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La fragilidad del modelo de Milei: el superávit comercial argentino 2025 bajo la lupa

Argentina finalizó el año con un saldo comercial positivo, pero la letra chica del INDEC revela una peligrosa aceleración de las importaciones y una caída en la competitividad de los precios de exportación hacia el cierre del ejercicio.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), bajo la dirección de Marco Lavagna, publicó el cierre del Intercambio Comercial Argentino (ICA) correspondiente a diciembre de 2025. Si bien el superávit comercial argentino 2025 alcanzó los 11.286 millones de dólares, un análisis profundo permite observar tensiones estructurales.

Mientras las exportaciones crecieron un 9,3% anual, las importaciones se dispararon un 24,7%, reduciendo el saldo a favor en comparación con el año anterior.

Esta dinámica sugiere que la economía argentina incrementó su demanda de divisas para compras externas a un ritmo que casi triplica el crecimiento de sus ventas al mundo. Por consiguiente, la aparente solidez del saldo positivo descansa más en un volumen histórico de cantidades exportadas que en una mejora de los precios internacionales, los cuales, de hecho, mostraron un retroceso del 0,6% en el acumulado anual.

Diciembre: la señal de alerta en los precios

Al observar exclusivamente el mes de diciembre, la preocupación analítica aumenta debido al deterioro de los términos del intercambio. El índice que mide la relación entre los precios de lo que Argentina vende y lo que compra bajó un 0,9% interanual. De hecho, si hubieran prevalecido los precios de diciembre de 2024, el país habría obtenido un superávit de 1.951 millones de dólares, lo que implica una pérdida efectiva de 66 millones de dólares por la caída de los precios relativos.

Asimismo, las series desestacionalizadas muestran una señal de agotamiento en el sector exportador. En diciembre, las ventas externas descendieron un 15,0% respecto a noviembre de 2025, marcando una de las caídas mensuales más pronunciadas del año. Sin embargo, el gobierno destaca que se alcanzó el vigésimo quinto mes consecutivo de saldo positivo, aunque la tendencia-ciclo también muestra un ligero retroceso del 0,6%.

Dependencia primaria y el lastre industrial

Otro punto crítico del informe es la persistente dependencia de productos con bajo valor agregado. Las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) y los Productos Primarios (PP) sumaron juntos el 60,4% de las exportaciones totales de 2025. En contraste, la balanza comercial de los productos relacionados con la soja —el principal motor de divisas— aportó 18.495 millones de dólares, evidenciando que la macroeconomía sigue atada a los vaivenes de un solo cultivo.

Por otro lado, el sector industrial continúa siendo el gran consumidor de divisas del modelo. El sector automotriz cerró el año con un déficit masivo de 8.394 millones de dólares, profundizando su saldo negativo en un 147% respecto al año anterior. Este desbalance se explica por un aumento exponencial de las importaciones de vehículos terminados (98,9%) y de chasis y partes (11,9%), mientras que las exportaciones de vehículos de personas cayeron un 24,4%.

Desequilibrios geográficos: el factor China

Finalmente, el análisis por socios comerciales expone una asimetría creciente en la relación con las potencias globales. Argentina mantiene su mayor déficit comercial con China, alcanzando los 8.155 millones de dólares en el año. A pesar de que las exportaciones hacia el gigante asiático crecieron significativamente (61,4%), la inundación de productos chinos en el mercado local (53,9% de aumento en importaciones) neutralizó cualquier avance en la balanza.

En conclusión, el superávit comercial argentino 2025 se sostiene sobre el pilar del campo y una recuperación energética que aportó un saldo positivo de 6.663 millones de dólares en el rubro combustibles. No obstante, el crecimiento desmedido de las importaciones y el déficit crónico de la industria manufacturera plantean interrogantes sobre la capacidad de la economía argentina para retener divisas en el largo plazo. Las autoridades deberán vigilar si la caída de precios en diciembre es un evento aislado o el inicio de un ciclo contractivo para 2026.

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