La investigación revela que dos terceras partes de la población enfrentan serias dificultades para cubrir sus necesidades mensuales utilizando únicamente sus ingresos salariales.
Este fenómeno responde directamente a la sostenida pérdida de capacidad de compra de los salarios frente al incremento acelerado del costo de vida. Como consecuencia directa, las familias deben reorganizar sus presupuestos diarios, recortar consumos esenciales o recurrir al endeudamiento para sostener gastos corrientes.
Sectores vulnerables y jóvenes: el impacto desproporcionado de la crisis
La brecha socioeconómica marca diferencias sustanciales en el nivel de exposición al agotamiento de recursos. Según los datos del estudio, el 83,3% de los integrantes de la clase baja agota sus ingresos antes de finalizar el mes, una situación que golpea de manera similar al 72% de la población menor de 40 años.
En este estrato de menores recursos, la liquidez es inexistente: la capacidad de ahorro de la clase baja apenas alcanza un marginal 0,9%, mientras que el 68,1% de sus miembros contrajo deudas en el último semestre. El dato más crítico sobre este endeudamiento señala que el 65,5% de los préstamos adquiridos por sectores vulnerables se destinó a la compra de bienes de primera necesidad.
Endeudamiento transversal y la brecha entre estratos sociales
El recurso al crédito dejó de ser una herramienta de consumo extraordinario para transformarse en un mecanismo de compensación salarial generalizado. El 56,2% de la población total encuestada se endeudó en los últimos seis meses, afectando incluso a los sectores medios y altos.
Dentro de la clase media, el 51,4% de los hogares agota sus ingresos antes de fin de mes y el 47,1% recurrió al endeudamiento. En contraposición, en la clase alta, el agotamiento prematuro de recursos desciende al 20%, aunque un 36,5% de este grupo también acudió al crédito para sostener sus esquemas de gastos.
Evolución de la percepción inflacionaria y el riesgo de la morosidad estructural
La brecha entre salarios y precios se mantiene como una constante en la percepción ciudadana. El 81,8% de los consultados sostiene que su salario no logra superar el avance inflacionario, una tendencia negativa que se mantiene firme desde marzo y que registró su pico más alto en julio con un 87,4%.
Frente a esta dinámica, el informe del Monitor de Opinión Pública emite un diagnóstico tajante sobre la insostenibilidad del modelo financiero familiar, al advertir que “el ciclo se retroalimenta y la morosidad deja de ser un episodio para convertirse en un riesgo estructural de los hogares que usan la deuda como puente”. Ante la gravedad del escenario, el 61,3% de la ciudadanía coincide en la necesidad de regular de manera más estricta el otorgamiento y las condiciones de los créditos.

