Aunque nunca volvió a su país natal, siempre estuvo involucrado en los debates locales.
El 13 de marzo de 2013, el mundo entero se sorprendió con la noticia de que, por primera vez en siglos de historia, un arzobispo jesuita y latinomericano había sido elegido Papa.
Se trataba de Jorge Mario Bergoglio, quien a sus 77 años eligió el nombre de Francisco en alusión a San Francisco de Asís, emblema del compromiso de la Iglesia Católica con los pobres. Y, desde el primer momento, el argentino marcó diferencias con sus antecesores.
Austeridad
Al igual que lo había hecho en Buenos Aires, cuando todavía era el cardenal Bergoglio, Francisco rechazó toda muestra de ostentación durante su papado.

Así lo dejó en claro desde el día de su asunción como jefe de Estado de El Vaticano, ya que se negó a vestir los lujosos zapatos de cuero y bordados en oro que usaba su antecesor, Benedicto XVI, y que fabricaba el reconocido zapatero italiano Adriano Stefanelli.
En su lugar, Francisco salió a saludar a los cientos de miles de fieles que festejaban en la plaza San Pedro el inicio de su papado, con los humildes y gastados zapatos con los que había viajado desde Buenos Aires, sin saber que sería elegido Sumo Pontífice y que nunca volvería a su ciudad natal.
También decidió vivir en Santa Marta, una casa cuya sencillez contrasta con la opulencia del Palacio Lateranense que solían habitar los papas. Francisco, además, nunca se tomó vacaciones y, de haber podido, habría viajado en transporte público como lo hizo siempre en Buenos Aires.
Rebeldía
El 25 de julio de 2013, solo cuatro meses después de haber comenzado su papado, Francisco ofreció un discurso que impactó en el mundo entero y que marcó el tono que le imprimiría a su gestión al frente de la Iglesia Católica.

«Quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos, las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir, si no salen se convierten en una ONG. Y la Iglesia no puede ser una ONG. ¡Hagan lío!», afirmó durante la Jornada Mundial de la Juventud que se realizó en Río de Janeiro.
Las palabras del Papa se interpretaron como un acto de rebeldía, de urgencia de transformación de una Iglesia envuelta en desprestigio por denuncias de corrupción, abusos sexuales masivos y su distanciamiento de los fieles.
A partir de entonces, pregonó la importancia de la humildad y se consolidó como el primer Papa que intentó transparentar los manejos financieros y políticos de El Vaticano. Hizo lío.

Desigualdad
Francisco siempre hizo honor al nombre que adoptó, ya que condenó con asiduidad la acumulación de la riqueza, defendió a rajatabla la justicia social y denunció el impacto del cambio climático. Se convirtió en el primer papa progresista.
«El dinero y el poder ensucian«, dijo en 2016 a 226 obispos que participaban en la Conferencia Episcopal Italiana. «El desarrollo exclusivista hace que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres», añadió tres años más tarde, en otro discurso. En septiembre de 2024, pidió que los gobiernos impusieran más impuestos a los más ricos para poder distribuirlos entre los pobres.
«El Estado, hoy más importante que nunca, está llamado a ejercer ese papel central de redistribución y justicia social (…) El dios mercado y la diosa ganancia son falsas deidades que nos conducen a la deshumanización y a la destrucción del planeta. La historia lo ha demostrado en muchas y muy tristes oportunidades», advirtió.

