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Wado de Pedro vinculó el modelo de Milei con el de Martínez de Hoz

Tras la masiva movilización por el Día de la Memoria, el senador nacional analizó el escenario político actual, denunció una "democracia de baja intensidad" y señaló la vigencia del pacto democrático frente a discursos oficiales.

La memoria como respuesta política al programa oficial

En una entrevista concedida al periodista Roberto Caballero en el programa Caballero de Día por Somos Radio AM 530, el senador nacional Wado de Pedro reflexionó sobre la masividad de la última movilización por el Día de la Memoria, interpretándola no solo como un acto de recordación, sino como un mensaje directo a la actual gestión de gobierno,. Para el legislador, fue «hermoso ver como de generación en generación se sigue manteniendo viva la llama de la memoria» frente a un contexto político que calificó de adverso. La presencia de delegaciones internacionales de Brasil y España subrayó, según su visión, la excepcionalidad de la experiencia argentina en la construcción de una conciencia colectiva sobre los derechos humanos.

El análisis de De Pedro no se limitó a lo simbólico, sino que trazó un paralelismo directo entre la actual administración y la última dictadura cívico-militar en términos de objetivos económicos. Al respecto, sostuvo con firmeza que «Miley representa el modelo económico de Martínez de Hoz», vinculando la desregulación financiera, la destrucción industrial y el retorno al Fondo Monetario Internacional con el plan ejecutado a partir de 1976. Bajo esta premisa, la masividad de la marcha funcionaría como una «respuesta a esta versión de fórmula presidencial negacionista» que integran Javier Milei y Victoria Villarruel.

Tensiones institucionales y la «teoría de los dos demonios»

La confrontación discursiva también se traslada al plano institucional, donde el senador destacó el rol del Congreso como un dique de contención. De Pedro recordó que, frente a los intentos de reinstalar la «teoría de los dos demonios» por parte de figuras como la vicepresidenta Villarruel o la ministra Patricia Bullrich, la Cámara Alta respondió con una mayoría contundente. En este sentido, subrayó que «50 senadores le dijeron que sí a una declaración que claramente decía: queremos continuar con las políticas de memoria, verdad y justicia». Esta mayoría parlamentaria, según el entrevistado, refleja un «Nunca Más en serio» que choca con la ideología de un sector del Ejecutivo que busca «alivianar las condenas de los genocidas».

A pesar de la fortaleza del consenso social sobre el pasado reciente, el senador advirtió sobre las deudas pendientes de la etapa democrática, particularmente en lo que respecta a la autonomía del poder político frente a otros sectores de poder. Según su diagnóstico, el país atraviesa una «democracia de baja intensidad», donde las funciones represivas de antaño han sido reemplazadas por mecanismos de persecución judicial y mediática. De Pedro afirmó que «el rol que tenían antes sectores de las fuerzas armadas hoy se los dieron a sectores del poder judicial», configurando una estructura que, a su juicio, busca proscribir a dirigentes populares.

La reforma judicial como cuenta pendiente

El debate sobre el funcionamiento de la justicia ocupó un lugar central en la entrevista, vinculándolo con la situación procesal de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. De Pedro enfatizó la necesidad de retomar discusiones sobre la democratización del sistema judicial, similares a las planteadas en 2013, para evitar que la justicia funcione «como mafia»,. En este punto, recordó que «cuando Cristina intentó democratizar el poder judicial, intentó tener reglas más modernas (…) se encontró con un freno» por parte de los sectores que hoy sostienen lo que define como proscripción.

Finalmente, el senador insistió en que el desarrollo nacional está ligado a la capacidad de proteger el sistema científico y educativo, factores que considera bajo ataque en el actual modelo. Para De Pedro, la movilización popular es el principal obstáculo frente a la intención oficial de «exterminar al otro» en términos políticos y económicos. Concluyó señalando que la discusión por una democracia plena requiere, indefectiblemente, jueces que «no son para siempre» y que rindan cuentas ante la sociedad, una reforma que considera vital para salir de la intensidad degradada de la política actual.

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