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Cine

Mercedes Morán: “Hay que correrse de los arquetipos”

Tras un exitoso 2018, en donde participó de producciones como El Ángel, El amor menos pensado, Familia sumergida y prestar su voz al relato en off del documental No viajaré escondida, Mercedes Morán regresa al cine con Sueño Florianópolis (2018) de Ana Katz, película que la consagró como Mejor Actriz en Karlovy Vary, donde interpreta a Lucrecia, una psicóloga  que en los años 90 sale de vacaciones rumbo a Florianópolis con su marido (Gustavo Garzón), del que técnicamente esta separada, y sus hijos (Manuela Martínez, Garza Garzón). viviendo aventuras diferentes cada uno de los integrantes de la familia. “Ana Katz es una directora que conoce mucho de procesos íntimos, femeninos, que son contradictorios, que van y que vuelven, y que el folklore los ha llamado histeria femenina”, afirma en una charla exclusiva con EscribiendoCine.


¿Cómo es arrancar el año después de un 2018 lleno de películas, festivales y premios?

Me pasa que más allá de la convención que termina y empieza otro año, me resisto a esos balances y convenciones, aunque no podés escaparles del todo. Estuve 10 días de vacaciones, en el campo, empezando a prepararme para este año. Hay proyectos lindos que me entusiasman, con personajes distintos a los últimos. Además tenía ganas de volver a la lectura, porque fue un año muy movido y necesitaba aquietarme.

Lucrecia tiene puntos en común con los últimos roles que te han tocado en cine, ¿cómo fue pensarla para que no se repitiera?

Trabajamos mucho con Ana, recibí el guion bastante tiempo antes que se rodara la película, de hecho el rodaje sufrió alguna postergación, por lo de siempre, producción, coproducción que se sube y se baja, pero me interesó construir una mujer en ese momento donde te estás separando, estás desarmando una familia y te estás empezando a hacer muchas preguntas, sobre qué es una familia, por ejemplo. Ayudó la época en que transcurre, son los años noventa, es una psicóloga, comulgo mucho con el humor de Ana, un humor, como yo llamo, sin remate, me parece muy sutil, muy inteligente, y este proceso que llevan, ridículo, de ir de vacaciones juntos con los hijos, a Brasil y hacer cada uno la suya. Yo he hecho terapia mucho tiempo de mi vida, y he escuchado comentarios sobre él como que tenía una vida muy loca, y era excelente como profesional, así que pensando en eso, construyendo el vínculo, la relación familiar, que es generalmente de dónde parto, ver las relaciones con los hijos, si era horizontal o no y también trabajar aspectos asociados a la propuesta, que en principio iba a ser más road movie, y pensar la relación con Brasil, de amor/odio, la envidia sobre la libertad de las mujeres con su cuerpo, del mito que la alegría es sólo brasilera, y entender cómo Lucrecia llega allí, ver el acuerdo de libertad que tiene con el marido cuando llegan y todo lo que les pasa.

¿Cómo fue trabajar con tu hija Manuela Martínez?

Ana me comentó que la vio en un trabajo y que quería tomarle un casting para que hiciera de mi hija, fue sorpresivo para mí, porque cuando me voy de casa para una película me opero de toda familiaridad, pero fue increíble, porque la vi primero manejarse como actriz y como se manejaba socialmente en un equipo afuera. Fue muy bueno, porque además con Gustavo nos conocemos hace años y a nuestros hijos desde pequeños, fue muy fácil construir los vínculos porque ya estábamos atravesados por ellos hace años. Lucrecia se fue configurando con todo eso y también con el equipo de producción, que por primera vez la coproducción fue literal, no era sólo uno o dos técnicos, acá la mitad era brasileña, se hablaba en portugués, y me divirtió básicamente el espejo que tenemos con Brasil, con la música, el fútbol, con Maradona, y más, además me pasó que la película funciona afuera porque siempre los países tienen un país espejo, con el cual se lucha, se busca ser como él, etc.

Ana tiene una mirada particular sobre el rol de la madre en el cine, lo viene deconstruyendo, y en la sociedad se están dando muchos cambios ¿cómo pensaron esto desde la propuesta?