Las posiciones de Francisco, que en muchos casos provocaron polémicas, lo fueron alejando de los sectores más conservadores de la Iglesia Católica y de los políticos de la ultraderecha, que avanzaron en los casilleros de poder en la última década y que lo consideraron un adversario.
Sensibilidad
En mayo de 2024, el papa sorprendió al develar aspectos de su vida personal durante la clausura del ‘Encuentro Internacional de Sentido’, que se realizó en El Vaticano y que fue organizado por la fundación Scholas Occurrentes, que él tanto impulsó.
Ahí, un joven le preguntó cuál era su recuerdo más antiguo, a lo que respondió que los almuerzos con su abuela paterna, Rosa Vasallo. «Ahí se hablaba piamontés. Mi primera lengua fue el piamontés. Después aprendí el castellano», dijo al referirse al origen italiano de su familia.
Más tarde, recitó de memoria los primeros versos de Everness, un poema del argentino Jorge Luis Borges: «Solo una cosa no hay, es el olvido / Dios, que salva el metal, salva la escoria / y cifra en su profética memoria / las lunas que serán y las que han sido».
También recordó que, durante su infancia, su padre le leía ‘Corazón, diario de un niño’, un clásico del escritor Edmondo De Amicis, que le permitió introducirse en la literatura, en tanto que su abuela, a quien siempre mencionaba, le hacía repetir fragmento de ‘Los novios’, una novela de Alessandro Manzoni. «El arte te abre mucho, te hace comprensivo y te aligera el corazón», añadió el Papa en una presentación que tuvo un tono inusualmente íntimo.
Argentina
Francisco nunca quiso viajar a Argentina, pero siempre estuvo presente. Líderes que se alternaron el poder en los 12 años que duró su papado se disputaron sus favores y trataron de usarlo políticamente.
Mientras fue el cardenal Bergoglio, es decir, la figura eclesiástica más importante del país, se erigió en opositor a los expresidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Por eso, cuando fue elegido Papa, los antikirchneristas celebraron.
Pero se llevaron una sorpresa. Bergoglio recibió en siete ocasiones a Fernández de Kirchner, se mantuvo cercano a los movimientos populares del país (y del resto del mundo).
El Papa se negó a regresar a Buenos Aires a sabiendas de que su presencia sería usada políticamente y abonaría a la polarización. En cambio, priorizó viajes a otros países de la región, como Brasil, Paraguay, Bolivia, Chile y Colombia. En cada gira se especuló con la posibilidad de una escala en Argentina que, finalmente, nunca se cumplió.
Los 10 momentos emotivos en los que el papa Francisco quebró el molde
El sumo pontífice de la Iglesia Católica se destacó por actuar por fuera de los protocolos del Vaticano y por acercarse más a la gente.
Desde que asumió el Pontificado en marzo de 2013, el argentino Jorge Bergoglio, más conocido como el papa Francisco, protagonizó momentos emotivos y sorprendentes para el cargo que ocupó hasta su muerte, por tener una personalidad que lo llevó en muchos casos a desligarse del protocolo.
Sus palabras y sus gestos al frente del Vaticano dieron que hablar, sobre todo por su sencillez a la hora de mantener encuentros tanto con sus fieles como con personalidades reconocidas mundialmente. Distante de toda pompa y ostentación, Bergoglio dio un vuelco a una institución que en los ocho años anteriores se había caracterizado por problemas y escándalos.
También pronunció discursos disruptivos para la historia de la Iglesia católica. Especialmente por su compromiso y cercanía con los pobres y los enfermos, sus críticas al consumismo y al capitalismo, sus mensajes a la comunidad LGBT*, y el cuestionamiento de las conductas de los propios miembros de la iglesia.
Cerca de la gente
Algunas de las escenas más emotivas y recordadas de Francisco ocurrieron durante su primer viaje fuera de Roma. En Río de Janeiro, Brasil, el sumo pontífice encabezó la Jornada Mundial de la Juventud, en julio de ese año inicial de su papado.
Allí, un niño salió de entre la gente al paso del papamóvil mientras se dirigía al Palacio Arzobispal de Río. El personal de seguridad le permitió llegar hasta el Papa, quien lo abrazó mientras el pequeño lloraba emocionado.
«Santidad, quiero ser sacerdote de Cristo, un representante de Cristo«, le dijo el pequeño de 9 años, luego identificado como Nathan de Brito. En la actualidad, De Brito es postulante de la Orden de los Hermanos Menores de Rondonópolis, en Mato Grosso del Sur.
📸Nathan de Brito o menino que abraçou o Papa na JMJ Rio, entrou para a vida religiosa. Em 2013 Nathan tinha 9 anos de idade, na época a foto do menino com o Papa ficou famosa em todo o mundo. pic.twitter.com/fjIWaNrCeW
— Observatório Católico (@obscat) May 10, 2022
En noviembre de 2013, durante una audiencia celebrada en la Plaza de San Pedro, Francisco, que acostumbraba a recorrer el lugar a bordo de un papamóvil descubierto para acercarse a la gente, pidió que detuvieran el vehículo para abrazar a un hombre afectado por neurofibromatosis, un trastorno hereditario que provoca serias anomalías en la piel, tumores que se forman en los tejidos nerviosos y graves deformaciones. Aunque la enfermedad no es contagiosa, la apariencia de los enfermos los convierte en víctimas de todo tipo de rechazos. Con esa clase de gestos, el papa ofrecía un mensaje de solidaridad y de comprensión.

