Destacada Política

Hebe de Bonafini: «El dolor más grande es la desaparición de nuestros hijos»

En el marco de la gran movilización popular por el 24 de marzo, la Asociación Madres de Plaza de Mayo convocó a un acto en la puerta de su sede, ubicada en la calle Hipólito Yrigoyen al 1500. Allí estuvieron presentes, entre otros, el gobernador bonaerense Axel Kicillof, Mario Secco, intendente de Ensenada, y Cristina Caamaño, interventora de la Agencia Federal de Inteligencia, que más temprano fue distinguida con el pañuelo de las Madres. El acto contó la palabra de la presidenta de la Asociación, Hebe de Bonafini y el mandatario provincial.

«La memoria es muy importante, pero tiene que ser una memoria crítica. El silencio que hubo en nuestro país cuando se llevaron a nuestros hijos e hijas fue mortal, tan mortal como la muerte y la tortura. Nadie hablaba, nadie salía, nadie decía. El silencio siempre es complicidad. Lo único que tenemos nuestro es la palabra», comenzó marcando Hebe. «Pero tiene que ser una palabra y una memoria muy reflexiva, pensando por dónde vamos a salir y cómo vamos a salir. Esto está muy difícil, pero no imposible. Cosas más difíciles se han hecho. Nadie pensaba que con Las Madres podiamos correr a Harguindeguy a los monedazos por la Plaza de Mayo, y sin embargo lo hicimos. No hay imposibles».

«Las Madres hemos hecho de todo, pero nunca pedimos proyectos. ¿Saben por qué? Porque no quiero que me compren la palabra, que es lo único que tengo mío. Si me dan un proyecto, no puedo criticar al Presidente, así puedo decir lo que quiero, porque la palabra no se vende», expresó también.

Discurso de Hebe de Bonafini y Axel Kicillof

Hebe de Bonafini: “El único dolor que tenemos las Madres, el dolor más grande es la desaparición de nuestros hijos, y nuestras hijas”.

La memoria es muy importante, pero tiene que ser una memoria crítica. Cuando se llevaron a nuestros hijos y a nuestras hijas fue mortal. Nadie hablaba, nadie salía y nadie decía. Cuando se llevaron a nuestras tres mejores Madres, Esther de Careaga, Azucena Villaflor y María Ponce de Bianco, pasó lo mismo: nadie salió, nadie las reclamó. Eso hay que cuestionárselo. ¿Por qué el país estaba en silencio? El país parecía muerto. En las primeras reuniones que teníamos las Madres con otros organismos de derechos humanos, nosotras no hablábamos. Esther me decía: ‘El que tiene el micrófono tiene el poder’. Entonces, me enseñó que había que pararse arriba de una mesa, o de una silla para poder tener la palabra. Azucena siempre insistía con la plaza, la plaza, y Esther le decía: ‘la plaza sola, no, hay que tener algo para sostenerla, hay que crear una universidad, un diario, una revista’. Mary Ponce nos enseñaba que había otra iglesia, que eran los curas del tercer mundo con los que ella se juntaba en la iglesia de Santa Cruz. Esas tres compañeras maravillosas eran las que más sabían, las que más nos enseñaron y fueron secuestradas y desaparecidas. Cuando las Madres decidimos ir a la plaza, nos decían que era peligroso, y era verdad, era peligroso. La policía nos pedía los documentos, y se lo dábamos todas juntas, y hasta que verifican estábamos un montón de tiempo en la plaza. Luego, nos empezaron a llevar detenidas, a algunas les encerraron en una celda con un muerto, un muerto que era uno de nosotros, no queríamos ni mirar. Era horrible, y la Madre que pasaba por eso no volvía más. Cuando nos encerraban a varias cantábamos el himno, y los policías se tenían que cuadrar, y lo cantábamos dos veces. También rezamos el rosario para que no sean tan asesinos, tan torturadores. Parece una pavada, pero para nosotras era un montón. Las Madres siempre encontramos la manera de cómo, siempre encontramos la manera de por dónde, a pesar de esa soledad, de esa angustia, porque ni la familia te ayudaba. Eso es muy difícil porque la familia se empieza a dividir. No están tus hijos, no hay nadie en la mesa, en la cama, ni en ninguna parte, y las Madres estábamos en la calle todo el tiempo.

Saliendo a la mañana temprano y volviendo a la noche, tarde. Yo hace 45 años que vengo de La Plata a Buenos Aires. Veintitrés años viajé parada en el colectivo porque lo tomaba en la esquina de mi casa, y eso no es un impedimento. El único dolor que tenemos las Madres, el dolor más grande (que no está en el cuerpo) es la desaparición de nuestros hijos, y nuestras hijas. No sufrimos el dolor físico, y no porque somos valientes, es porque es tan grande el dolor de no tenerlos más a esos hermosos hijos, que una crío con tanto esfuerzo, con tanto amor. Yo tuve la suerte de que mis hijos confiaran en mí, que me contaran las cosas, que trajeran amigos a dormir a casa. En mi casa siempre había un lugar con una manta más, con un colchón más, con un plato más. Mis hijos me enseñaron a vivir de otra manera. Cuando venía alguien yo me ponía a hacer más comida, y mis hijos me decían: ‘No, mamá, hay que comer lo que hay y compartirlo entre todos’. Mis hijos me enseñaron las cosas más increíbles: un día preparé un montón de ropa para dar, limpia, planchada. Mi hijo me dijo: ‘No, mamá, hay que dar lo que a uno le cuesta dar, no como hacen los ricos que dan lo que les sobra’. Y con estas cosas me daban una cachetada en el medio de la cabeza. Por eso, este día tiene que ser un día para mirar mucho a la juventud, que sepan los jóvenes que la política, y hacer política no es un lugar pensado para que tengan trabajo, para ser diputado, no, eso es un disparate. Los chicos, y chicas que recuperan su identidad piensan en que les van a dar una casa y trabajo en el gobierno y si el resultado es negativo, es decir que no son hijos de personas desaparecidas, lo lamentan porque se quedan sin un montón de cosas. Y está mal, en vez de ser una tragedia que te falte la familia, es un privilegio, y no es así. Es una tragedia que no hay plata que la pague, no hay nada. Yo hace muchos años que deje de hacer juicios porque no me interesan más, no quiero gastar un solo minuto más mientras hayan chicos con hambre. Los chicos tienen que jugar, tienen que reírse, no solo hay que darles de comer. Por eso, la memoria tiene que ser muy reflexiva, pensando en por dónde vamos a salir, y cómo vamos a salir. Estamos en una situación muy difícil, pero no es imposible. Cosas más difíciles se han arreglado. Nosotras tenemos la suerte de tener la universidad, el ECUNHI, el archivo, la biblioteca, todo hecho con mucho amor, con pasión. Siempre sin plata, hemos hecho de todo las Madres, pero nunca pedimos proyectos. ¿Saben por qué? Porque no queremos que nos condicionen la palabra. La palabra no se vende.

Noticias relacionadas

Hebe de Bonafini: “Tenemos que estar en la calle para reforzar lo que queremos”

Editora

Advertencia de Kicillof a los laboratorios: “Dejen de especular con la salud de la gente”

Editora

Kicillof reconoció el rol de los trabajadores que participaron de la campaña de vacunación

Editora

Deja un comentario