El escenario laboral en Argentina muestra signos de agotamiento. Según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondientes al cuarto trimestre de 2025, la tasa de desocupación se ubicó en el 7,5%, lo que representa un incremento frente al 6,4% registrado en el mismo período del año anterior.
Esta suba implica que, en los 31 aglomerados urbanos, cerca de 1,1 millones de personas buscan trabajo sin encontrarlo. El dato quiebra una tendencia de relativa estabilidad y enciende alertas sobre la capacidad del sistema productivo para absorber la demanda laboral en un contexto de estancamiento económico.
La juventud en la línea de fuego
El análisis desagregado expone una brecha generacional crítica. El segmento de jóvenes de 14 a 29 años es el más afectado. Para las mujeres, la desocupación alcanzó el 16,8%, mientras que en los varones fue del 16,2%.
En términos interanuales, el desempleo juvenil subió con fuerza: +3 puntos en mujeres y +3,7 puntos en varones. Estas cifras contrastan con la estabilidad en las edades centrales (30 a 64 años), lo que evidencia mayores barreras de ingreso al primer empleo.
El mapa regional: desigualdades persistentes
Desde una mirada federal, se mantienen las asimetrías territoriales. El Gran Buenos Aires presenta la mayor tasa de desocupación (8,6%), seguido por la región Pampeana (7,7%).
En Entre Ríos, los dos aglomerados relevados muestran realidades distintas. Concordia registró un 5,6% de desocupación, mientras que el Gran Paraná marcó un 4,1%. Sin embargo, en Concordia el dato clave es la subocupación (12,4%), que refleja una precariedad laboral más profunda que la que muestra el desempleo abierto.
Informalidad: el núcleo del problema
La calidad del empleo sigue siendo la gran deuda. La informalidad laboral alcanza el 43,0%, afectando a 5,8 millones de trabajadores sin aportes ni cobertura social.
De los 13,5 millones de ocupados, el 28,5% son no asalariados (principalmente cuentapropistas), un segmento con mayor vulnerabilidad económica. Además, un 16,5% de los ocupados es demandante, es decir, necesita buscar otro empleo para sostener sus ingresos.
Las implicancias son claras: el mercado laboral no solo expulsa trabajadores, sino que también genera empleo insuficiente y precario. La presión total —entre desocupados y ocupados demandantes— ya alcanza al 30,0% de la población económicamente activa, consolidando un escenario de fragilidad estructural.

