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Manuela Sáenz, heroína destacada en la libertad de los pueblos de América

Un día como hoy, 23 de noviembre pero de 1855 fallecía  en Ecuador, Manuela Sáenz, heroína destacada en la lucha por la libertad de los pueblos de América. Fue una patriota ecuatoriana, protagonista de la liberación del continente, conocida como la «Libertadora del Libertador».

Manuela Sáenz ha sido excluida de la historia y su papel reducido al de amante del Libertador Simón Bolívar. Pero el tiempo la reivindicó y ahora su enorme rol en la gesta emancipadora de América Latina es admirado y estudiado. Es posiblemente la quiteña más conocida de la época de la independencia de Ecuador y varios países del continente. 

Su importancia no es haber sido amante del Libertado Simón Bolívar. «Manuelita», como lo llamaban, es la «combatiente que rompió con las estrictas normas vigentes en ese entonces, vistió uniforme militar, aprendió a usar armas, desarrolló tácticas de espionaje para ayudar a los planes independentistas». Así la describió para el medio RT la historiadora y socióloga ecuatoriana Jenny Londoño, investigadora sobre la participación de las mujeres en la Colonia, Independencia y Revolución Liberal en la Audiencia de Quito.

También se ha difundido ampliamente su papel como la Libertadora del Libertador, calificativo que le otorgó el mismo Bolívar, luego que la ecuatoriana descubriera un complot en su contra y lo salvara de un intento de asesinato, el 25 de septiembre de 1828, en Bogotá, Colombia.

  • AL CALOR DE LA REVOLUCIÓN

Nació en 1795 en Quito. Era hija natural de Simón Sáenz, comerciante español y realista, y de María Joaquina de Aizpuru, hija de españoles. Muere el 23 de noviembre de 1856, en Paita, Perú.

Su espíritu rebelde se manifestó desde muy temprano y pese a las dificultades de la época logró participar en acciones independentistas hasta llegar a ser una heroína, guerrera y estratega.

A los 14 años, ve por primera vez la revolución independentista de Quito. El 10 de agosto de 1809, cerca de su casa, un grupo de patriotas criollos desconoce al presidente de la Real Audiencia de Quito, Manuel Ruiz Urriés de Castilla, lo obliga a abandonar el palacio de gobierno y proclama la libertad de la ciudad.

En esta acción libertaria estuvieron involucradas muchas mujeres que inspiraron a Sáenz, entre ellas Manuela Cañizares. ​​​​​​​

Un año después los realistas vuelven al poder y los independentistas son encarcelados. El 2 de agosto de 1810 hubo un intento de sublevación para sacarlos de la cárcel, pero todos los patriotas son asesinados. La matanza se extiende a las calles y matan a 300 personas. Esta barbarie marcaría a Sáenz y determina su rechazo hacia los españoles.

Inició sus actividades en favor de los independentistas a los 22 años de edad, luego de contraer matrimonio con el comerciante inglés James Thorne y residenciarse en San Sebastián de Lima, Perú. «No era cierto que la actividad militante de Manuela en la causa libertaria de los pueblos grancolombianos hubiese empezado a partir de su relación con el Libertador», dice Londoño.

En Lima, junto a la guayaquileña Rosita Campuzano, arriesgó su vida para filtrar información sobre los avances del independentista argentino José de San Martín del sur hacia Perú y de Bolívar desde el norte. Por estas acciones ambas fueron galardonadas con la Orden del Sol del Perú y se les dio el grado de Caballeresas del Sol.

  • ROMPIENDO CADENAS

«Fue excluida de la historia del siglo XIX y a lo largo del XX la mayoría de los historiadores resaltaron, fundamentalmente, su belleza, su inteligencia y su generosidad en el amor, así como su perfil de amante [de Bolívar]», retrata Jenny Londoño, quien se ha dedicado a estudiar la participación de las mujeres en la Colonia, Independencia y Revolución Liberal en la Audiencia de Quito.

Con esa exclusión —menciona Londoño— «silenciaban y ocultaban su pensamiento político, su actividad revolucionaria y su participación activa en la lucha por la independencia de los países bolivarianos».

A Sáenz, enfatiza la historiadora, se puede calificar «como una feminista temprana que desobedeció los esquemas sociales de su época, impuestos por la moral tradicional y el patriarcalismo milenario, al abandonar a su esposo para seguir al hombre que amaba, en un tiempo en la que la Iglesia no aceptaba que se rompiera el sagrado vínculo del matrimonio».

El 16 de junio de 1822, pocos días después de la batalla de Pichincha, llegó a Quito Bolívar, entonces presidente de la Gran Colombia, territorio que formaban las actuales Colombia y Venezuela y a la que se unió posteriormente Ecuador.

