Opinión

EE.UU. una amenaza biológica a la seguridad del mundo | Por Ramón Rodríguez Montero

Los estadounidenses desarrollan deliberadamente su programa biológico-militar en el territorio de terceros países.

Desde hace varios años, la Federación de Rusia y la comunidad internacional han advertido sobre las incoherencias entre las declaraciones oficiales de los Estados Unidos de América para garantizar la seguridad biológica y las investigaciones de patógenos peligrosos realizadas por especialistas militares estadounidenses. De acuerdo a lo expresado por el Ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, las actividades biológico-militares de Washington más allá de sus fronteras, suponen una amenaza directa para la salud pública y el medio ambiente. Estados Unidos ha creado una red de laboratorios biológicos en los Estados vecinos de Rusia, donde trabajan con virus peligrosos y desarrollan componentes de armas biológicas, auspiciados por el Departamento de Defensa estadounidense.

Los estadounidenses desarrollan deliberadamente su programa biológico-militar en el territorio de terceros países, porque en primer lugar les resulta mucho más barato para su presupuesto, permite mantener los experimentos peligrosos alejados de las organizaciones internacionales que realizan contraloría a esta área y además, no conlleva riesgos para su reputación debido a que se les facilita ocultar las muertes de sus conejillos de indias.

De igual forma, Rusia afirma que en el territorio de Ucrania operan más de 30 laboratorios de investigación, sanitarios y epidemiológicos, todos bajo la supervisión de la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa de Estados Unidos y cuyo financiamiento se proporciona de diversas formas, incluidas subvenciones del Centro Internacional de Ciencia y Tecnología, organización intergubernamental que no es más que una fachada que utilizan para encubrir sus macabras acciones. Según documentos descubiertos durante la operación militar especial, estas instituciones realizan monitoreos biológicos, seleccionan y transfieren cepas y biomateriales a los Estados Unidos, y también estudian agentes potenciales para armas biológicas específicas de la región habitada por el grupo étnico eslavo; es decir, desarrollan armas que sólo atacarían a lugareños de una localidad específica, pues estarían dirigidos a elementos muy puntuales de características como el ADN, entre otros y como conejillos de indias utilizan a sectores socialmente vulnerables de la población como pacientes de hospitales psiquiátricos y personal militar.

El Pentágono financió la construcción de los denominados “Laboratorios Centrales de Referencia” en Azerbaiyán, Georgia y Kazajistán, allí se almacenan y estudian peligrosos patógenos virales y bacterianos de enfermedades infecciosas, en Tbilisi, por ejemplo, estas tareas las lleva a cabo el Centro de Investigación en Salud Pública desde el año 2011, cabe destacar que este centro lleva el nombre de Richard Lugar ¿casualidad? ¡Vaya usted a saber!, mientras tanto, en muchos países de la CEI y con el apoyo de los Estados Unidos, se están modernizando los laboratorios biológicos además de formar especialistas en este campo. Por eso no es gratuito que sea cada vez haya más noticias en las que vecinos de estos laboratorios son víctimas mortales gracias a la aparición de enfermedades atípicas en la región.

Por su parte, y como era de esperarse, el Gobierno estadounidense se lava las manos y afirma que los laboratorios actúan garantizando la seguridad de Estados Unidos y sus aliados a la vez que rechaza la versión de la posible creación de armas biológicas en estas instituciones. En particular, la radio Voz de América calificó las acusaciones de Rusia como falsas e infundadas, diciendo que todas las actividades estadounidenses se llevan a cabo exclusivamente con fines pacíficos, para reducir los riesgos de amenazas a la bioseguridad y mantener la salud pública.

Paralelamente, la subsecretaria de Estado de los Estados Unidos, Victoria Nuland, en un comunicado emitido en marzo de 2022, confirmó la participación del Pentágono en programas biológicos en Ucrania, expresando preocupación de que el personal militar ruso pudiera establecer control sobre los laboratorios biológicos y obtener acceso a materiales de investigación.

Según representantes de la propia comunidad de epidemiólogos de Ucrania, varias instituciones médicas de esta nación eslava realizaron investigaciones confidenciales bajo la supervisión de expertos militares de los Estados Unidos como parte de un programa conjunto de investigación biológica, todo esto sin informar ni a la administración presidencial ni al Ministerio de Salud. Se cree que los líderes de las organizaciones aceptaron participar con la esperanza de recibir aportes económicos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, así como asistencia técnica del Gobierno yanqui. A propósito de esta situación, los ucranianos criticaron duramente y enviaron una petición al Gobierno exigiendo el cierre de los laboratorios biológicos estadounidenses en el territorio nacional para evitar la aparición de epidemias y un aumento de la morbilidad en el país.

Como era de esperarse, todos los intentos por investigar las actividades del Pentágono fuera de sus fronteras siempre cuentan con cómplices que las bloquean, impidiendo así que se confirme que el Gobierno de los Estados Unidos está metido hasta el cuello en prácticas prohibidas por la legislación internacional, como las actividades biológico-militares de los Estados Unidos y la posible violación de las disposiciones de la Convención sobre la Prohibición de las Armas Biológicas, lo que representa una amenaza casi imposible predecir posibles consecuencias negativas para el mundo.

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