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A 50 años del golpe, una multitud colmó Plaza de Mayo contra el negacionismo

En una jornada histórica, organismos de derechos humanos y agrupaciones políticas colmaron la Plaza de Mayo a medio siglo del inicio de la dictadura. El reclamo por los 30.000 se transformó en una denuncia activa contra las políticas de ajuste y la reivindicación del terrorismo de Estado por parte del gobierno de Javier Milei.

La memoria como respuesta política al medio siglo del horror

A cincuenta años del inicio de la última dictadura cívico-militar-eclesiástica, una multitud que los organizadores estimaron en más de un millón de personas desbordó la Plaza de Mayo y sus alrededores. La movilización, reflejada en las crónicas de Luciana Bertoia para Página|12 y reportes de teleSUR, operó no solo como un ejercicio de memoria, sino como una respuesta contundente al discurso oficial del gobierno nacional. En este escenario, la vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Buscarita Roa, subrayó la importancia del acompañamiento social al afirmar: “Mucha gente nos acompaña. Yo le agradezco mucho al pueblo argentino porque me ha acompañado”.

La jornada estuvo marcada por una profunda tensión entre la memoria histórica y la provocación institucional. Mientras las calles se poblaban, el Ejecutivo difundía piezas audiovisuales apelando a una «reconciliación» que los organismos interpretan como un eufemismo para la impunidad. Frente a esto, el presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Eduardo Tavani, calificó la presencia masiva como una reacción necesaria: “Las calles repletas son una respuesta contundente a este Gobierno nacional que reivindica el terrorismo de Estado”.

El documento de unidad: entre el genocidio del 76 y el hambre de 2026

En el acto central, se leyó un documento político que vinculó de forma directa el plan económico de la dictadura con el actual modelo de La Libertad Avanza. La narrativa de los organismos de Derechos Humanos, según consignó teleSUR, denunció un proceso de «deshumanización» y entrega de soberanía. En este sentido, el texto leído ante la plaza sentenció: «Aquellos a los que les arrebataron la vida luchaban contra quienes, como hoy, quieren convertir la Argentina en colonia».

La crítica se centró en el desmantelamiento de las políticas estatales de Verdad y Justicia y la intervención en organismos clave como el Banco Nacional de Datos Genéticos. La presidenta de Abuelas, Estela de Carlotto, enfatizó la necesidad de persistir en la búsqueda de los nietos apropiados, señalando los logros obtenidos a pesar del contexto adverso: “Llevamos 140 casos resueltos. ¿Qué les parece?”. Asimismo, exhortó a la sociedad a no claudicar: “Si tienen información sobre un posible hijo de personas desaparecidas, acérquenla. Nunca es tarde”.

Reconfiguración del mapa político y demandas territoriales

La movilización también sirvió como plataforma para reclamos de coyuntura política y social, incluyendo la situación judicial de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Según la cobertura de Eva Moreira, la columna de La Cámpora sumó a la consigna histórica el pedido por su libertad. Durante la marcha, el diputado Máximo Kirchner vinculó la situación judicial con el modelo extractivista y excluyente: “La tiene secuestrada el partido judicial para garantizar el modelo económico”.

Por otro lado, la presencia de sectores que defienden recursos estratégicos añadió una perspectiva territorial a la jornada de memoria. Las banderas en defensa de la Ley de Glaciares y el agua como derecho humano marcaron una agenda de resistencia contra las reformas impulsadas por el FMI. Al respecto, Kirchner advirtió sobre las implicancias de estos modelos: “Estos modelos económicos salvajes que excluyen a la gente potencian las miserias”.

Un cierre con exigencias de lucha y resistencia

Al caer la tarde, la plaza se convirtió en un espacio de exigencia hacia las centrales obreras para profundizar el plan de lucha contra las reformas laborales y el protocolo represivo vigente. La referente de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, Taty Almeida, cerró la jornada con un mensaje directo a la Casa Rosada y a la historia misma. Con la autoridad de cinco décadas de lucha, Almeida reafirmó la vigencia del pañuelo blanco: “No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos. Porque somos el país del Nunca Más”.

Finalmente, la jornada de este 24 de marzo de 2026 demostró que el consenso social sobre los crímenes de lesa humanidad permanece sólido a pesar de los intentos de revisión histórica desde el poder. Como señaló Graciela Lois, presidenta de Familiares de Desaparecidos, al finalizar el acto, la energía de la movilización actúa como un motor de persistencia: “La memoria está presente, aunque quieran borrarla”.

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