Para millones de habitantes de las riberas de la Amazonía, el pescado es el pilar de su alimentación diaria. Sin embargo, una investigación de la Universidade Federal do Oeste do Pará (Ufopa) encendió las alarmas al confirmar que todas las especies analizadas en el oeste del estado de Pará presentan riesgos para la salud humana por la presencia de metales tóxicos, principalmente mercurio y arsénico.
El equipo del Programa de Posgrado en Sociedad, Naturaleza y Desarrollo (PPGSND) realizó estudios en localidades como Faro, Santarém e Itaituba, trabajando junto a pescadores para asegurar la trazabilidad de las muestras. Los resultados son contundentes: en algunos casos, los niveles de mercurio superan hasta 30 veces los límites permitidos.
Especies afectadas y riesgos sanitarios
El estudio abarcó seis especies de consumo habitual: acari, aracu, piraña, pirarucú, caparari y tucunaré. Los datos muestran que los peces carnívoros, ubicados en la cima de la cadena alimentaria, concentran mayores niveles de contaminantes.
Según el análisis, el 25% de las muestras presenta un riesgo significativo de cáncer, asociado a la exposición a arsénico y cadmio. Entre los casos más críticos se destaca el acari, ampliamente consumido en la región.
Además del riesgo oncológico, la exposición al mercurio puede provocar:
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Daños al sistema nervioso
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Problemas renales y respiratorios
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Alteraciones en el desarrollo infantil y riesgo de aborto
Causas: presión ambiental creciente
La contaminación responde a múltiples factores. Los investigadores señalan como principal fuente la minería ilegal de oro, que utiliza mercurio en sus procesos. A esto se suma la minería de bauxita y los residuos conocidos como “lodo rojo”.
Por otro lado, la deforestación y el avance del cultivo de soja generan erosión del suelo, liberando metales que terminan en los ríos. Estos compuestos se bioacumulan en los peces, aumentando su concentración a lo largo de la cadena trófica.
Impacto social y necesidad de políticas públicas
El impacto es especialmente grave para las poblaciones ribereñas, que dependen del pescado como fuente principal de proteína. En cambio, para consumidores ocasionales o turistas, el riesgo es menor bajo los estándares promedio.
Los investigadores advierten que prohibir el consumo no es viable, ya que agravaría la inseguridad alimentaria. En su lugar, proponen:
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Monitoreo permanente del agua y los alimentos
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Vigilancia sanitaria activa
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Integración de políticas de salud pública y protección ambiental
El estudio refuerza una conclusión clave: la crisis no es solo ambiental, sino también sanitaria y social, en una de las regiones más estratégicas del planeta.
Fuente original: Rafael Cardoso, Agência Brasil

