Opinión

Milei declaró la guerra a gran parte del pueblo argentino | por Carlos Aznarez

En un día donde hubo múltiples acciones de repudio al gobierno ultraderechista, desde una conferencia de prensa en el obelisco porteño de todas las organizaciones sociales repudiando las medidas cada vez más destructivas del Gobierno, pasando por multitudinarios “molinetazos” (saltar los molinetes de las estaciones de metro y ferroviarias, evadiendo el pago del pasaje), marchas de protesta y una concentración muy numerosa frente al Congreso, finalmente, el presidente Javier Milei terminó hablando en el Parlamento, desde lo más profundo de su compromiso con las corporaciones internacionales que digitan y llevan adelante su política, poniendo el eje en sus interlocutores de la casta.

Con un estilo “made in Washington”, dedicó gran parte de su discurso de inauguración del nuevo período parlamentario, a relatar como maravillosas todo el caudal de medidas que, sumadas a las que ya se venían sufriendo debido al mal gobierno del dúo Fernández-Massa, han llevado a más del 60 por ciento de la población a instalarse en la pobreza y extrema pobreza. Son parte de este escenario doloroso los barrios populares de todo el país, donde los tres alimentos diarios tradicionales se han convertido en uno, y en algunos sitios, se cae en posiciones extremas, cuando la familia debe decidir a quien le toca la suerte de comer ese día, priorizando siempre a las hijas e hijos pequeños.

Milei no solo miente en lo que vende como “la única posibilidad” de afrontar la crisis provocada precisamente por su fanática afición al capitalismo, sino que como su amigo Netanyahu, tiene un plan que cumple a rajatabla. Mientras que el primero está decidido a quitar por la fuerza al pueblo palestino de su territorio (etnocidio), Milei aspira, como ya lo hicieron en su momento, la dictadura militar, el gobierno saqueador de Menem y luego el de Macri, sacarse de encima al pobrerío, comenzando por los movimientos sociales y la izquierda que da pelea en las calles, a los que prácticamente busca ilegalizar a punta de represión y demonización de la protesta. Ambos mandatarios, generan a su manera un genocidio. El de Netanyahu suma ya más de 30 mil asesinados y una hambruna generalizada, el de Milei, lleva a que enormes contingentes de la población son prácticamente excluidos como ciudadanos, y el hambre se naturaliza como en las peores épocas de nuestra historia.

Por lo demás, Milei atacó con señales claras de revanchismo a todos aquellos que de una manera u otra, pueden ponerle piedras en el camino, y en ese sentido apuntó claramente al sector sindical, a quienes además de denostarlos les advirtió que también va por ellos, controlando sus obras sociales y poniendo sobre la mesa a cortísimo plazo la reforma laboral. De igual manera, avanzó con la idea de la reforma previsional, ahondando aún más las políticas de despojo hacia la enorme masa de jubilados y jubiladas.

Por otro lado, como era de esperar, Milei busca aliados para llevar adelante este atropello generalizado, y así chantajea a los gobernadores, sabiendo de antemano, como lo sabemos todos, que la gran mayoría de ellos bailan al compás de “Don dinero”, y que más allá de algunos pataleos, son fáciles de conformar con recetas como el “alivio fiscal” y otras prebendas, prometidas por el presidente. De hecho, ellos y ese sector parlamentario reconocido como la “oposición amistosa”, a los pocos minutos de terminar el discurso, ya estaban ofreciendo su colaboración incondicional.

De la misma manera que en los años 70 hiciera el dictador Lanusse con su “Gran Acuerdo Nacional”, el GAN, que el pueblo y su resistencia quebraron a punta de lucha, y con otros planes parecidos que también fracasaron, ahora Milei se inventó el “Pacto de Mayo” para recrear “un nuevo contrato social” y refundar (la palabra exacta sería refundir) la Nación. Allí, reuniría a gobernadores adictos y otros sectores cómplices que nunca faltan, cuando hay dinero en juego, y se dispondrían a gobernar contra los intereses populares.

