Literatura

La industria editorial en estado crítico pero con capacidad de acción y resiliencia, según una encuesta

Los datos surgen del estudio «Editoriales argentinas ante la cuarentena: efectos, balances y perspectivas», coordinado por la socióloga Daniela Szpilbarg.


La mayoría de las editoriales registró durante el mes de abril caídas en sus ventas de más del 60% y ante las restricciones por la cuarentena tuvieron que readaptar sus cronogramas de edición y acelerar procesos de digitalización, según una encuesta coordinada por la socióloga Daniela Szpilbarg, quien sostiene que una de las transformaciones que dejará este escenario será «la conversión al canal digital de muchas editoriales, que sin embargo no dejarán de producir en papel porque no es reemplazable».

Los datos surgen del estudio «Editoriales argentinas ante la cuarentena: efectos, balances y perspectivas», que tomó como franja temporal del 30 de abril al 12 de mayo, bajo la coordinación de Szpilbarg, docente y e investigadora de Conicet, autora del libro «Cartografía argentina de la edición mundializada. Modos de hacer y pensar el libro en el siglo XXI», de la editorial Tren en movimiento.

Sobre una muestra de 128 sellos que representan el arco editorial con sus perfiles muy distintos (desde microsellos hasta editoriales con muchos años en el mercado) y localizadas en distintos puntos del país, la socióloga se propuso evaluar el impacto de las restricciones sanitarias, registrar las iniciativas individuales y colectivas frente a la crisis, y recuperar las demandas de políticas públicas para el sector.

Para la socióloga «una información significativa del estudio es verificar el declive de las ventas del sector, que registra en el mes de abril una caída, para el 70% de las editoriales, de más del 60%» y, en segundo lugar, «el bajo grado de desarrollo de los entornos digitales (tiendas digitales y principalmente conversión de libros a epub) con el fin de ser comercializados. Al momento previo de la cuarentena, un 77% de las editoriales no comercializaban ebooks y actualmente solo un 4% dispone de su catálogo en versión electrónica».

El relevamiento, presentado ayer en la Feria del libro en Casa, mostró también otro «conjunto de hallazgos que obedecen a una fuerte historia de asociativismo y cooperación en el sector: el alto grado de organización colectiva que muestran muchas editoriales, en donde el 51% afirma participar en un colectivo de editoriales con el que realizan acciones de difusión, visibilización, distribución», explica Szpilbarg a Télam.

¿Cuál es la gravedad de un campo donde el 90% dice haber tenido una situación «muy desfavorable» durante la cuarentena? ¿Cuál es impacto, por ejemplo, de cambiar el cronograma?

-D.S: Readaptar un cronograma editorial puede implicar decisiones distintas: por un lado, puede significar reducir la cantidad de lanzamientos; por otro, reorientar esos lanzamientos a formato digital para ser comercializados en ebook, e implementar acciones de prensa por medios digitales y redes sociales. Ahora bien: es importante tener en cuenta que las consecuencias de reducir cronogramas editoriales, es decir reducir la producción, implica caída de empleo de personas que participan en el proceso editorial en su conjunto: ilustradores, diseñadores, traductores, maquetadores, correctores, libreros, entre otros.

«La paralización de actividades tomó a las editoriales desprevenidas y con pocos recursos/herramientas», según el informe ¿Cómo leer este indicador?

-D.S: Es extenso enumerar los múltiples factores que subyacen a la falta de desarrollo del mercado del libro electrónico en Argentina, y hay que tener en cuenta que no es característica de este país sino de la región, y no es un proceso de oferta sino de oferta y demanda. En ese marco, que obedece al modo histórico del consumo del libro y a la significación social del libro en papel, el cierre de librerías y suspensión de ferias puso de un día para el otro a las editoriales frente a un panorama impensado e inédito, donde tuvieron que rápidamente «recalcular» sus próximas acciones para sostener los proyectos actuando de manera rápida. Muchos editores y editoras incursionaron en el mundo de la digitalización, que implica no solo digitalizar libros sino emprender vías digitales de comercializar sus libros en papel.

De hecho, casi el 60 % de los sellos afirmó que durante abril emprendió acciones para avanzar en esa digitalización ¿Qué quedará de esta experiencia?

-D.S: Creo que en un futuro la ecuación de libro en papel/libro electrónico se va a modificar, y probablemente eso sea expresión de un cambio cultural en el hábito de acceso, compra y lectura -al menos de ciertos libros- que tuvo su origen en este proceso de aislamiento social; así como en el reacondicionamiento de las prácticas editoriales, que se capacitarán y adecuarán a tener un porcentaje más significativo de sus catálogos a la venta en ebook. Este periodo va a redundar en una capacitación en entornos digitales; habrá diversificación de los canales de venta inaugurando el camino digital, y la pregunta de fondo es pensar ¿qué contenidos las editoriales podrán imaginar para este tipo de producción?.

De todas maneras, la producción en papel continuará y será, por mucho tiempo el modo de producción principal, pero puede haber modificaciones significativas en la medida en que editoras y editores exploren y exploten esas posibilidades, más allá de que, a mediano plazo, las ventas de contenidos digitales puedan reemplazar la merma de ventas del libro físico. No creo que sean procesos lineales ni directamente proporcionales. Incluso en editoriales que tienen un porcentaje considerable del catálogo en epub, este tipo de libros constituye entre un 10 y un 20% de sus ingresos.

¿Qué transformaciones dejará la cuarentena para el sector?

-D.S: Estamos en un momento muy incipiente y día a día vemos modificaciones desde la gestión pública, así como emprendimientos desde grupos editoriales. Las principales transformaciones se darán en el ámbito de la conversión al canal digital de muchas editoriales, que sin embargo no dejarán de producir sus libros en papel porque no es reemplazable. Los «aprendizajes» irán en distintas direcciones: un aprendizaje de prácticas y competencias concretas, de ingreso al mundo del comercio y las distribuidoras de contenido electrónico, y el aprendizaje social o resiliente de haber atravesado este momento y adquirido experiencia, grupos, instancias de agrupación colectiva.

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