Ernesto Cherquis Bialo: el cierre de una época en la narrativa popular
El periodismo deportivo argentino despide a uno de sus arquitectos narrativos más influyentes. Este viernes 20 de marzo de 2026, a los 85 años, falleció Ernesto Cherquis Bialo tras complicaciones derivadas de un cuadro de leucemia,. Según consigna Página|12, el cronista que supo transmutar el dato deportivo en épica social, fue recientemente reconocido en la Legislatura porteña donde definió su propio oficio: “Soy un contador de historias y las veces que me designaron para hablar con motivo de algún reconocimiento, el sujeto era el otro porque nuestra vida es el otro”.
Su trayectoria profesional, iniciada en 1963, estuvo marcada por el ascenso en la redacción de la emblemática revista El Gráfico. Bajo la dirección de Carlos Fontanarrosa, Cherquis Bialo internalizó una ética de trabajo que priorizaba el vínculo con la audiencia por sobre la frialdad del resultado. Según reconstruye el periodista César Litvak en Infobae, Cherquis solía repetir que la premisa fundamental del medio era “la Ley 1 digamos, era el respeto por sus lectores. Imposible no entenderlo para siempre». Esa filosofía lo llevó a dirigir la revista entre 1984 y 1990, consolidando un estilo de redacción barroco y profundo que hoy parece en extinción.
Sin embargo, su carrera no estuvo exenta de tensiones entre la labor periodística y la gestión institucional. Entre 2008 y 2016, Cherquis Bialo abandonó el rol de observador para convertirse en Director de Medios de la AFA bajo el mando de Julio Grondona,. Esta etapa, que lo ubicó en el corazón del poder del fútbol argentino, dejó registros de su lealtad al dirigente, incluso en momentos críticos. En sus crónicas póstumas sobre Grondona, Cherquis relató con detalle los últimos instantes del dirigente: ”-¿ Y adónde querés que vaya?… A casa, vamos a casa, me duele mucho acá, en la espalda”.
En el ámbito del boxeo, bajo el seudónimo de Robinson, elevó el combate a la categoría de drama literario, acompañando a figuras como Carlos Monzón y Oscar «Ringo» Bonavena,. Su pluma no buscaba solo el análisis técnico, sino la fibra humana del deportista en la derrota o la gloria. De su cercanía con Bonavena, rescató la vulnerabilidad del ídolo tras caer ante Muhammad Alí, cuando el boxeador le preguntó: “Guapié, ¿no?”, buscando en la dignidad del esfuerzo un consuelo a la caída. Esa misma sensibilidad le permitió ser uno de los biógrafos más autorizados de Diego Maradona.
Los últimos meses del periodista estuvieron marcados por una lucha frontal contra la enfermedad en el Hospital Alemán, donde su salud se deterioró tras una neumonía bilateral que desencadenó la leucemia,. Con la lucidez que lo caracterizó, relató la crudeza del diagnóstico médico que recibió inicialmente: «Haga lo que tenga que hacer. Despídase de quien se tenga que despedir, firme los papeles que tiene que firmar». Su fallecimiento no solo enluta a las redacciones, sino que invita a reflexionar sobre la transformación de una profesión que, en sus manos, siempre buscó ser un puente de identidad popular.

