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Atucha II cumple 10 años desde su puesta en marcha, un punto alto en la capacidad nuclear del país

Tras cinco años de reinicio del proyecto, el 28 de septiembre de 2011 la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, dio inicio al proceso de Puesta en Marcha de la Central, un suceso que marcó un hito en el espectro científico, tecnológico e industrial.

La Central Nuclear Atucha II cumple este martes 10 años desde su puesta en marcha, un suceso que marcó un hito ya que permitió por primera vez concretar el diseño y la construcción de un proyecto de gran envergadura y valorizar todo el espectro científico, tecnológico e industrial asociado al campo nuclear que permitirá la continuidad de su desarrollo.

La planta, que se encuentra sobre la margen derecha del río Paraná, en la localidad de Lima, en el partido bonaerense de Zárate, inyecta 745 Mw al sistema eléctrico nacional en la actualidad, tuvo en 1982 la colocación de su piedra basal, tras lo cual en 1994 se paralizó por problemas presupuestarios y en el marco de un fallido intento de privatización.

Luego la construcción de la obra se reactivó en 2006.

El entonces presidente Néstor Kirchner, cuyo nombre hoy lleva la central, demandó un proceso de revisión y evaluación económica y técnica que estuvo a cargo del José Luis Antúnez, el actual presidente de la empresa Nucleoelétrica, y con la participación de su actual vicepresidente Jorge Sidelnik, por entonces a cargo del estudio de factibilidad y de la provisión de elementos combustibles.

Tras cinco años de reinicio del proyecto, el 28 de septiembre de 2011 la presidente Cristina Fernández de Kirchner, dio inicio al proceso de Puesta en Marcha de la Central, que consistió en la prueba y verificación individual de cada uno de los 566 subsistemas, para luego verificar el funcionamiento de cada sector de la misma, proceso que culminó con la puesta en funcionamiento del reactor, la producción de vapor y generación de energía eléctrica.

«Esa fecha determinó que se había culminado la construcción y empezaba la puesta en marcha de equipos de sistemas y de funcionamiento global con la puesta a crítico, es decir un hecho fundamental, porque permite ver que todos los componentes funcionan correctamente», dijo Sidelnik en diálogo con Télam desde la sede de la empresa.

Para avanzar en la finalización de las obras, tras 12 años de paralización y como parte del Plan Energético Nacional, el país debió suplir la ausencia del contratista y proveedor original que era la empresa Siemens KWU que a esa altura se había retirado del negocio nuclear y asumir el rol de diseñador y constructor al originalmente previsto de operador.

«El proyecto lo tuvo que tomar la Argentina, y eso resultó un salto cualitativo para toda la industria nuclear en el país ya que debió realizar el diseño y montaje de toda la central con las actualizaciones tecnológicas necesarias y avanzar en la fabricación de elementos combustibles», explicó Sidelnik.

La central había quedado paralizada con un avance físico del 80% en forma global, con un desarrollo de la obra civil que llegaba al 90% y la adquisición de suministros que superaba el 95%, lo que obligó a revisar todos lo proyectado sino también a la formación de nuevas capacidades de empresas contratistas y de personal especializado que demandó un pico de 7.200 personas.

Por un lado, se tuvo que convocar a los expertos retirados y convencer a las nuevas generaciones de profesionales para embarcarse en el proyecto tras varios intentos frustrados en las dos décadas previas,. pero la pérdida de capacidades técnicas e industriales durante los 90 obligó a recuperar funciones tan elementales como las de los soldadores especializados, que hubo que formar de cero.

«La Argentina empezó a aprender a operar centrales nucleares con Atucha I y Embalse – como parte de un plan de desarrollo que había comenzado a mediados del siglo pasado con la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA)- pero logró dar el salto para construir y montar centrales con Atucha II, base de lo que hoy nos animamos a realizar a futuro», aseguró el vicepresidente de Nasa.

Es que tanto la experiencia de la finalización de la tercera central nuclear, como la extensión de vida de Embalse, en Córdoba, y las obras realizadas en casi 50 años de Atucha I, permitieron dominar la tecnología de uranio natural y de agua pesada, base del actual proyecto nacional para el sector.

La Argentina está embarcada en la construcción de una cuarta central con tecnología de uranio enriquecido y financiamiento chino que el gobierno de Mauricio Macri decidió concretar llave en mano.

A la vez la estrategia comprende la decisión de llevar adelante una quinta central con diseño y construcción propia, con el apalancamiento de la industria y mano de obra nacional.

Además, de las tareas propias de la finalización de obras se tuvo que reactivar la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP) en Arroyito, Neuquén, para producir las 600 toneladas de agua pesada para el proyecto y ampliar las capacidades operativas para la producción local del combustible en las plantas de Combustibles Nucleares Argentinos (CONUAR), Fabricación de Aleaciones Especiales (FAE) y Dioxitek.

El proyecto integral implicó así, la reactivación de la cadena de valor de la industria nuclear nacional que una vez lograda la primera criticidad en junio de 2014 y la sincronización al Sistema Interconectado Nacional, un proceso discontinuado a partir de diciembre de 2015.

