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Crimen de Lucas Verón: un caso de violencia institucional en plena pandemia

Los familiares del joven organizaron una manifestación en la intersección de ruta 3 y Federico Russo, en Villa Scasso. Participaron organizaciones de derechos humanos y se pidió «justicia por Lucas y por todos los pibes asesinados por la policía».

POR IAN WERBIN

«El día que él tanto deseó, me lo mató la policía». Para la madre de Lucas Verón, su hijo fue «fusilado en el piso» el mismo día en que cumplía 18 años cuando circulaba en moto con un amigo por las calles de un barrio del partido de La Matanza por dos policías que los persiguieron a bordo de un patrullero sin luces ni sin sirenas, en lo que se trató de uno de los casos más resonantes de violencia institucional en el momento más duro de las restricciones por la pandemia del coronavirus.

Lucas solía decirle a su madre que quería ser mayor de edad para salir a trabajar para poder ayudarla.

Justamente, durante la madrugada del 10 de julio de 2020, en la que festejaba su cumpleaños 18, el joven se dirigió a bordo de una moto junto a su amigo Gonzalo rumbo a un kiosco situando en Calderón De La Barca y La Bastilla, en el barrio de Villa Scasso, para comprar unas gaseosas.

Sin embargo, en el trayecto, un patrullero con las luces y sirenas apagadas comenzó a perseguir a los jóvenes, según lo acreditado en la causa.

En la esquina de Achegas y Llerena, el vehículo policial, ocupado por los agentes de la policía bonaerense Ezequiel Benítez y Cintia Duarte, embistió a Lucas y a Gonzalo por detrás, provocando que ambos cayeran al suelo. Por miedo y aún con los golpes por la caída, ambos comenzaran a correr.

Pero allí, aparentemente el policía que manejaba la patrulla, Benítez, descendió y efectuó entre dos y tres disparos con su arma reglamentaria calibre 9 milímetros, uno de los cuales impactó en Verón.

De acuerdo a los voceros judiciales, los efectivos huyeron de la zona sin dar aviso, mientras que Lucas cayó al piso gravemente herido, por lo que su amigo fue a avisarle a la familia, que lo llevó al Hospital Simplemente Evita, donde finalmente falleció.

A pesar de las maniobras para encubrir el caso y las falsas acusaciones sobre Lucas y Gonzalo, los policías Duarte y Benítez fueron detenidos pocos días después y actualmente se encuentran esperando el juicio que comenzará el próximo 16 de agosto, donde ambos están imputados por el «homicidio agravado por ser cometido por un miembro de una fuerza de seguridad y por el uso de arma de fuego» en el caso de Lucas, y por la «tentativa de homicidio» en el caso de Gonzalo.

Graciela Aguilar, la madre de Lucas, no deja de pensar en el debate oral que se iniciará en poco más de un mes para enfrentarse «cara a cara con los asesinos».

«No te puedo decir qué es lo que me va a suceder en ese momento», dijo en una entrevista con Télam.

Ambos policías, además fueron apartados de la fuerza desde el 2020 por Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad provincial y afrontan un pedido de exoneración permanente de la fuerza.

«Todo el barrio conocía a Duarte y Benítez», recordó Aguilar, porque eran policías que estaban acostumbrados a «manejarse impunemente», cometiendo abusos de autoridad contra los chicos más vulnerables de los barrios.

«Según me dijeron varios vecinos, solían parar a algunos chicos del barrio. Les pegaban, los humillaban, los tiraban al piso, les gatillaban en la cabeza. Yo los apodé como ‘Los Verdugos de Villa Scasso'», relató Graciela, quien ahora espera «una condena justa y ejemplar» para ambos.

«A mi hijo me lo fusilaron en el suelo. Queremos que reciban la prisión perpetua. Queremos algo justo», señaló la mujer, aunque reconoció angustiada: «Todos sabemos que por más que le den veinte años, la vida de mi hijo no la van a devolver. Pero al menos que paguen lo que hicieron».

Por otro lado, en el caso intervino la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) que acompañó legalmente a la familia y denunció un encubrimiento por parte del fiscal de instrucción Juan Pablo Tahtagián y los compañeros y superiores de fuerza de los acusados.

Los oficiales acusados de encubrir el hecho son el comisario y segundo jefe Departamental de La Matanza, Diego Ocampos; el subcomisario Daniel Quinteros y la oficial subayudante María Giselle Genez.

Según expresaron en un comunicado desde la CPM, Tahtagián, Ocampos, Quinteros y Genez, «adulteraron pruebas y amenazaron a Gonzalo para que se autoincrimine para desviar la investigación».

Es por esto que también se esperan otros dos juicios en torno al hecho: uno por encubrimiento hacia los efectivos y otro por la actuación del fiscal Tahtagián, aunque ninguno de ellos tiene fecha de inicio.

«Estuvo desde el minuto cero tratando de encubrir a los asesinos, diciendo que los chicos habían salido a robar, que los disparos no provenían del patrullero, sino de un coche blanco. Y muchas otras cosas que estuvieron haciendo para justificar a los asesinos», opinó Aguilar sobre la actuación del fiscal Tahtagián.

En tanto, durante este sábado a la mañana, los familiares de Lucas Verón organizaron una manifestación en la intersección de ruta 3 y Federico Russo, en Villa Scasso, en la que participaron organizaciones de derechos humanos y donde se pidió «justicia por Lucas y por todos los pibes asesinados por la policía».

«Está bueno para nosotros porque nos hace sentir acompañados. Es un orgullo que todo el mundo acompañe a pedir justicia en el nombre de nuestro hijo», afirmó Graciela.

La madre de Verón sostuvo que tiene presente a su hijo «todos los días» y que tiene «los mejores recuerdos».

«Éramos muy compañeros. Es el más chiquito de sus tres hermanos. Era mi mundo para mí. Me dejó la casa vacía», relató en llanto y añadió que su hijo era «muy trabajador», y que su pasión era «arreglar autos» y «hacer trabajos de carpintería»

«Lo recuerdo con su sonrisa, sus chistes. En su físico no está, pero está presente en todo», concluyó la mujer.

La madre de Lucas dijo que recuerda el asesinato «cada minuto»

La madre de Lucas Verón, el joven que en su cumpleaños fue asesinado de un balazo por policías bonaerenses durante una persecución injustificada en el partido de La Matanza, dijo que recuerda el asesinato de su hijo «cada minuto» y que tiene «el alma y el corazón destrozados».

«Está todo el tiempo en mi cabeza, no se puede describir con palabras. A veces no logro distraerme. Sigo sin comprender el por qué. Tengo el alma y el corazón destrozados», contó con congoja Graciela, que vive a dos cuadras de la escena del crimen.

En ese sentido, la mujer dijo que le «duele mucho» cada vez que pasa por la esquina donde murió su hijo, aunque junto a amigos y familiares construyeron una ermita donde colocaron ropa y fotos de Lucas.

«‘La casita de Luqui’ la llaman todos. Ahí tiene su lugar, sus fotos. Los amigos van y se toman algo ahí con él. Todo el tiempo. Es una forma de mantenerlo presente. En su físico no está, pero está presente en todo», resaltó Graciela.

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