De acuerdo al último informe del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), publicado por el INDEC en marzo de 2026, la actividad económica registró un incremento del 1,9% interanual en enero. En términos desestacionalizados, la suba fue del 0,4% respecto a diciembre de 2025, manteniendo una leve tendencia positiva por segundo mes consecutivo.
Sin embargo, detrás del número general se esconde una asimetría estructural. El crecimiento está concentrado en actividades de escaso derrame en el empleo urbano. El sector de Pesca lideró las subas con un 50,8%, seguido por la Agricultura, ganadería, caza y silvicultura con un 25,1%. Estos sectores, junto con la Explotación de minas y canteras (9,6%), fueron los responsables de sostener el índice en terreno positivo, aportando 1,7 puntos porcentuales al crecimiento global.
La contracara: consumo e industria en terreno negativo
La lectura de los datos permite observar que el modelo económico actual no logra reactivar los motores del consumo doméstico. Cinco sectores clave registraron caídas interanuales, afectando directamente la percepción de mejora en los hogares.
El Comercio mayorista, minorista y reparaciones retrocedió un 3,2%, mientras que la Industria manufacturera cayó un 2,6%. Estas cifras implican una pérdida de 0,9 puntos porcentuales en el índice general y reflejan una retracción en la capacidad de compra y una menor demanda de insumos industriales. Otros sectores vinculados al bienestar social y la infraestructura también mostraron debilidad, como la Administración pública (-1,6%) y los servicios de Electricidad, gas y agua (-3,0%).
Implicancias: ¿Hacia una economía para pocos?
La disparidad sectorial evidencia una implicancia territorial y social relevante. Mientras las zonas ligadas a la exportación primaria pueden experimentar alivio, los centros urbanos sufren el impacto de la crisis industrial y comercial.
Incluso sectores considerados termómetros del humor social, como Hoteles y restaurantes, registraron una caída del 2,2% interanual, lo que sugiere que el mercado interno aún no encuentra un piso de estabilidad para las PYMES.
La dependencia de los impuestos netos de subsidios (con un crecimiento del 2,3%) indica que la recaudación fiscal se sostiene en la actividad exportadora, mientras el entramado productivo local continúa debilitándose.