Los desafíos de Atucha II que permitieron formar empresas y expertos en obras nucleares

Las obras de finalización de la Central Nuclear Atucha II representó no sólo un desafío casi inédito en cuanto al desarrollo de la ingeniería y la tecnología nacional, sino también en el despliegue de una capacidad industrial que demandó calificar a 25 empresas locales para obras nucleares, formar a 36.000 personas, y coordinar 15.000 contratos y órdenes de compra.

La tercera central nuclear argentina, que mañana cumple 10 años de su puesta en marcha, requirió tras dos décadas de paralización que se realizaran cerca de 300.000 actividades entre las obras de ingeniería, construcción y montaje pertinentes, con la emisión de 15.000 contratos y órdenes de compra.

Durante la suspensión del proyecto, se conservaron 40.000 ton de componentes, 126.000 documentos de ingeniería y 85 depósitos, los que tuvieron que ser reinventariados para su posterior integración como si se tratara de un mecano gigante, como describen en la empresa Nucleoeléctrica al recordar el proceso.

La magnitud de la obra se refleja también en el montaje de 40.000 toneladas de componentes (3.300 ton en el reactor y 2.700 ton en el turbogrupo) y la utilización en obra de 190.000 m3 de hormigón, 31.000 ton de acero, 1.900 ton de cañerías y 3.000 kilómetros de cables.

En el proceso se realizaron 700.000 soldaduras, se utilizaron 42 millones de horas hombre de construcción y montaje, una dotación promedio 4.000 personas con un pico de 7.200 obreros vinculados directamente en el proyecto.

Además se capacitaron a 35.958 personas, de los cuales 2.240 se orientaron a recuperar soldadores calificados en la escuela del sitio; se reconvocaron a 800 especialistas que se habían alejado producto del desmantelamiento del sector, y se sirvieron 5 millones de platos de comida en los comedores de obra.

En cuanto a los proveedores, se calificaron a 25 empresas nacionales para obras nucleares, más de 100 empresas calificadas para provisiones externas y 5 talleres de mecanizado calificados en la zona de influencia de la central.

Atucha II había comenzado la construcción en 1982 y tras un avance a distintas velocidades atadas siempre a las dificultades de financiamiento se paralizó 1994, a partir de cuando atravesó un intento de privatización junto a Atucha I y Embalse.

En 2006, bajo la presidencia de Néstor Kirchner se reinician las obras para la finalización de la central, en 2011 se concluyen las obras de montaje y se inician las pruebas para su puesta en marcha.

En 2014: la central logra la primera criticidad el 3 de junio, y el 27 de ese mismo mes se sincroniza el generador al Sistema Interconectado Nacional, para el 26 de mayo de 2016 obtener su licencia de operación comercial, a 32 años de su inicio de obra.

 

Atucha II iniciará un proceso de optimización y cambio de combustible a uranio levemente enriquecido

La Central Nuclear Atucha II iniciará el año próximo una serie de obras que le permitirán operar con mayor eficiencia, lo que obligará a algunas paradas prolongadas, a la par que se encarará un cambio de combustible de uranio natural a uranio levemente enriquecido.

A diez años de la puesta en funcionamiento de la central que lleva el nombre del ex presidente Néstor Kirchner, la empresa operadora Nucleoeléctrica SA (NASA) prevé las obras que requerirá el reactor para su optimización y aggiornamento a la nueva tecnología existente.

El vicepresidente de NASA, Jorge SIdelnik, explicó -en diálogo con Télam- que Atucha II tiene «algunas modificaciones que realizar que no hacen a la seguridad de la operación pero sí a la necesidad de aggiornarse para un mejor funcionamiento», que fueron acordadas con la Autoridad Regulatoria Nuclear para ser realizadas en 2022 y 2023.

«Se trata de aspectos menores o debilidades encontradas cuya superación permitirá un mejor funcionamiento para operar con un promedio de 85% de su potencial de los 745Mw netos, como ocurre con centrales de su tipo», explicó el vicepresidente de NASA, quien detalló que esos trabajos se realizarán en «paradas programadas de 3 o 4 meses».

Se trata de períodos prolongados para las paradas de mantenimiento normales de las centrales nucleares argentinas que pueden oscilar entre las 6 y 8 semanas, pero que «permitirán realizar mejoras de tecnología con desarrollo de robótica y herramentales, a partir de experiencias ya logradas en Atucha I», la central que se encuentra pronta a cumplir 50 años de vida.

A la vez, Sidelnik adelantó que también «se están haciendo obras para analizar los combustibles gastadas y hacer un repositorio transitorio» y se proyecta «cambiarle el combustible para optimizarlo con uranio levemente enriquecido»

De esta manera, Atucha II «dejará de utilizar uranio natural de 0,7 de uranio 235, para pasar a 0,85 de uranio como tiene Atucha I lo que mejora la performance de combustible y demandar menos lugar en piletas y residuos y optimizar la gestión en general».

«Se trata de un proceso de 4 o 5 años para contar con el núcleo lleno de combustible de uranio levemente enriquecido», en una central cuya vida útil programada se extiende por los próximos 50 años, a lo que deberá sumarse una extensión de vida útil que podría llevar ese plazo hasta los 80 años.

Nucleoeléctrica también inició el proceso de extensión de vida útil de Atucha I, el cual deberá parar su generación en 2024 -fecha en que cumplirá 50 años de puesta en marcha- para sumar al menos otros 20 años de operaciones.

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