Algo similar ocurrió cuando decidió enviarle a una anciana de 80 años 200 dólares como donación reparadora, luego de que la mujer le escribiera una carta relatando que había sufrido un robo en una ciudad italiana cercana a Venecia, cuando acompañaba a un hospital a su esposo enfermo.
Fuera de las reglas
También en el primer año de su gestión en el Vaticano, el papa dejó perplejos a todos los miembros de la Guardia Suiza Pontificia, que protegen la Santa Sede. En otra acción fuera del protocolo, le acercó una silla a uno de los efectivos y le llevó un sándwich, sabiendo que el hombre había estado de pie toda la noche. Bergoglio le pidió al guardia que se sentara, pero este se negó porque debía cumplir las reglas.
«¿Las reglas? Yo soy el papa y le pido que se siente«, le respondió el líder católico. El guardia obedeció y se sentó a comer. «Buen apetito, hermano», le dijo el papa, según reportó la prensa.
La imagen de Bergoglio lavando y besando los pies de reclusos fue frecuente durante su papado. Francisco visitó centros penitenciarios para hombres, mujeres y menores. También lo hizo con refugiados musulmanes y de otras religiones.
El papa lava los pies de 12 reclusas en la celebración de la Misa de La Última Cena del Señor pic.twitter.com/kBRkRLxIxM
— ROME REPORTS (@romereportsesp) March 28, 2024
Otro recordado gesto, esta vez hacia las mujeres lactantes, ocurrió en 2017, cuando el jesuita argentino, durante una ceremonia de bautismo en la Capilla Sixtina del Vaticano, invitó a las madres a que amamantaran a sus bebés «sin miedo«.
El papa bautizó a 28 bebés, 15 niños y 13 niñas, en su mayoría hijos de los trabajadores de la Santa Sede. En determinado momento, algunos de ellos empezaron a llorar. «Ya ha comenzado el concierto«, bromeó Francisco en italiano.
«Como la ceremonia es un poco larga, alguno llora de hambre. Si es así, ustedes, madres, amamántenlos, sin miedo, con toda la normalidad, como la Virgen amamantaba a Jesús», dijo.
El exarzobispo de Buenos Aires dejó otra imagen icónica durante una audiencia general celebrada en 2021, cuando besó el brazo de una sobreviviente del campo de exterminio de Auschwitz, en el mismo lugar donde aparece el número de deportación que le tatuaron los nazis.

El sexo
El sumo pontífice también ha hablado sin tapujos de cuestiones sexuales y otros temas tabú para la Iglesia católica tradicional.
En julio de 2023, respondió un mensaje a una persona transgénero que se cuestionaba si su fe chocaba con su identidad sexual. «Dios nos ama tal como somos», le respondió el papa a Giona, una joven de Portugal que por entonces tenía 20 años.
«El Señor siempre nos acompaña, siempre. Incluso si somos pecadores, él se acerca para ayudarnos», señaló. Además, aconsejó a Giona y otros jóvenes que «no se rindan» y «sigan adelante».
También se animó a expresar ante un grupo de 10 jóvenes que el sexo es «una de las cosas más bellas» que Dios le entregó a la humanidad.
«Expresarse sexualmente es una riqueza», comentó el líder religioso hace dos años, en un documental producido por Disney+. «Cualquier cosa que desvirtúe la expresión sexual real te disminuye y agota esta riqueza«, agregó, haciendo alusión a la masturbación y la pornografía.
En agosto de 2021, en otro sorprendente acto desligado de las reglas de la Santa Sede, Jorge Bergoglio decidió atender su teléfono móvil, a pesar de que estaba en plena audiencia general y ante los feligreses que asistían al evento.
El papa Francisco atendió una llamada telefónica durante una audiencia general sostenida este miércoles en el Aula Pablo VI del Vaticano, sorprendiendo a los feligreses que asistían al evento
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