Cuando Bolívar entraba al que hoy es el Centro Histórico de Quito, Sáenz, desde un balcón, le lanza una corona de flores, «que le golpeó el pecho al Libertador y lo obligó a levantar la cabeza para conocer quién le hacía tal demostración y le sonrió saludándola con un movimiento de cabeza», dice Londoño.

Cuenta que Sáenz asistió a la fiesta que le hicieron a Bolívar, bailaron y ahí comenzó «una relación que fue muy criticada debido al estado civil de Manuela»; pero, «ella asume el reto y desafía la doble moral colonial, que conoce de sobra y desprecia».

«Su relación amorosa con Bolívar está llena de dificultades y, sobre todo, de ausencias. La mayor parte del tiempo permanecen separados a causa de los múltiples viajes del Libertador», narra Londoño. Ella continúa en Quito su labor para consolidar la independencia de Ecuador.

  • LIBERTADORA DEL LIBERTADOR

Manuela «se ha destacado particularmente por su valentía; incorporándose desde el primer momento a la división de Húsares y luego a la de Vencedores, organizando y proporcionando avituallamiento de las tropas, atendiendo a los soldados heridos, batiéndose a tiro limpio bajo los fuegos enemigos; rescatando a los heridos», dice Sucre en su misiva.

Más tarde, Simón Bolívar decide darle un ascenso militar a la heroína ecuatoriana, hecho que le causó «terribles problemas con el vicepresidente de Colombia, general Francisco de Paula Santander, quien protesta indignado contra dicha exaltación y le exige que degrade a Manuela Sáenz, pues considera que es denigrante para los militares que se le conceda este tipo de reconocimientos a una mujer», cuenta Londoño.

Sáenz se va a Colombia y se establece en Bogotá, pero se hace evidente la disputa con Santander, a quien comienza a vigilar y descubre los planes de este para conspirar contra el Libertador. En 1828, en los jardines de la Quinta de Bolívar, Sáenz, en una fiesta, fusila simbólicamente al entonces vicepresidente, disparándole a un muñeco que lo representaba, hecho que enojó incluso a su compañero sentimental.

El tiempo demostró que Sáenz no estaba equivocada respecto a Santander. En el palacio de San Carlos, lugar de residencia del Libertador, en septiembre de 1828, a la medianoche «12 conjurados intentaron asesinar a Bolívar mientras dormía […] Manuela, quien ya sabía de la conjura, sin intimidarse, despistó y luego atajó a los asesinos que gritaban muerte al tirano, hasta que su amante se puso a salvo, saltando por una ventana que ella le indicó», cuentan en el video del museo dedicado a la heroína.

Esta es la hazaña por la que Bolívar, más tarde, la califica como la Libertadora del Libertador.

  • MUERTE EN MEDIO DEL DESTIERRO

El 17 de diciembre de 1830, el libertador Simón Bolívar fallece. «La muerte del héroe sorprendió a Manuela y su primera reacción fue la de suicidarse haciéndose morder de una víbora, mordedura de la cual se salvó», cuenta la socióloga.

Muerto el Libertador, se completó definitivamente la separación de la Gran Colombia. Manuela siguió defendiendo el proceso, pero en 1834, «le ordenan salir de Bogotá en un plazo de 13 días, a lo cual se niega. Es detenida con sus esclavas y encerrada en la prisión de mujeres», explica Londoño. La heroína fue luego expulsada de Colombia y se va a Jamaica.

Al año siguiente, decide regresar a Ecuador, pero el entonces presidente Vicente Rocafuerte, también la expulsa «y se expresa de ella en los peores términos», de acuerdo al relato de la historiadora. «Algunos de sus amigos se movieron ante el gobierno peruano y Perú aceptó recibirla, pero la confinó en Paita», un pequeño puerto al norte de ese país.

Durante sus últimos años, para sobrevivir, «trabajó haciendo dulces, vendiendo tabaco a los viajeros en una pequeña tienda, sirviendo de intérprete a viajeros ingleses o franceses que llegaban de lejanas tierras», dice Londoño.

Manuela murió el 23 de noviembre de 1856, a causa de una epidemia de difteria que afectó al puerto de Paita. Fue incinerada y arrojada a una fosa común.

«Manuela Sáenz fue una patriota franca y cabal, una luchadora por la constitución de nuestra primera república, una librepensadora que detestaba el fanatismo religioso», subraya Londoño, quien agrega que fue una «mujer autónoma, profundamente dueña de sus actos, leal a sus principios, a sus compromisos, a sus sueños».

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