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Héctor Oesterheld, el guionista que entregó su vida a la militancia

Por Leonardo Castillo |  El anuncio de la plataforma de streaming de iniciar la producción de una serie sobre la historieta revalorizó la figura del escritor.

El anuncio de la plataforma Netflix de iniciar la producción de una serie sobre «El Eternauta» revalorizó por estos días la figura de Héctor Germán Oesterheld, guionista de esa legendaria historieta argentina y militante político que decidió entregar su vida en pos de un ideal de transformación social.

«Héctor fue un hombre comprometido con una mirada del mundo y les trasmitió esa mirada a sus hijas, con quienes compartió la militancia y los sueños de cambio. A él, y a su familia, el mundo no le resultaba algo indiferente», señaló en diálogo con Télam Alicia Beltrami, coautora junto a Fernanda Nicolini de «Los Oesterheld», un libro que repasa la historia de una familia victimizada por la última dictadura cívico militar.

El trabajo de las autoras recorre la trágica historia de la familia que formaron Héctor Oesterheld y su esposa, Elsa Sánchez, quienes tuvieron cuatro hijas (Estela, Beatriz, Diana y Marina), todas desaparecidas -dos de ellas embarazadas- durante los años del terrorismo de Estado.

Entre Héctor, sus hijas, los tres maridos de ellas y los dos niños o niñas que se supone nacieron en cautiverio hay 10 víctimas de la dictadura entre desaparecidos y asesinados, y tan sólo Elsa sobrevivió (se sumó a Abuelas y falleció en 2015) para criar a Martín Miguel, uno de sus nietos, hoy cineasta.

«A pesar la tragedia, hubo en esta familia hechos llenos de vida y ternura que quisimos reflejar a través de todos los testimonios que recolectamos a lo largo de años», explicó Beltrami.



¿Qué llevó a un guionista reconocido a convertirse en colaborador y correo de la organización Montoneros? ¿Por qué sus hijas, alumnas del colegio Northlands se involucraron en en el trabajo de base y en la lucha armada? Eran los interrogantes que busca despejar la obra.

«La militancia de Héctor y sus hijas se fue constituyendo a partir de un vínculo dialéctico. No se puede decir que el padre haya influido en sus hijas o que ellas hayan determinado a Héctor. Todo se gestó en los diálogos y vivencias compartidas en la casa que la familia tenía en Béccar. Allí, se retroalimentó un compromiso por cambiar la realidad», enfatizó Beltrami.

Oesterherld comenzó a mostrar su interés por modificar la realidad en sus años de estudiante de la carrera de Geología en la UBA, cuando formó parte del Centro de Estudiantes en la Facultad de Ciencias exactas y en los trabajos de campo que realizó para YPF en Comodoro Rivadavia, Zapla y Tupungato.

A fines de los ’40, dejó la geología y comenzó a publicar y cuentos, y la década siguiente guionó historietas que educaron la sensibilidad de la generación que se incorporaría años después a la militancia revolucionaria.

Fundó su propia editorial en 1957, y desde ella gestó «El Eternauta», la obra que narraba una invasión extraterrestre a Buenos Aires, que comenzaba con una nevada mortal y proseguía con la resistencia liderada por Juan Salvo, el hombre que comprende que «el único héroe válido es aquel que actúa en grupo».

«El Eternauta tuvo varias ediciones y en esas se refleja la evolución de Héctor. En la primera edición, la dibujada por Francisco Solano López, la resistencia estaba formada por gente de clase media, trabajadores que se unían con efectivos militares. En 1969, se publica en Gente una versión ilustrada por Alberto Breccia, donde Sudamérica es entregada a los extraterrestres por las potencias del Norte. Ahí había una evolución», sostuvo Beltrami.

Esa orientación política se plasma en obras como la vida del «Che Guevara» y en las otras versiones de El Eternauta, que se difunden cuando Oesterheld se había sumado a Montoneros, donde colaboraba con la estructura de prensa y difusión de la organización.

El 27 de abril de 1977, se produjo su secuestro en La Plata, cuando sus cuatro hijas ya se encontraban desaparecidas o asesinadas.

Pasó por los centros Clandestinos de Detención de Campo de Mayo, el Vesubio y «Sheraton», ubicado en la comisaría de Villa Insuperable, en el partido de La Matanza, donde su rastro se perdió en 1978.

En cautiverio, supo de la suerte de sus hijas por parte de sus captores, que procuraron minar su moral y torturarlo psicológicamente con detalles sobre esas caídas.

«Lo vi en el Vesubio, donde estuve tres meses secuestrada. Estaba mal de salud, le costaba respirar y andaba siembre con un sobretodo largo. Nos hacía dibujos, nos pasaba historias y trataba de que no la pasáramos tan mal en ese infierno», recordó en una charla con Télam Susana Reyes, sobreviviente de ese centro clandestino de detención ilegal.

La desaparición de Oesterheld forma parte de tres causas de lesa humanidad: un megajuicio oral y público por Campo de Mayo que se sigue en los Tribunales de San Martín, otro denominado como Vesubio III y otro que se iniciará a fines de 2020 por Sheraton.

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