El Auditorio Nacional del Palacio Libertad (ex CCK) se convirtió ayer en el escenario de una nueva puesta en escena del presidente Javier Milei. Bajo la premisa de un debate sobre la obra de John Maynard Keynes, el mandatario desplegó una narrativa que osciló entre el tecnicismo académico y la descalificación política, ante un público compuesto mayoritariamente por ministros, legisladores y militantes.
Durante su alocución, Milei no ahorró epítetos negativos para referirse al economista británico. Lo definió como un «genio del mal» y calificó a su obra cumbre, la Teoría General, como un «engendro» y una «obra monstruosa» que, según su visión, ha causado daños profundos a la economía mundial durante décadas.
La batalla contra el multiplicador y la tasa de interés
El eje técnico del discurso se centró en la impugnación de los pilares del pensamiento keynesiano. Milei criticó duramente el concepto del «multiplicador del gasto«, calificándolo de «magia» y de violación a la restricción presupuestaria. Para el presidente, este mecanismo es el que seduce a «políticos corruptos y mesiánicos» para justificar el gasto público y el déficit.
Asimismo, Milei cuestionó la determinación keynesiana de la tasa de interés. Mientras que para Keynes esta depende de la preferencia por la liquidez, Milei —alineado con la escuela austríaca— sostuvo que la tasa es un precio relativo que vincula bienes presentes con futuros, determinado por la preferencia temporal y no por la cantidad de dinero. Según el mandatario, esta «aberración teórica» es la base de las crisis inflacionarias que ha padecido Argentina.
Implicancias políticas: de la teoría al «fascismo»
La nota más crítica de la jornada llegó hacia el final, cuando Milei vinculó directamente las propuestas de intervención estatal de Keynes con los regímenes totalitarios del siglo XX. Al leer fragmentos del capítulo 24 de la Teoría General, el presidente afirmó que la búsqueda de una «socialización de las inversiones» es, en última instancia, la antesala del nazismo y el fascismo.
«Él quiere controlar toda la demanda y deja los medios de producción en manos de empresarios que se terminan convirtiendo en meros gerentes; eso tiene nombre y apellido: se llama Hitler y Mussolini«, sentenció Milei. Esta equiparación eleva la apuesta retórica del Gobierno, situando cualquier matiz de intervención económica en el terreno de la autocracia.
Datos propios y defensa del ajuste
En un tramo dedicado a la coyuntura nacional, el presidente defendió lo que denominó «el ajuste fiscal más grande de la historia«. Afirmó que, gracias a su gestión, la pobreza —en una medición de frecuencia mensual que no suele ser la estándar de los organismos oficiales— habría bajado del 57% al 28%.
Sin embargo, estos datos contrastan con la percepción de diversos sectores sociales y territoriales, especialmente en provincias como Entre Ríos, donde el impacto de la quita de subsidios y la caída de la actividad económica se siente con fuerza. Milei atribuyó la diferencia entre sus datos y la percepción pública a la acción de «periodistas y medios de comunicación corruptos«.
El contrapunto de De Pablo
El encuentro contó también con la participación del economista Juan Carlos de Pablo, quien aportó una visión más pragmática. De Pablo contextualizó la obra de Keynes como la respuesta de un «hombre de acción» ante la crisis de 1930, una época donde la desocupación alcanzaba el 25% en las potencias centrales. Aunque coincidió en que la inspiración keynesiana no sirve para los problemas de la Argentina de 2026, evitó las descalificaciones personales que caracterizaron el discurso presidencial.

