En una reciente entrevista concedida al programa Caballero de Día por Somos Radio AM 530, conducido por Roberto Caballero, el referente del Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) La Plata, Ernesto Alonso, manifestó su profundo repudio ante las declaraciones del actual titular de la cartera de Defensa, quien calificó el hundimiento del crucero General Belgrano como un «acto de guerra» y no como un crimen. Alonso fue tajante al señalar que esta postura ignora deliberadamente los hechos históricos y jurídicos, afirmando que «que te metas con la historia y te burles de la historia y también de aquellos que dieron su vida en el marco de lo que fue el hundimiento del Belgrano me parece mucho».
Fuera de la zona de exclusión: un blanco político, no militar
La controversia no es solo semántica, sino que toca las fibras de la responsabilidad internacional de Gran Bretaña. Alonso recordó que, al momento del ataque el 2 de mayo de 1982, el crucero navegaba fuera del área de conflicto delimitada por Londres y que «el crucero general se encontraba rumbo hacia el sur a la hacia la Isla de los Estados a unos 360 km fuera de esa zona de exclusión». Esta ubicación, sumada a la vigencia de gestiones de paz encabezadas por el presidente peruano Fernando Belaúnde Terry, refuerza la tesis del crimen de guerra, ya que la decisión de Margaret Thatcher buscó, según el entrevistado, dinamitar cualquier salida negociada.
Para el referente del CECIM, el hundimiento respondió a una necesidad política interna del Reino Unido antes que a una urgencia estratégica en el Atlántico Sur. Alonso explicó que la decisión fue funcional a la administración británica de la época y que «la guerra de Malvinas ahí a la al país que le vino como anillo al dedo al imperialismo fue a Margaret Thatcher». En este sentido, denunció que la persistencia de los altos mandos militares argentinos en defender la legalidad del ataque busca proteger su propia imagen institucional, continuando una lógica de «cuota de sacrificio» impuesta desde la última dictadura cívico-militar.
La herencia de la dictadura y la «matriz negacionista»
El análisis de Alonso no se limitó al pasado, sino que vinculó estas declaraciones con una estrategia actual de «desmalvinización» y negacionismo que atraviesa al gobierno de Javier Milei. Según el excombatiente, existe un intento por sostener que el conflicto fue una gesta patriótica impecable para evitar rendir cuentas por las torturas y vejámenes sufridos por los propios soldados argentinos a manos de sus oficiales. Al respecto, denunció una «matriz negacionista que por supuesto en este gobierno están en su propia salsa», señalando a la vicepresidencia como el «mascarón de proa» de estos sectores.
Esta visión oficialista se traduce, según el autor, en una contradicción flagrante entre el discurso de «heroísmo» y la realidad material de los veteranos. Alonso criticó que, mientras se rinden honores a figuras extranjeras, se mantienen deudas históricas con los soldados, destacando que «llevamos 44 años de cosas que tendrían que haber sido resueltas hace muchos años como el tema de vivienda». La falta de políticas crediticias accesibles en la banca pública para este sector es, para el CECIM, otra prueba del desinterés estatal por quienes efectivamente pusieron el cuerpo en el territorio.
Soberanía en jaque y alineamiento externo
Finalmente, la nota advirtió sobre las implicancias territoriales del actual alineamiento geopolítico de la Argentina con los Estados Unidos y el Comando Sur. Alonso alertó que el país está volviendo a la doctrina de la seguridad nacional, utilizando a las Fuerzas Armadas para fines ajenos a la defensa nacional tradicional. En este marco, sostuvo que se está «alineándonos como patio trasero de los Estados Unidos», bajo una gestión que, en sus palabras, rinde «pleitesía constante a todos aquellos jefes y jefas del Comando Sur que vienen a nuestro territorio» para usufructuar los recursos naturales.
Desde esta perspectiva crítica, el hundimiento del Belgrano no es un debate cerrado, sino una herida abierta que se profundiza con la falta de autocrítica de las fuerzas armadas sobre su actuación en el continente y en las islas. Alonso concluyó reafirmando que no hubo una derrota del pueblo, sino de una estructura militar que aún hoy se niega a reconocer que «los que murieron allí fueron los pibes, 323 muertos en ese crimen de guerra».

