A 44 años del inicio del conflicto bélico en el Atlántico Sur, la República Argentina ratifica su reclamo imprescriptible sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. La historia del archipiélago combina derechos heredados, episodios de resistencia popular y una herida abierta por la guerra de 1982.
La usurpación de 1833: El inicio del conflicto en el siglo XIX
La presencia argentina en las islas se remonta a la herencia de los títulos españoles bajo el principio de uti possidetis juris tras la independencia de 1810. El 6 de noviembre de 1820, el marino David Jewett tomó posesión formal de las islas en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Posteriormente, en 1829, se creó la Comandancia Política y Militar con Luis Vernet al frente.
Sin embargo, el 3 de enero de 1833, la corbeta británica HMS Clio, comandada por John James Onslow, expulsó por la fuerza a las autoridades y pobladores argentinos. El teniente José María Pinedo, superado en potencia de fuego, no ofreció resistencia y se retiró hacia Buenos Aires, consumando el despojo que Argentina nunca consintió.
El factor estadounidense: De la fragata Lexington al apoyo a Londres
La intervención de los Estados Unidos fue un antecedente clave que debilitó las defensas argentinas antes de la invasión británica. En diciembre de 1831, la fragata USS Lexington, al mando de Silas Duncan, atacó Puerto Soledad en represalia por la captura de pesqueros norteamericanos que operaban ilegalmente. El ataque destruyó fortificaciones, saqueó bienes y provocó la huida de gran parte de la población.
Durante la guerra de 1982, el rol de Estados Unidos fue determinante al abandonar su neutralidad inicial para asistir militarmente al Reino Unido. Washington proporcionó información satelital de inteligencia, armamento avanzado como misiles Sidewinder y el uso de la base aérea en la Isla Ascensión.
Antonio Rivero: El peón heroico de la resistencia gaucha
En agosto de 1833, a meses de la ocupación británica, estalló una rebelión liderada por el gaucho entrerriano Antonio Rivero. Junto a otros siete peones y charrúas, Rivero se alzó contra los capataces de Vernet que colaboraban con los ocupantes y contra el sistema de pago con vales devaluados.
Los sublevados arriaron la bandera británica e izaron la enseña nacional, manteniendo el control de las islas durante cinco meses hasta ser capturados por la HMS Challenger en enero de 1834. Aunque la historiografía oficial británica los tildó de criminales, el revisionismo histórico argentino reivindica a Rivero como el primer combatiente por la soberanía en las islas. Según diversas fuentes, Rivero habría muerto años después luchando contra los ingleses en la Batalla de la Vuelta de Obligado.
Operativo Cóndor: El grito de soberanía en 1966
El 28 de septiembre de 1966, un grupo de 18 jóvenes militantes, encabezados por Dardo Cabo y María Cristina Verrier, secuestró un avión de Aerolíneas Argentinas para aterrizar en las Malvinas. La acción, denominada Operativo Cóndor, buscaba denunciar el colonialismo británico aprovechando la visita del príncipe Felipe de Edimburgo a la Argentina.
Durante 36 horas, los «Cóndores» hicieron flamear siete banderas argentinas en Puerto Stanley, al que rebautizaron como Puerto Rivero. El grupo se entregó finalmente al cura católico Rodolfo Roel y al comandante del avión, rechazando rendirse ante las autoridades británicas. Al regresar al continente, cumplieron penas de prisión en Tierra del Fuego.
Guerra de Malvinas: 74 días que marcaron la historia
La recuperación militar de las islas comenzó el 2 de abril de 1982 mediante la «Operación Rosario», una acción anfibia incruenta decidida por la Junta Militar. La dictadura, asediada por una profunda crisis económica y social, buscó en la causa Malvinas una forma de legitimación interna.
El conflicto duró 74 días y se caracterizó por el valor de los soldados argentinos frente a una de las potencias navales más grandes del mundo. La guerra culminó el 14 de junio de 1982 con la rendición argentina en Puerto Argentino. El saldo trágico fue de 649 militares argentinos muertos, 255 británicos y tres civiles isleños.
Crucero General Belgrano: Un impacto fuera de la zona de exclusión
El 2 de mayo de 1982, el submarino nuclear HMS Conqueror hundió al crucero ARA General Belgrano. El ataque se produjo fuera de la Zona de Exclusión Total establecida por los propios británicos, lo que generó denuncias internacionales como un crimen de guerra.
En el hundimiento perdieron la vida 323 tripulantes, casi la mitad del total de bajas argentinas en toda la contienda. Los sobrevivientes enfrentaron condiciones extremas en balsas antes de ser rescatados por unidades de la Armada Argentina en medio de fuertes tormentas.
Solidaridad latinoamericana: La «Patria Grande» junto a la Argentina
El conflicto despertó un sentimiento de unidad regional sin precedentes. Perú fue el aliado más activo, ofreciendo mediación diplomática y enviando aviones Mirage, misiles y armamento de forma secreta. Venezuela también brindó un respaldo contundente a través de movilizaciones populares, paros estudiantiles y apoyo diplomático en foros internacionales.
Países como Brasil, Bolivia, Cuba y Panamá también manifestaron su apoyo, ya sea facilitando logística o mediante el reclamo ante el TIAR y la OEA contra la agresión europea en suelo americano.
Informe Rattenbach y políticas de Estado: De la derrota a la identidad
Tras la guerra, se creó la Comisión de Análisis y Evaluación de las responsabilidades, que produjo el denominado Informe Rattenbach. Este documento, que permaneció secreto durante 30 años, fue lapidario al juzgar la «aventura militar» y la impericia de la conducción estratégica, destacando que el sacrificio de los soldados no fue correspondido por la planificación de sus jefes.
En 2012, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner ordenó la desclasificación del informe. Su gestión elevó la cuestión Malvinas a una prioridad absoluta de la política exterior, creando en 2013 la Secretaría de Asuntos Relativos a Malvinas. Entre sus políticas destacaron la campaña para la identificación de los soldados enterrados como «NN» en el Cementerio de Darwin y la multilateralización del reclamo en organismos como la ONU, CELAC y UNASUR.