Estuvimos muy atentas a todo, con el guion, durante el rodaje, con ella tenemos un vínculo de mucha ida y vuelta, y si bien el guion estaba escrito y cerrado, revisábamos después de rodar muchas cosas, y fue muy interesante ver la relación del matrimonio, con el acuerdo, y que cuando Lucrecia es la primera en llevar adelante la propuesta con el brasilero, hay una mirada moralista sobre ella, y no con el marido, que lo vitorea, y eso nos dio la pauta que estábamos por el buen camino. Ana es una directora que conoce mucho de procesos íntimos, femeninos, que son contradictorios, que van y que vuelven, y que el folklore los ha llamado “histeria femenina”, descalificándola, que no creo que sean solo femeninos, pero que el modelo patriarcal lo menciona así, histérica. La idea es que el espectador piense dinámicas familiares, entendiéndolas como disfuncionales por naturaleza y que a veces cuestiones culturales hacen que se esté todo el tiempo junto, como en las fiestas, que las acabamos de pasar, están muy recientes, y hay algo de eso que fluye en la película con un lenguaje muy «katziano». Como actriz tenía algunas preocupaciones más frívolas, que tienen que ver con la imagen y la exposición, porque iba a estar en una playa, en traje de baño, a mi edad, y son cosas que pienso.

Relacionándolo a la pregunta anterior ¿cómo se piensa eso o se repiensa?

Encima disfrazados de los “noventa” (risas). Eso fue una liberación y ayudó mucho el convivir en equipo, compartir con los actores brasileros, con Marco Ricca que se calzó la sunga, se mostraban los cuerpos. Estoy muy contenta con la película, porque además en los Festivales pudimos contrastarla con ideas y críticas de afuera y recibimos cosas muy lindas, y ahora nos toca estrenarla.

¿Creés que hay un cine femenino? ¿Difiere en vos el ser dirigida por una mujer? ¿Te relacionás con el proyecto de otra manera cuando la cabeza del equipo es mujer?

No, no hay un cine “femenino”, creo que hay una cantidad de mujeres que están dirigiendo que tienen una mirada de su género, algunas tienen conciencia de su género y otras no, como hay directores que se han sentido curiosos por el universo femenino y con ellos cuando construyo mis personajes, que son siempre mujeres, tengo buena comunicación. Sí es cierto que se están contando en el último tiempo más historias de mujeres protagonistas, que en equipos se han sumado más mujeres y eso permite hacer una lectura de alguna escena diferente, y pasan cosas, que repensás, como por ejemplo, hacés un personaje que tiene una situación con otra persona, no su marido, llega a su casa y se baña, ¿por qué lo hace? ¿para que no le queden rastros? ¿Para lavar culpas? Pasémoslo para más adelante. Hay que correrse de los arquetipos de heroína, la madre, la esposa, la hermana, la mujer ideal. Esto es algo que yo hice siempre sin darme cuenta que estaba trabajando por una causa, cuando hice Roxi en Gasoleros lo primero que le dije a Adrián Suar es que no quería hacer una heroína convencional, quería hacer una mujer que se equivoque, con zonas oscuras, que tenga defectos, una mujer real, él me decía quiero empatía, y yo le dije que justamente así iba a funcionar. Siempre estuve en procura de buscar verdades en mis actuaciones que sean reales, y ahora se está dando esto, dejando de lado la victimización, roles periféricos y tengo suerte con el trabajo y lo que se está dando en la sociedad y que el cine lo refleje.

¿Por qué hay que ver la película?

Porque hay que seguir viendo cine argentino, la gente acompañó, hay que terminar con la mala prensa que tiene, hay cine de género, variedad, comedias, de autor, porque no va a ser así en los próximos años, no vamos a tener tantas películas, así que veamos éstas, apoyémoslas. Y más allá de esto es una película divertida, te hace pensar, es para pasar un momento agradable, sirve para reflexionar qué es una familia, la vida con hijos, el sincericidio, y más allá de mí, Gustavo hace un trabajo enorme, los chicos también, los actores brasileros, es una película linda de ver, con un marco precioso, de playa, de Brasil, de color, y esa contradicción es muy graciosa y dramática a la vez, pensando que el lugar bonito nos va a limpiar las penas. Es divertida, juega mucho con esto que los argentinos estamos convencidos que hablamos brasilero, y muchos se identificaran con esto de viajar a Brasil, muchas familias lo hicieron, con la fantasía de viajar al exterior, de gasoleros, y hay una clase media muy amplia que se va a identificar y disfrutar de esto.

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