Salud

Día de la Salud en Argentina, ironía del calendario

La realidad presente del Estado como proveedor se encuentra en jaque por sus dificultades presupuestarias, desinversión en el largo plazo y administración cuanto menos deficiente.

Por Omar López Mato y Javier Múgica Nano (*)

Paradójicamente, en el Día de la Salud tenemos que volver a hablar de las enfermedades que, como sociedad, nos privan de ella y las medidas, no siempre acertadas, que se toman para prevenirlas.

Los problemas sanitarios que nos aquejan como sociedad son varios, variados y preocupantes. La realidad presente del Estado como proveedor de salud se encuentra en jaque por sus dificultades presupuestarias, desinversión en el largo plazo y administración cuanto menos deficiente. El sistema se encuentra en un punto de inflexión histórico, y los datos son alarmantes.

En este Día de la Salud, atravesamos una epidemia de dengue, una enfermedad que recientemente se creía casi extinta y ahora nos golpea con una magnitud impensada en medio de una crisis sanitaria. 

¿Crisis? Se preguntarán ¿Acaso aquello no terminó con el COVID? Tristemente, no. Los hospitales públicos no dan abasto, cubriendo las necesidades de, por lo menos, el 50 % de la población, las obras sociales sindicales están cuestionadas por el manejo de sus fondos y las prepagas han aumentado sus cuotas sin mejorar la calidad asistencial y –encima– por debajo de los costos que pagan a sus médicos y prestadores que hoy reciben valores paupérrimos. Es decir, la mezcla explosiva perfecta que evoluciona hacia un cataclismo anunciado.

Si vamos a los temas sanitarios, los datos duros son más que alarmantes y funcionan como un golpe de realidad para aquellos que todavía no reparan en la difícil situación nacional. En las jornadas de CAMEOF en Casa FOA 2023, el doctor Carlos Regazzoni, exdirector del PAMI, nos ilustró sobre algunos de los problemas actuales.

Primero, en Argentina, la principal preocupación no es, como se cree, la desnutrición (¡que la hay! existe, aunque se puede, y debe, combatir) sino la obesidad, producto de una nutrición deficiente, que se acompaña de diabetes, hipertensión, accidentes vasculares e hipercolesterolemia (tres afecciones que traen problemas visuales que pueden conducir a la ceguera).

Para peor, hoy, 7 millones de personas no toman la medicación necesaria para controlar correctamente su diabetes, hipertensión o colesterol, con el consiguiente aumento de mortalidad y morbilidad de dichas afecciones. Sólo el 15 % de los diabéticos recibe la medicación adecuada para controlar su glucemia, razón por la cual la diabetes continúa siendo una de las principales causas de ceguera entre los adultos jóvenes. Ceguera absolutamente evitable…

La mortalidad infantil es por lo menos tres veces mayor que en países del primer mundo.

En oftalmología, la mitad de los pacientes no saben que tienen glaucoma y generalmente se enteran cuando las pérdidas ocasionadas no son recuperables.

Cualquiera de los diez tumores más frecuentes (mama, colon y cuello uterino entre los primeros), en Argentina es tres veces más letal que en los países del primer mundo. Para rematar, solo hacemos la tercera parte de los trasplantes de medula ósea que se hacen en Francia… Y ese no es un tratamiento optativo, el que no lo hace se muere de leucemia o linfoma.

Es cierto, el problema no es solo argentino; el mundo tiene deudas pendientes con la salud, empezando por el sobrepeso, la diabetes, la malaria, el alcoholismo, los trastornos psiquiátricos –la depresión– y también el hambre –aunque por primera vez en la humanidad hay más personas con sobrepeso que con déficit alimentario.

Podríamos seguir dando números, pero lo más grave de todo esto es que los medios para cambiar nuestra realidad existen, y solo requieren de una regulación racional.

Los indignará leer que en este enorme país de contrastes se invierte un 9.5 % de nuestro PBI (2023) en salud, número semejante al de países del primer mundo (Finlandia lo hace con el 10,2 % y Suecia el 10,7 %). Es más, tenemos una cantidad de médicos per cápita de entre las más altas (41 médicos cada 10 mil habitantes); aunque distribuidos en forma dispareja (72 % en CABA, provincia de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe). Argentina cuenta con una de las mejores facultades de medicina de América del Sur, Pero no tenemos ni un centro de excelencia de entre los diez distinguidos de América Latina (la enorme mayoría son brasileros).

Está claro que el gran problema argentino no es otro que el de la administración de los recursos. La plata no llega en tiempo y forma a los prestadores porque se gasta en burocracia, estructuras suntuarias, edificios innecesarios y, por qué no decirlo, en desvíos suntuosos, de discutible efectividad y destinos sospechosos. No es una genialidad propia decir que se deben reducir la burocracia y la duplicación de tareas administrativas. Por suerte, los primeros pasos en ese sentido se están comenzando a dar, aunque la tarea sea ciclópea.

De todas formas, si bien la desregularización de los mecanismos es necesaria para aumentar su eficiencia, por sí misma no es suficiente. Ya lo dijo el doctor Gostin (abogado y sanitarista estadounidense conocido por ser el padre del estudio del derecho a la salud) un cuerpo normativo fundado en evidencia cierta, que tenga la equidad como eje de cobertura e involucre a todos los actores del sistema en el esfuerzo de mejorar su gobernanza, es determinante para mejorar la salud de la población. 

Nuestro fracaso presente nos debe servir para comprender de una vez y para siempre que la organización de un esquema sanitario no tiene por qué estar cubierto de procesos innecesarios o intermediarios redundantes, es hoy la oportunidad de repensar el sistema; sin olvidar que el opuesto total de una medida que nos llevó al fracaso no nos llevará necesariamente al éxito.

Por eso y mucho más que escapa a este breve llamado de atención es que, en este día de Salud, instamos a los lectores a reflexionar sobre el precario equilibrio que existe tanto entre la salud y la enfermedad, como entre los recursos para tratar esas enfermedades y los intereses que juegan en el medio. Un sistema más justo y mejor financiado en nuestra Argentina no solo es posible, sino que urge.

No se acuerden de su salud únicamente cuando esta falle.

La salud es un tema de todos los días, empezando desde hoy.

(*) Médicos de la Cámara de Medicina Oftalmológica
 

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