Crece de esta manera la idea de una dictadura institucional. Porque qué otra cosa puede decirse, de quien determina “manu militari” una serie de propuestas que inevitablemente se dirigen a hacer sangrar a nuestro pueblo, y además, advierte enfáticamente, que sus órdenes se acatan mansamente, o el rechazo significa guerra.

Guerra a los de abajo, queriendo convertir los planes Potenciar Trabajo en moneda de cambio para ilegitimar a las organizaciones sociales que son las que con la lucha han arrebatado al Sistema numerosas conquistas. Sumando a esta estrategia destructiva, la extorsión de no dar alimentos a quienes los necesitan, para quebrar los lazos de solidaridad social entre los y las más humildes.

Guerra a la educación, restándole cada vez más presupuesto y embistiendo contra las universidades nacionales, arrastrándolas prácticamente a su desaparición.

Guerra contra la libertad de expresión, cerrando la Agencia Telam, y a través de la suspensión indefinida de la pauta oficial publicitaria, golpeando duramente a los medios independientes.

Guerra a los pueblos originarios, demonizando a quienes luchan para no ser despojados de sus tierras, y además, cerrando el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas-INAI.

Guerra declarada junto a las patronales empresariales que aprovechan esta oleada ultraderechista para poner en marcha políticas de despidos masivos.

Guerra declarada contra la Pacha Mama, abriendo cada vez más las puertas al extractivismo, a las inversiones extranjeras voraces, que no solo destruyen de por vida la tierra, con el fracking, la megamineria, la deforestación, la soja y el trigo transgénico, sino que a punta de fumigaciones, que en otros países son ilegales, envenenan a nuestro pueblo.

Guerra que significa la posibilidad de muerte a corto plazo a quienes se les niegan los medicamentos oncológicos, o a la gran mayoría que no puede acceder a otros tantos insumos medicinales porque el precio de los mismos es prohibitivo.

Guerra convertida en tarifazo impagable, en lo que hace a servicios elementales como la luz, el gas, y el agua.

Milei es la guerra, y por eso sus aliados estratégicos internacionales son el eje de la destrucción y la devastación planetaria, que es lo que representan Israel y Estados Unidos. Milei es así, aliado de los genocidas, y quienes este viernes lo aplaudían a rabiar, son sus cómplices en todo este escenario de criminalidad global.

Frente a todo ello, los movimientos populares, las organizaciones sociales, los y las que estamos acostumbrados a luchar en defensa de la justicia social, de la soberanía, de los derechos humanos, de la libertad de opinión, no vamos a retroceder en combatir tanta maldad personificada en el actual gobierno. No hay otra posibilidad que seguir sumando más y más compañeros en las calles, sin miedo, con la fuerza que da la convicción de que defendemos una causa justa. Con la experiencia de saber que el capitalismo (al que Milei ensalza) es muerte, y nosotros y nosotras luchamos por la vida, siguiendo el ejemplo de nuestros libertadores y de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Con la convicción de que nuestro pueblo, en las peores circunstancias siempre ha sabido como rebelarse contras las injusticias, asumamos el desafío de enfrentar una vez más a quienes quieren hacernos desaparecer a punta de leyes y DNU reaccionarios, que nos conducirán al fascismo.

Trabajadoras y trabajadores ocupados y desocupados, estudiantes, las compañeras y las diversidades, con sus reivindicaciones específicas, pequeños agricultores, PYMES, y todas y todos los que sientan que este engendro ultraderechista que padecemos quiere arrastrarnos hacia la muerte, ha llegado la hora de demostrar que no seremos jamás furgón de cola ni del caplitalismo ni del imperialismo, como otros y otras antes lo demostraron en nuestra historia. Como en octubre del 45, como en el Cordobazo, como la lucha revolucionaria de los años 70, como en el Argentinazo e infinidad de gestas insurgentes.

Hay un sentimiento mayor que el amor a la libertad, y este es el odio a quien nos la quita.

 

Por Carlos Aznarez: Periodista argentino en medios de prensa escrita y digital, radio y TV. Escritor de varios libros de temas de política internacional. Director del periódico Resumen Latinoamericano. Coordinador de Cátedras Bolivarianas, ámbito de reflexión y debate sobre América Latina y el Tercer Mundo.

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