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MALVINAS, A 40 AÑOS DE LA GUERRA EN EL ATLÁNTICO SUR

Un día como hoy pero de 1982, tropas argentinas desembarcaban en Port Stanley, capital de las Malvinas a la que luego se llamará Puerto Argentino, y desalojaban a las autoridades británicas de las islas usurpadas por el Reino Unido en 1833. Comenzaba así una guerra en la que murieron 649 argentinos durante los 74 días de conflicto con los británicos.

Este 2 de abril se cumplen 40 años del inicio de la recuperación de las Islas Malvinas por Argentina. La dictadura militar instaurada en 1976 y comandada en ese momento por Leopoldo Fortunato Galtieri ya estaba en decadencia. El 30 de marzo se había realizado la primera huelga general contra el Proceso de Reorganización Nacional y, en ese contexto, los militares decidieron realizar la acción para recuperar las islas, usurpadas por los ingleses desde 1833.

La respuesta británica, que hubiera podido ser la negociación para resolver la dominación colonial sobre este enclave de apenas 12.000 Km2 a 12.700 Km de Londres, fue la guerra. En corto tiempo armaron un convoy que partió de los puertos ingleses para llegar a las Malvinas el Primero de Mayo. En apenas 45 días de combates, las fuerzas argentinas se rindieron ante la superioridad británica, que contó con el apoyo de EEUU y de la OTAN reaprovisionando sus aviones y prestando asistencia logística y de inteligencia.

Los heroicos 649 soldados argentinos muertos en las islas, el criminal hundimiento del Crucero General Belgrano que dejó casi la mitad de las víctimas de toda la guerra, las hazañas de los pilotos de la aviación argentina, son memorias que se mantienen presentes y reavivan la lucha argentina por recuperar la soberanía sobre las Islas.

UN CRIMEN DE GUERRA 

El hundimiento del crucero ARA General Belgrano por parte del submarino nuclear HMS de la Royal Navy alejó toda posibilidad de arribar a un entendimiento para resolver el conflicto por la soberanía de las islas Malvinas. Lo fue ante la intransigencia del gobierno conservador de la primera ministra británica Margaret Thatcher y la cerrazón de los mandos militares argentinos encabezados por el general Leopoldo Fortunato Galtieri.

El domingo 2 de mayo, el crucero Belgrano, que viajaba hacia el continente, fue atacado por el Conqueror, que se convirtió así en el primer submarino de propulsión nuclear en hundir una embarcación.

Tras confirmar con Londres en tres oportunidades la orden, el comandante del sumergible, lanzó a las 16.02 tres torpedos desde una distancia de cinco kilómetros.

Dos proyectiles dieron en el Belgrano y un tercero golpeó el casco del ARA Bouchard, una de las naves que junto al ARA Piedrabuena se encontraban escoltando a esta antigua nave botada en Estados Unidos, que había sobrevivido al ataque japonés sobre la base Pearl Harbor, en 1941 y como parte de las operaciones bélicas durante la Segunda Guerra Mundial.

El ataque al crucero General Belgrano provocó la muerte de 323 tripulantes en medio de la Guerra de Malvinas contra el Reino Unido.

“Estaba haciendo el servicio militar en la jefatura de la Base de Puerto Belgrano y pidieron voluntarios para salir a navegar. Me ofrecí y salimos el 16 de abril y hacía poco que el barco había estado en dique seco donde le habían hecho reparaciones”, recordó en diálogo con Télam Juan Coronel, quien encabeza la Fundación Belgrano que trabaja para ayudar a los veteranos de guerra del Crucero y asistir a los familiares de quienes no pudieron volver.

Tucumano de nacimiento, era un soldado de los denominados “viejos”, que en abril de 1982 estaba próximo a irse de baja, pero llegó el desembarco Argentino en Malvinas y su vida cambió para siempre. “Vi muchas personas quemadas con el petróleo que ardía y son imágenes que no me las voy a olvidar jamás”, dijo Juan Coronel.

“Habíamos vuelto a Ushuaia el 25 de abril, para hacerle unas reparaciones más al barco que había estado haciendo ejercicios de tiro por la costa de Tierra del Fuego y volvimos a salir. Hay una cosa que siempre me llamó la atención, y es que en pleno altamar, escuchamos una emisión de Radio Carve, de Uruguay, que dijo el 30 de abril que nos habían hundido”, repasó.

Juan recuerda el momento del primer impacto, que dio en la parte de los dormitorios y recordó que pese a la conmoción del ataque, la tripulación salió de forma bastante ordenada a la cubierta, pero con el segundo estallido se cortó la electricidad en el buque y todo quedó en penumbras en la nave.

