Literatura

Publican «Querida Kitty», la novela con la que Ana Frank quería convertirse en escritora

El contenido de la novela formó parte de los escritos de la joven publicados en 1947 y que ya llevan más de treinta millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, pero la novedad es que ahora se presenta en una versión autónoma.


Como una oportunidad para cotejar su habilidades literarias por encima del aporte testimonial que significó la edición de su célebre diario, acaba de publicarse por primera vez en español «Querida Kitty», la novela fragmentaria que la adolescente alemana Ana Frank planeaba dar a conocer una vez que finalizara el encierro al que se sometió junto a su familia para escapar de la cacería nazi, un propósito malogrado por el hallazgo de su escondite y su muerte en el campo de Bergen Belsen.

El contenido de la novela -editada en la Argentina el sello Eudeba- formó parte de los escritos de la joven publicados en 1947 y que ya llevan más de treinta millones de ejemplares vendidos en todo el mundo, pero la novedad es que ahora se presenta en una versión autónoma que permite descubrir el precoz instinto literario de su escritura y su concepción de la novela como un artefacto que requiere de recursos distintos a los del género testimonial.

«Nos permite acercarnos a la Anne escritora. Además del peso que tuvo el diario como documento histórico, vale mucho la pena conocer el costado artístico de Anne, que con tan solo 14 o 15 años pudo resignificar el horror para transformarlo en arte. Es poco usual encontrar ese tipo de dotes en personas de tan corta edad», destaca Martina Barraza, la editora de Eudeba que participó del proceso de edición en español junto con el traductor Diego Puls, el Centro Ana Frank Argentina y los representantes de la casa de Anne Frank en Países Bajos, hoy convertida en museo.

La editora elige aludir a Ana por su nombre en el neerlandés orginal, Anne. «Fue una decisión consensuada porque coincidimos en que algo tan fundamental como el nombre en una historia en que se juega mucho el aspecto identitario, era mejor dejarlo como es», dice Barraza, que leyó el diario de la adolescente cuando tenía más o menos la misma edad en que ella lo escribió -14 años- y ahora, casi diez años más tarde, participó del rescate editorial de la novela.

«En cualquier caso, cuando termine la guerra quisiera publicar un libro titulado ‘La casa de atrás'», escribió Ana el 11 de mayo de 1944, casi cuatro meses antes de ser hallado por las tropas nazis el escondite de la casa de Amsterdam donde permaneció junto a su familia y otras personas más.

Mientras el diario cubre un arco temporal de 779 días -753 de los cuales la familia permaneció oculta detrás de un archivador en el edificio de oficinas de su padre, Otto- «Querida Kitty», abarca un lapso más corto, el periodo entre el 12 de junio de 1942 y el 29 de marzo de 1944. «Quiero seguir viviendo, aun después de mi muerte», escribe la joven en abril de 1944 a su interlocutora imaginaria.

¿Qué aspectos o rasgos surgen en la comparación del diario original de Ana Frank con los fragmentos que componen «Querida Kitty»? «El cambio de género, de diario íntimo a novela, es muy notorio en su escritura», subraya Barraza.

«Por un lado en la novela se destaca el agudo sentido literario que tenía Anne. En el diario original predominaba la espontaneidad, mientras que en la reelaboración se aprecia el cuidado que esta joven escritora puso al seleccionar los pasajes (quitó, agregó y reescribió muchos de ellos), al escoger las palabras para sus descripciones y en la forma de narrar los acontecimientos», precisa.

«Por otro lado, se puede notar cuánto cambió en solo dos años, dado que el diario original lo empezó a escribir en 1942, y la reelaboración, en 1944. En ese tiempo Anne maduró mucho, lo que repercutió en su escrito: cambió su perspectiva sobre los hechos a una mucho más adulta; y además pudo plasmar las intensas lecturas a las que pudo dedicarse en su tiempo en el escondite», detalla la editora.

Más allá del encierro y el miedo

«Querida Kitty» da cuenta de muchas de las preocupaciones de la adolescente, algunas referidos al contexto del encierro y otras a problemáticas de su edad. «Ahora llegué al punto donde nació toda esta idea del diario: no tengo ninguna amiga», dice en un tramo de esa novela epistolar.

«La sensación de sentirse rara es algo que siempre le dio vueltas. ‘Las personas normales, las chicas normales, las adolescentes como yo seguro que me considerarán medio chiflada’, decía. Sin embargo, no era una persona ermitaña. Socializaba bastante y todos aquellos que la conocieron la caracterizan como muy ‘chispita’ (entre esas personas está la prologuista de este libro, Laureen Nussbaum)», relata la editora.

Según Barraza, «era una persona muy curiosa, se cuestionaba todo, todo el tiempo. Tenía intereses de lo más diversos incluso, a veces, a su pesar. En un pasaje del libro, por ejemplo, expresa que la política no es un tema que le interese; sin embargo, inmediatamente después, le dedica una carta entera al asunto».

La novela tiene muchos tramos de humor, acaso un recurso clave para conjurar la angustia o el temor mientras se prolongaba el encierro y la incertidumbre acerca de si sería atrapada por los nazis.

«Sin dudas el humor resultó clave para sobrellevar el encierro. Anne era muy histriónica para escribir, y vale destacar que no dejó pasar las oportunidades de señalar lo malhumorados que eran los demás, bajo sus parámetros», explica Barraza.

«En muchos momentos se cargó al hombro la responsabilidad de hacer reír; aunque en el texto también podemos notar que a veces se mostraba divertida ante situaciones que, en realidad, no le causaban una pizca de gracia. Como lector, uno agradece la poca seriedad con que se toma algunas situaciones. De otra manera, la lectura sería demasiado agobiante, cuando afortunadamente es muy llevadera», señala.

Por último, no pasa desapercibida la resignificación que tiene hoy la historia en un contexto donde por efecto de las medidas implementadas para contener el avance de la pandemia, se reproducen ciertas condiciones del encierro.

«Aunque las circunstancias de su encierro y el nuestro sean radicalmente diferentes, la lectura de este texto puede resultar muy movilizante hoy. A fin de cuentas, muchas vivencias se repiten: conflictos de convivencia, hastío, aburrimiento, sensación de incertidumbre respecto del futuro… Los momentos de reunión de los escondidos alrededor de la radio se configuran como claves narrativas en el texto, como marcas del tiempo, al igual que puede ser para nosotros hoy el momento de informarnos», concluye Barraza.

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