Opinión

Realidades y transiciones energéticas | Por: Haitham Al Ghais

Hay un reenfoque en las realidades energéticas cotidianas que viven miles de millones de personas. Sí, todos queremos energía con menores emisiones. Esta es una realidad.

La transición energética, como concepto, se encuentra sumamente necesitado de una transición. Debemos orientarnos más allá de la visión miope de que lo anterior se trata exclusivamente de la sustitución de fuentes de energía, de que los hidrocarburos deberían quedar relegados en el pasado y de que las recientes preocupaciones reales expresadas por consumidores de energía de todo el mundo sobre las vigentes estrategias de transición son problemas temporales.

En los últimos años, ha habido una gran discusión entre los responsables de las políticas sobre el escenario prescriptivo de “Cero emisiones netas para 2050” de la Agencia Internacional de Energía (AIE). Muchas iniciativas ambiciosas han aprovechado este escenario, pero existe suficiente evidencia de que varias de estas políticas están ahora siendo retiradas y reconsideradas.

Hay un reenfoque en las realidades energéticas cotidianas que viven miles de millones de personas. Sí, todos queremos energía con menores emisiones. Esta es una realidad. Pero también queremos garantizar una energía fiable y asequible, que dinamice el crecimiento económico, así como mejorar la accesibilidad a la energía para todos.

Reevaluaciones en curso

Hay varias razones para estas reevaluaciones en desarrollo.

En primer lugar, tecnologías como la solar, la eólica y los vehículos eléctricos (EV) no están reemplazando a los hidrocarburos a ninguna escala real. Si bien estas alternativas desempeñarán un papel en el futuro, la proporción de los hidrocarburos en la matriz energética mundial actual supera el 80%, un nivel similar al registrado hace 30 años. La energía eólica y solar combinadas representan menos del 4% de la energía producida globalmente, y la penetración mundial de los vehículos eléctricos oscila entre el 2% y el 3%. Todo esto, a pesar de que se han invertido más de 9,5 mil millones de dólares en la “transición” durante las últimas dos décadas.

El curso de la historia ha demostrado que las transiciones energéticas tardan siglos en configurarse y estas se han enfocado en involucrar nuevas energías, no en limitar o cercenar otras fuentes. Las transiciones anteriores estuvieron impulsadas por la tecnología, y las políticas se ajustaron conforme a dichos avances. Hasta la fecha, esta transición actual ha sido impulsada por políticas, con la esperanza de que la tecnología eventualmente se ponga al día.

Desafíos de costos y competitividad

En segundo lugar, los costos y la competitividad de muchas de estas alternativas continúan siendo un desafío. Los costos de las energías renovables se han reducido, pero si se toman en cuenta los problemas de intermitencia, el costo nivelado de la electricidad “total” proveniente de la energía solar es más de siete veces mayor, y de la eólica, hasta 15 veces mayor, en comparación con el de plantas de energía convencionales. Además, los reportes sobre las luchas por la rentabilidad de muchas compañías de energías renovables son testimonio de sus desafíos económicos.

En el caso de los vehículos eléctricos, el precio de mercado promedio ponderado por volumen de los vehículos eléctricos en EE. UU. y en Europa es más alto que el de los modelos a gasolina y diésel, incluso considerando que los vehículos eléctricos se encuentran fuertemente subsidiados. Este tipo de subsidios no pueden durar para siempre. Muchos fabricantes de automóviles también están reduciendo o retrasando sus planes de producir vehículos eléctricos, y algunos se han declarado en bancarrota. Claramente, el revuelo en torno a los vehículos eléctricos está desvaneciéndose, a medida que los consumidores muestran una preferencia por seguir manejando opciones de vehículos de los cuales disponer, y a medida que aumentan los considerables desafíos alrededor de las redes de distribución eléctrica, la capacidad de fabricación de baterías y los minerales críticos.

Sobre los minerales críticos en particular, los desequilibrios entre la capacidad de procesamiento y la concentración de reservas presentan desafíos importantes, como cuellos de botella en cadenas de suministro, oscilaciones de precios y tensiones geopolíticas. Además, la minería es una actividad que consume mucha energía y que hoy funciona con hidrocarburos. De hecho, los estudios muestran que el consumo de energía final en las actividades mineras podría aumentar más de cinco veces hacia mediados de siglo.

Necesidades de los países en desarrollo

En tercer lugar, miles de millones de personas están intentando ponerse al día en términos de energía. El consumo de petróleo en los países en desarrollo oscila actualmente entre menos de uno y poco menos de dos barriles por persona al año, en comparación con nueve en la Unión Europea y 22 en los Estados Unidos. Estos países necesitarán más energía en el futuro próximo, no menos. No podemos esperar alternativas costosas cuando ya existen opciones de hidrocarburos confiables, seguras y asequibles a gran escala, las cuales continúan brindando prosperidad al mundo desarrollado.

Y en cuarto lugar, las energías renovables y los vehículos eléctricos no tienen exclusividad en cuanto al uso de tecnologías de energía limpia ni de mejoras en eficiencia. La industria petrolera también se encuentra promoviendo el uso eficiente e invirtiendo en tecnologías para reducir emisiones, como la captura, utilización y almacenamiento de carbono, la captura directa de aire, la eliminación de dióxido de carbono y el hidrógeno limpio, además de invertir en energías renovables.

Repensando ciertos valores

Puede que todo esto genere algunas conversaciones incómodas, pero las posturas de pensamiento asumidas como inamovibles sobre la transición energética merecen un replanteamiento serio.

Se hace fundamental dejar de categorizar las fuentes de energía como buenas o malas.

Debemos reflejar las realidades sobre el terreno y dejar de lado la narrativa equivocada de que no hay necesidad de nuevos yacimientos de petróleo y gas natural. Dado que la demanda de petróleo y gas continúa aumentando a niveles históricamente altos, dicha alternativa no es una manera prudente, ni mucho menos estable para avanzar en pro de garantizar la seguridad energética global.

Necesitamos un enfoque orientado hacia la inversión en todas las fuentes de energías y todas las tecnologías, asumiendo las necesidades de millones en todo el mundo, cumpliendo tanto con nuestros objetivos de seguridad energética como con los objetivos en materia climática. Es necesario conectar todos los puntos, no sólo unos pocos. Nuestras ambiciones energéticas y climáticas requieren políticas realistas que garanticen la reducción de emisiones, mientras que los pueblos del mundo tengan acceso a productos y servicios energéticos asequibles esenciales para vivir una vida digna.

Su Excelencia Haitham Al Ghais es secretario general de la OPEP y ha liderado la organización de naciones productoras de petróleo desde el 1 de agosto de 2022.
Con más de 30 años de experiencia en el mercado petrolero, ha ocupado puestos clave de alta dirección para Kuwait Petroleum Corp. (KPC) en Kuwait y en todo el mundo. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

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