“Vi muchas personas quemadas con el petróleo que ardía y son imágenes que no me las voy a olvidar jamás. Cómo podía, y con el salvavidas puesto fui sacando gente, con mantas y tratando de acomodar las balsas. En un momento, un eslabón de la cadena del ancla dio de lleno en una de las balsas. Cuando el barco se hundió, los que estábamos en las balsas cantamos el Himno Argentino”, evocó Coronel.

Junto con otras 23 personas, Juan estuvo 70 horas en las aguas del Atlántico Sur, boyando en una estructura de goma y plástico hasta ser rescatado cerca de las islas de los Estados por la tripulación del buque Aviso ARA Gurruchaga.

“Después me llevaron a Ushuaia y luego a Puerto Belgrano, donde estuve en el hospital naval y semanas después me dieron la baja. Me quedó una herida muy grande en el alma, en el espíritu”, contó Coronel al recordar ese trágico suceso, en el que murieron 323 argentinos, casi la mitad de todas las bajas que tuvo Argentina en la guerra.

LA HAZAÑA DE LOS PILOTOS ARGENTINOS 

El aviador francés Pierre Clostermann (1921-2006)

Los aviones argentinos lograron superar los ataques de los barcos británicos volando muy cerca del mar. Sin tecnología de punta, dejaron fuera de combate a 15 barcos. Cuándo aún no había finalizado el conflicto del Atlántico Sur, el as de la aviación Pierre Clostermann, comenzó a hacer pública su admiración a la valentía en combate de los pilotos argentinos.

El aviador francés (1921-2006), una verdadera leyenda por su valiente desempeño como piloto durante la Segunda Guerra Mundial -tanto en las fuerzas francesas como inglesas- con más de 600 horas de vuelo en misiones de guerra, 420 salidas y 33 derribos confirmados de aviones nazis. Asimismo es autor de un emocionante libro de memorias sobre sus batallas conocido  en la Argentina como “El gran circo”. Sus hazañas le valieron grandes condecoraciones de Francia y Gran Bretaña.

En 1982, en plena Guerra de las Malvinas e indignado por los comentarios, como él mismo diría “despectivos, estúpidos e incorrectos” de la prensa británica y francesa sobre la Fuerza Aérea Argentina (FAA) y su desempeño en el conflicto armado, comienza a escribir y enviar, mediante la embajada argentina en París, una serie de cartas con elogiosos conceptos sobre la actuación de los pilotos argentinos.

En mayo 1982, dirigida al embajador argentino en París, escribía: “Son muchos los franceses, más de lo que puede creerse, que están de corazón al lado de la Argentina en la prueba que atraviesa. En el conflicto que enfrenta la Argentina con Inglaterra, mis compañeros aviadores argentinos han ganado toda mi admiración. Respeto a muchos de ellos, siento que tengo una responsabilidad moral, pues numerosos son los que eligieron esta carrera un poco a causa de mí y de mi libro. Le agradecería muchísimo, señor Embajador, si pudiera transmitir al Comandante de la Aviación Argentina el mensaje adjunto, destinado a sus pilotos. Por supuesto que el Gobierno argentino podrá hacer uso de él como quiera. Pues siempre he asumido la responsabilidad de lo que escribo”.

El mensaje adjunto dice: “A vosotros, jóvenes argentinos compañeros pilotos de combate quisiera expresaros toda mi admiración. A la electrónica más perfeccionada, a los misiles antiaéreos, a los objetivos más peligrosos que existen, es decir los buques, hiciste frente con éxito. A pesar de las condiciones atmosféricas más terribles que puedan encontrarse en el planeta, con una reserva de apenas pocos minutos de combustible en los tanques de nafta, al límite extremo de vuestros aparatos, habéis partido en medio de la tempestad en vuestros “Mirage”, vuestros “Etendard”, vuestros “A-4”, vuestros “Pucará” con escarapelas azules y blancas. A pesar de los dispositivos de defensa antiaérea y del los SAM de buques de guerra poderosos, alertados con mucha anticipación por los “AWACS” y los satélites norteamericanos, habéis arremetido sin vacilar. Nunca en la historia de las guerras desde 1914, tuvieron aviadores que afrontar una conjunción tan terrorífica de obstáculos mortales, ni aun los de la RAF sobre Londres en 1940 o los de la Luftwaffe en 1945. Vuestro valor ha deslumbrado no sólo al pueblo argentino sino que somos muchos los que en el mundo estamos orgullosos que seáis nuestros hermanos pilotos. A los padres y a las madres, a los hermanos y a las hermanas, a las esposas y a los hijos de los pilotos argentinos que fueron a la muerte con el coraje más fantástico y más asombroso, les digo que ellos honran a la Argentina y al mundo latino. ¡Ay!: la verdad vale únicamente por la sangre derramada y el mundo cree solamente en las causas cuyos testigos se hacen matar por ella“.

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