la Torá hacen referencia a las diez plagas de Egipto, siempre vinculada a una decisión de los dioses. También en la Antigua Grecia, en el mito edípico, la peste que se abate sobre Tebas es consecuencia de una maldición sobre la Layo”, dice en el Diario el escritor santafecino Carlos Bernatek, para llegar a “La peste”, de Albert Camus, donde “lo humanos, ante lo inexplicable, buscamos respuestas”.

La iniciativa nació de una convocatoria “a autores y escritores a reflexionar sobre la pandemia y cómo imaginan el mundo luego del Covid-19”, cuenta Rapetti. “Se trata de videos, uno o dos por semana, con imágenes de apoyo generadas por la Biblioteca y que se pueden ver a través de nuestro canal de YouTube”.

María Sonia Cristoff destaca en su registro “la preponderancia que en nuestras vidas han empezado a tomar los balcones”. En un tono casi de confesión cuenta “que expulsamos como estamos del jardín de los adinerados, e incluso, de las terrazas de los afortunados, el balcón ha pasado a ser nuestro pequeño paraíso accesible”.

La autora de “Falsa alarma” confiesa que sintió ganas de escribir sobre su balcón pero que prefirió “no contribuir a la pandemia de los libros sobre la pandemia”. Entonces opta por recomendar lecturas sobre “el viaje inmóvil, esa narrativa ingeniosa y quieta que surge en la modernidad para contrarrestar tanta expansión colonial y turística; libros que hacen del encierro no una condena sino su feliz condición de existencia”.

“Y un día llegó la peste. La pandemia –puede escucharse en voz de Álvaro Aboz- divide a los seres humanos en muchas formas. Una de ellas es la visión del futuro. Los que son críticos con la realidad esperan que el fin de ella traiga una nueva sociedad. Los que son conformistas solo esperan que todo vuelva a ser igual”.

Otros escritores que dejaron su testimonio en el Diario de la Peste son Gabriela Cabezón Cámara, Horacio González, Ariana Harwicz, Juan Sasturain, María Rosa Lojo y Jorge Consiglio. A todos ellos se los puede ver y escuchar en www.youtube.com/user/bibnal.

Cuando digo futuro

Si bien atentos a las restricciones de hoy, en la Biblioteca ya están pensando en el día después. “Vamos a abrir una licitación para la construcción, en el Museo del Libro y de la Lengua, de un centro de contingencia de datos, y también para el equipamiento y digitalización de todo el material disponible”, asegura Rapetti.

La inversión será de 7 millones de dólares que ya fueron otorgados por el Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenta del Plata.

“Para la reapertura estamos planificando un espacio de lectura libre en la Plaza del Lector”, anticipa la funcionaria. A lo que suma otra propuesta: “Una sala de lectura informal, en el quinto piso del edificio y con estantería abierta que contenga distintos géneros, destinada a jóvenes y adolescentes”.

Reapertura, postpandemia, día de después. Palabras que hoy suenan lejanas pero que se transforman en una esperanza. Y en hipótesis de trabajo.

“Estoy armando un protocolo para la reapertura de la Biblioteca”, cuenta Rapetti, aunque aclara que “yo supongo que en todo este año un lugar con semejante circulación de gente no vamos a volver a tener. Por eso estamos pensando en cómo prestar servicio evitando riesgos”.

“Estamos evaluando –destaca la bibliotecóloga– la posibilidad de establecer turnos a través de la pagina web, habilitando lugares adecuados y que a su vez nos permitan mantener la distancia entre un usuario y otro. Distintas medidas de seguridad para cuando volvamos, por fin, a tener actividad con público”.

La lectura, ese placer solitario, necesita volver al encuentro con otros. Y esa es la historia que queremos leer en estos días. Inquietante, incierta, luminosa. Como todo buen libro.

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